Mohamed Abrighach*
En anteriores ocasiones hablé con cierto detalle y en óptica crítica, a veces muy acerba, del Instituto de Estudios Hispano-Lusos (IEHL). Retomo las observaciones emitidas en aquel entonces para realizar ahora y desde mi atalaya de hispanista otra actualizada lectura, ampliando datos y juicios, matizando otros y corrigiendo los demás. Una apreciación que, aunque personalmente subjetiva, aspira a ser más objetiva y constructiva. No es para nada un ajuste de cuentas intelectual, ni una suerte de revanchismo individual. Solo y exclusivamente hago uso de un derecho tan inalienable como la emisión libre de mi opinión sobre una institución pública esencialmente universitaria y de investigación. Opinión que es, en última instancia, un ejercicio de autoevaluación crítica del yo, de nosotros mismos y de nuestro hispanismo nacional del que formo y formamos parte todos los supuestamente llamados hispanistas.
El foco de mi atención estará centrado en dos aspectos. Primero, en analizar la actuación del Instituto en las áreas de la cooperación y la celebración de actividades, así como en la creación del conocimiento sobre el objeto esencial de su existencia: el mundo ibérico e iberoamericano en su versión hispana y lusa. Segundo, en reivindicar el Instituto como necesidad para el conocimiento del mundo en cuestión sobre todo después de su imprevista y nada acertada fusión en otro instituto más amplio y general. Tal vez sea muy tarde reivindicar un instituto y su necesidad habiendo desaparecido como tal. Pienso que merece la pena por muchas razones que expondré con detalle al final del presente artículo, aparte de que, que yo sepa, nadie lo ha hecho expresamente hasta el momento.
Algunas palabras previas. Nunca tuve supuesta o directa vinculación con el Instituto de Estudios Hispano-Lusos (IEHL), a excepción de una única ocasión. Nunca participé en los congresos, jornadas o seminarios que organizaba frecuentemente en Rabat. Nunca me invitaron académicamente a participar, sobre todo en temas en que podía aportar. Nunca se me informó de las convocatorias o de la futura celebración de los eventos al que antes me refiero; tampoco se ponía en conocimiento al Departamento del que formaba parte y que se supone que era de Estudios Hispánicos y con profesores hispanistas en su seno. Nunca tuve intención de postularme a la dirección del mismo en las oposiciones que se convocaban oficialmente a estos efectos. Prefería siempre la luz del sur y su tiempo agradable que ambos ofrecían amablemente, a la vida tensa y administrativa, acaso hipócritamente social de la capital. Sin embargo, siempre y frecuentemente me invitaban desde el Instituto a estar, léase a asistir, previo envío por correo electrónico del programa definitivo y bien elaborado de las actividades que se iban a celebrar. Eso último lo aguanté al principio, pero una vez tuve que reaccionar pidiendo expresamente y casi enfadado al remitente, era una mujer, que no me mandase más este tipo de mensajes porque aquello era casi una provocación, considerando la escasa presencia de los hispanistas locales en las actividades a las que hacía difusión y publicidad. Esta reacción fue motivo de disolución de los pocos vínculos amistosos que tenía con la institución. La directora de turno se tomó como algo personal, tal vez como una injuria, mi modesta opinión crítica y reactiva, y evitó saludarme en la recepción de sus majestades, el rey y la reina de España, a los hispanistas marroquíes en 2019 con ocasión de su visita oficial a Marruecos.
Es de reconocer que el IEHL me publicó dos libros: Superando orillas. Lectura intercultural de la narrativa de Concha López Sarasúa (2009) y Ensayo de bibliografía universitaria publicada en español en Marruecos (2011), pero solo como mediador académico, léase como secretaria, que pilotaba el Programa de Apoyo al Hispanismo Universitario Marroquí, financiado en su totalidad por el Ministerio de Cultura español. Toda la labor, desde la maquetación y la concepción artística de la portada hasta la distribución, corrió a cargo exclusivamente del autor, de este modesto servidor. Una labor que la debió asumir el mismo Instituto promoviendo estas obras a través, primero, de su distribución y, después, su presentación editorial. Una dinámica que, según parece, no estaba contemplada por la institución y tampoco por el Ministerio español de la Cultura.
Hay poca información oficial y disponible sobre el IEHL tanto en la página web de la Universidad Mohamed V como en el espacio virtual por lo general. Desconozco si están disponibles o no los archivos del mismo en que vienen más referencias sobre su actuación en materia de actividades, reuniones, grupos de investigación, concursos, convenios internacionales, oposiciones, etc. Son muy importantes para cualquier investigador interesado por evaluar la institución y la evolución de los estudios hispánicos en nuestro país durante su existencia como tal.
De todas las maneras, el IEHL fue creado por Decreto Real, el 17 de junio de 2002. Conformemente al texto de este último, según viene en un folleto oficial que me mandó amablemente, hace semanas, una colega, la vocación principal del Instituto es “la investigación sobre los distintos aspectos de las civilizaciones y culturas de España, Portugal y los países latinoamericanos”, mientras que su labor consiste “en la revalorización del patrimonio histórico y cultural común a Marruecos y al mundo hispano-luso, así como en el estudio de temas prioritarios, de interés común, vinculados con el presente y el futuro”. Su principal misión estriba, sigue detallando el texto del Decreto, siempre en “la promoción de los estudios y las investigaciones pluridisciplinares sobre el mundo hispánico y luso; la formación de investigadores especialistas; el reforzamiento de los lazos de cooperación y de los intercambios culturales y científicos con el mundo hispano-luso; la organización de seminarios, talleres, conferencias y encuentros científicos nacionales e internacionales; la difusión de la cultura y la civilización marroquíes en los países citados; la promoción de la traducción de obras de interés común del árabe al español y al portugués y viceversa; la constitución de un fondo bibliotecario y de una base de datos sobre el mundo hispano-luso; la promoción de la publicación de obras y de investigaciones realizadas en el seno del IEHL o fuera; la cooperación con organismos públicos o privados, nacionales o extranjeros, de enseñanza superior y de investigación con objetivos similares”.
Menuda y trascendente misión se asignó a la institución. Un texto muy claro, tal vez el único de su género, en que un establecimiento universitario expresa con tanta convicción su vocación hispano-lusa en las áreas de la investigación, la docencia, el intercambio y la cooperación.
El Instituto empieza a funcionar oficialmente en 2006 al nombrarse su directora y al ser operativa, tras su inauguración en 2007, su sede oficial, de hermosa arquitectura marroquí-andalusí, ubicada en plena Madinat Al Irfan y en la calle Allal Al Fassi. Su creación constituye un hito significativo en la historia del hispanismo marroquí. Es el primero de su naturaleza en el Marruecos poscolonial, solamente comparable con los anteriores centros de investigación hispano-marroquíes fundados en la época colonial en Tetuán por España. Algo inédito y sin par, si no me equivoco, no solo en el Magreb, sino en todo el mundo árabe y el continente africano; una expresión a su vez de nuestra vanguardia en este ámbito. Su creación hubiera sido imposible sin la labor voluntaria y el decidido empeño de su principal fundadora y primera directora, Oumama Aouad Lahrech, y la incidencia no solo de la reconocida autoridad académica de esta última, sino también de los fuertes y estrechos vínculos que ella tenía entablados con los círculos más cercanos al poder a escala universitaria, cultural y política. Si no fuera por ella, difícilmente tendría el Instituto un moderno edificio como el anteriormente citado.
Durante su existencia de casi dos décadas como instituto dependiente de la Universidad Mohamed V de Rabat, llevó a cabo una diversa acción en varios ámbitos de su actuación. Este no es el espacio para hacer un balance general y detallado porque lo hice con más detalle: en mis dos libros, Del Rif a Madrid. Crónica sarracina de un hispanista marroquí (2019) y Edición y libro español en Marruecos (2023), y en dos artículos, uno aparecido en la revista mexicana Metapolítica (2020) y otro en forma de breve semblanza en la famosa Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (2024). Remito a los lectores interesados a ellos si quieren más y amplia información al respecto. Por eso, me contentaré en el presente artículo con empezar, en primer lugar, con algunas observaciones indicando los principales aciertos y desaciertos de la institución, sus aportaciones y deficiencias, sus éxitos y fracasos, siempre en virtud de la información que tengo al respecto, y terminar, en segundo lugar, con argumentar la reivindicación del mismo IEHL, según reza el título, por el motivo de su desaparición y su correspondiente fusión en 2021 por Decreto Real en otro más amplio llamado Instituto Universitario de Estudios Africanos, Euro-Mediterráneos e Iberoamericanos, con sede en Rabat y dependiendo de la Universidad de la misma capital.
El IEHL tiene el mérito de iniciar los estudios lusos en nuestro país, promocionó por primera vez y en colaboración con el Instituto Camões y la Facultad de Letras, la lengua y la cultura portuguesa en la Universidad Mohamed V, lo cual desembocó finalmente en la creación de una carrera de estudios portugueses en la anterior Facultad que, según comentario de un licenciado en esta especialidad, tiene más alumnos que el Departamento de Estudios Hispánicos. En el marco de similar dinámica de vanguardia, colaboró con instituciones y universidades lusas en la celebración de actividades y la firma de convenios, por lo que recibió la Medalla de Mérito Cultural por parte del Instituto Luso-Árabe para la Cooperación en reconocimiento a su contribución al acercamiento entre Marruecos y Portugal.
El Instituto actuó también como contrapunto positivo y complementario de los Departamentos de Estudios Hispánicos de nuestras universidades porque tenía vocación pluridisciplinar y estaba abierto a otras áreas de interés académico no exclusivamente filológico como la historia, la arqueología, la arquitectura, la sociología, etc.
El IEHL llevó a cabo una significativa labor editorial. Publicó un total de más de una cincuentena de libros focalizados, en su totalidad y de modo exclusivo, sobre el mundo ibérico e iberoamericano y sus correspondientes relaciones con Marruecos. Están mayoritariamente en español, y minoritariamente en árabe, francés y portugués. Las obras editadas en este último idioma son las primeras de su naturaleza en la historia de la edición marroquí. Algunas publicaciones son enteramente bilingües y multilingües, otras salieron en concepto de coedición con otras entidades nacionales, españolas e iberoamericanas. Son, en su esencia, actas de coloquios que organizó el Instituto y también obras colectivas coordinadas por uno o varios autores pertenecientes al mismo. Lamentablemente, pocos libros fueron individuales. Hay también traducciones del español al árabe, amén de su única revista académica Al Irfan. Revista de Ciencias Humanas y Sociales de la que se llegó a sacar un total de cinco números. Un espacio bibliográfico, al fin y al cabo, único de su género en el Marruecos actual, solo comparable con la producción editorial de los institutos de investigación del Protectorado, pero con ninguna de las actuales instituciones, sean universitarias o no.
En cooperación académica con el mundo ibérico e iberoamericano no tengo suficiente información como para hacer una valoración por muy aproximativa que sea. Sin embargo, en lo que a organización de actividades científicas como congresos, seminarios, jornadas de estudios o conferencias se refiere, me atrevo a emitir dos puntualizaciones: reconocer que los temas propuestos a debate en ellas son interesantes y de gran relevancia (relaciones hispano-marroquíes, presencia de españoles en Marruecos, relaciones América Latina y Mundo Árabe, moriscos, orientalismo, etc.). Sin embargo, hay que resaltar que en ellas prevaleció cierto boato oficial y determinado interés por la autopromoción individual y no la promoción colectiva de los hispanistas locales, uno de los principales fines del instituto. Se nota que la presencia de estos en los eventos era escasa y marginal. La organización se conformaba con una elección selectiva de algunos hispanistas, no se informaba a la comunidad sobre las actividades en cuestión, ni se les invitaba, como es convencional al respecto, a someter sus propuestas académicas. Una especie de un coto vedado del que no pocos de ellos se sentían excluidos. El papel primordial y natural del Instituto era ser una casa de todos, crear sinergias colectivas y promocionar el intercambio científico y el conocimiento nacional sobre el mundo hispano-luso. No lo fue o no lo realizó bien por desventura.
En una información oficial antigua en la página web de la Universidad Mohamed V, se indica que el IEHL tiene una buena biblioteca especializada en el mundo ibérico e iberoamericano. Es muy pequeña y convencional y no constituye un fondo bibliográfico de obligada consulta para interesados o investigadores sobre el mundo en cuestión. Al Instituto le faltó tal vez la voluntad y el presupuesto en este sentido, amén de que era difícil conseguir desde Marruecos los libros en español y portugués editados en el exterior. La realidad es lo que es. La institución no llegó a dotarse de una buena biblioteca especializada con vocación continua de ampliar y mejorar en calidad y cantidad sus fondos. Tampoco creó, según figura en sus fines principales, una base de datos sobre los hispanistas y el mundo hispano-luso, tarea que no era costosa y fácilmente realizable en caso de haber puesto más empeño en ello.
Las deficiencias que hemos señalado de prisa son fácilmente superables y no justifican la desaparición del IEHL como institución independiente y su correspondiente fusión por Real Decreto de 2021 en otro más amplio y supra-universitario llamado Instituto Universitario de Estudios Africanos, Euro-Mediterráneos e Iberoamericanos. No sé qué razones científicas, administrativas y estratégicas en materia de investigación están detrás de esta decisión. Por cierto, nadie que yo sepa, sea hispanista o miembro del mismo establecimiento, protestó o dio muestra de desaprobación crítica o descontento intelectual en su momento. Nuestro hispanismo, como repito siempre sin cesar, es un gremio escaso y apartadizo y no es extraña su indiferencia. Personalmente, pienso que esta fusión es una involución porque la decisión, en general, es poco afortunada, nada pertinente, más que desacertada y contraproducente en términos de política y diplomacia cultural en el exterior que el país necesita en pleno siglo XXI y en plena era de la globalización. Lo es así por varias razones que, a continuación, iré esgrimiendo con la finalidad de reivindicar, léase mejor vindicar, el desaparecido IEHL y la necesidad de su permanencia como organismo científico dependiente de la universidad e incluso autónomo.
Desconozco el organigrama del nuevo instituto, tal vez no existente todavía, pero la fusión de áreas de conocimiento diversas y contradictorias implica, según mi dictamen, cierta sobrecarga académica que, en óptica administrativa, conlleva más burocracia y poca posibilidad en fluidez y facilidad en la actuación en materia de investigación y de celebración de eventos. La academia y el conocimiento científico necesitan la especialización y la precisión. La apertura hacia otras disciplinas es buena y saludable pero siempre y cuando se mantenga la específica especialidad de origen. El nuevo instituto universitario me suena a un totum revolutum, a una especie, disculpas por esta vulgar expresión, de un cajón de sastre académico. Hasta su sigla oficial es difícil de establecer con la acumulación vocálica de las letras iniciales de las palabras que configuran su denominación oficial.
Varias incongruencias contiene el concepto de Estudios Euro-mediterráneos. Es una categoría nueva, por no decir de moda. Llevo décadas investigando la interculturalidad imaginario-literario en el Mare Nostrum, pero nunca me he encontrado con este tipo de área, ni con teorizaciones científicas a su respecto. Espero, de veras, equivocarme. Lo único que hay son solo nombres de asociaciones o de instituciones que tienen esta vocación. En Marruecos, el perfil académico de estos supuestos Estudios Euro-Mediterráneos es aún más nuevo y por eso desconocido. Tampoco tenemos una autoridad desde el punto de vista de la teoría científica y metodológica. No concibo por qué hacer uso de ellos, los Estudios Euro-Mediterráneos, mientras que en nuestro país hay una tradición de igual naturaleza: Estudios Franceses, Estudios Hispánicos, Estudios Italianos, Estudios Portugueses, etc. Todos estos son, en esencia, de naturaleza claramente euro-mediterránea. En puridad, tiendo a pronosticar, pero no con vocación de profeta, que los creadores del nuevo instituto querían nada menos que crear un cajón de sastre académico con la intención de que todo el mundo esté dentro y contento, y desde luego, de que nadie se quejase de su supuesta marginación.
El área de Estudios Iberoamericanos es difícilmente separable de la de Estudios Ibéricos. Ambas están tan dialécticamente vinculadas que es más que difícil entender una sin la otra. Dos ejemplos. Es imposible analizar el español de América en todas sus manifestaciones desconsiderando el hablado en la metrópoli peninsular. Para eso, se creó la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) en que colaboran veintitrés corporaciones de la lengua española de España, América, Filipinas y Guinea Ecuatorial en materia de actualización del DRAE, el Diccionario de la Real Academia Española. El componente andalusí y morisco en el continente latinoamericano procede de la metrópoli, de España y, en menor medida, de Portugal. Estudiar y entender su alcance, proyección y contenido americano sin tomar en cuenta su procedencia eminentemente peninsular es una incoherencia.
Abstracción hecha de la indivisibilidad de Estudios Iberoamericanos y Estudios Ibéricos, estos últimos no se deben diluir en el abigarrado, contradictorio y nada claro campo de los Estudios Euro-Mediterráneos, sino ser un área prioritaria en nuestro país dada nuestra especial, profunda y atávica relación con España y, en menor medida, con Portugal. La vocación euro-mediterránea de Marruecos se ha volcado en grado de excelencia y desde remotos tiempos con la Península y fue tan profundamente decisiva que modeló, para bien y para mal, nuestro ser, nuestras lenguas y nuestra historia, y en definitiva, nuestra identidad. Una interacción de estas características dio lugar a un patrimonio común y compartido que necesita más exploración, profundo estudio y plural análisis. El reconocimiento de la Constitución marroquí de 2011 de que el componente andalusí es una parte esencial de la idiosincrasia plural del país es una confirmación tácita de su vocación hispánica. Hablar español y estudiar la alteridad española en sus diversas manifestaciones sean literarias, arqueológicas, históricas, lingüísticas, antropológicas, etc. es como estudiarnos a nosotros mismo: un espejo en que nos vemos como mismidad.
Los Estudios Ibéricos volcados sobre España y un Instituto de Estudios hispánicos es, en este sentido, no solamente una exigencia, sino una necesidad, aprieto un poco la expresión, ontológica. Lo es porque, según explicamos líneas atrás, lo hispánico ha condicionado nuestro destino y lo seguirá haciendo en el presente y en el futuro, queramos o no, lo reconozcamos o no. La incidencia de la historia y la geografía es imperativa por muy intenso que sea la preferencia social, espiritual y oficial por la francofonía y el mundo arábigo-islámico. Es una realidad que está allí, nos interpela, tan irreversible, tan irrevocable, tan resuelta. Otro factor no tan intrascendente, pero extraño y sorpresivo es el hecho de que ambas partes, ambas orillas, han solido rechazarse y desconocerse unas a otras en virtud de prejuicios arquetípicos de toda índole. Los sondeos de opinión que se han realizado en la última década en Marruecos y España por instituciones oficiales y no gubernamentales, sean de investigación o no, revelan la existencia arraigada de prejuicios mayoritariamente negativos y de que entre los dos pueblos domina mucha ignorancia y falta de conocimiento mutuo. Un desconocimiento que se debe afrontar no solo con la presencia económica y el diálogo diplomático, sino con la difusión de las culturas respectivas y la creación de conocimiento y empatía entre ambas sociedades. Esta última tarea es de largo alcance y se realiza exclusivamente desde la escuela, la sociedad civil, los medios de comunicación, la universidad y los centros de investigación.
Desde el punto de vista de la diplomacia cultural que está de moda e invocada constantemente por el discurso oficial, la fusión, siempre hablando del nuevo instituto, va en contra de la política exterior del reino. Un índice de falta de colaboración sectorial a escala del gobierno de la nación y de disociación entre investigación universitaria y acción diplomática. La proyección africana que tiene el país desde hace decenios y con cada vez más implantación económica, financiera, incluso espiritual en el continente africano se debe acompañar desde la universidad y la investigación científica fortaleciendo el Instituto de Estudios Africanos y no degradando su categoría a simple componente del nuevo instituto. Lo mismo pasa con El Instituto de Estudios Hispano-Lusos. Este se debería haber mantenido inyectando más presupuesto en sus arcas para que estuviera a la altura de una diplomacia cultural eficiente con el mundo hispano-luso, sobre todo que desde principios de este segundo milenio el país perseveró mucho en estar presente en Iberoamérica con la implantación de más embajadas, la creación de un centro cultural en la ciudad chilena de Coquimbo y la participación como observador o miembro en varias instituciones parlamentarias o políticas regionales. Sobre España no hace falta volver a insistir porque es cuestión inevitable y necesaria.
Por las razones anteriores, y por otras más que no permite el espacio de este artículo exponer, es necesario reivindicar la permanencia del Instituto de Estudios Hispano-Lusos y resaltar que su fusión en el Instituto Universitario de Estudios Africanos, Euro-Mediterráneos e Iberoamericanos es una involución en la diplomacia cultural y académica nacional con respecto al mundo ibérico e iberoamericano. Me da la impresión de que soy el único que está dando palos de ciego a este propósito y espero que nuestro hispanismo y los pocos lusistas existentes puedan también pronunciarse y abogar a favor de esta reivindicación. Debo recordar que hubo un proyecto de centro de investigación de igual naturaleza, pero fracasó y no se llevó a cabo. Es el Centro de Estudios Hispanoamericanos que se iba a fundar en Tánger según se acordó en la última cumbre Mundo Árabe-América Latina. Es curiosa esta historia de continuo fracaso e involución que afecta en nuestro país a los centros de estudios de orden hispánico.
Termino con una ilusión: espero que la denominación Instituto de Estudios Hispano-Lusos, que todavía se mantiene en lo alto de la fachada del hermoso edificio de la calle Allal Al Fassi de Madinat al Irfane, siga estando allí, y que la fusión, todavía no visible realmente, transcurridos ya casi tres años, sea irrealizable y, por eso, un mero sueño o error.
*Académico, hispanista y escritor.









