Houria Boutayeb*
Una de las principales prioridades del Reino de Marruecos a nivel político y diplomático es el expediente del Sáhara. Durante medio siglo, esta región ha sido objeto de intensos debates, conflictos, enfrentamientos, conversaciones y negociaciones a nivel nacional e internacional. Este dossier espinoso permaneció estancado, durante décadas, en las salas de las Naciones Unidas y los gobiernos de casi todos los países, en algún momento dado, tuvieron que incluir este asunto en sus agendas.
Marruecos, en su legítima reclamación, defendió sus derechos sobre unas tierras suyas que, por las circunstancias del protectorado y otros factores ajenos a su voluntad, se convirtieron en un terreno de confrontación entre vecinos, aliados, amigos y enemigos.
Hoy en día, el Sáhara sigue siendo un tema de actualidad, una cuestión de integridad territorial cuyo momento álgido se produjo en 1975 con la Marcha Verde, cuando España entregó el Sáhara a su legítimo dueño, Marruecos; cuando el difunto Rey Hassan II, con su sabiduría y visión estratégica, decidió organizar la Marcha Verde; una marcha pacífica de 350 mil personas marroquíes, hombres y mujeres, de todas las edades y partes del Reino, armados tan solo con el Corán y las banderas del Reino, que llegaron a pisar el suelo de unas tierras que siempre fueran nuestras.
Aunque la historia de la ocupación cerró un capítulo, abrió otro más complejo, plagado de tensiones en varios frentes con un sinfín de desafíos y conflictos que aún resuenan en el presente.
Para comprender mejor este expediente es de vital importancia retroceder en la historia y escuchar todas las versiones para hacer un juicio razonable y lógico. Antes de la imposición de los protectorados francés y español en 1912, el Reino de Marruecos era un país independiente y unido, de norte a sur; y el Sáhara formaba parte de su soberanía. Entre los sultanes de Marruecos y las tribus que habitaban el Sáhara existía una relación de pleitesía y lealtad. ¿Qué significa esto?
Entre los sultanes de Marruecos y las tribus del Sáhara había una relación de subordinación y dependencia. Las tribus del Sáhara reconocían la autoridad del sultán como líder supremo en cuestiones políticas, militares, económicas, sociales y religiosas. Este vínculo de pleitesía y lealtad significa que las tribus estaban sometidas al Poder de los sultanes del Reino y que formaban parte del pueblo marroquí. Prueba de esta relación secular son los decretos que siguen vigentes hasta hoy en día. Decretos que enviaban los sultanes a los jeques de las tribus designando a sus representantes en la región y nombrando a autoridades, militares y líderes religiosos, reafirmando el control y la soberanía de los sultanes sobre todo el territorio del Sáhara.
Este vínculo de pleitesía se ha mantenido durante siglos y con todas las dinastías que gobernaron el Reino de Marruecos. Con pleno derecho, podemos afirmar que el Sáhara ha sido, es y será siempre una parte indisoluble de Marruecos, un Reino cuyo poder se extendió mucho más allá de sus fronteras, abarcando vastos territorios que hoy corresponden a lo que son Argelia, Mauritania, Níger y Malí.
Argumentos no faltan y hay documentos que corroboran la plena soberanía que ejercía Marruecos sobre las regiones del sur. Nos referimos a pruebas históricas, geográficas y jurídicas. La memoria histórica es infalible, a pesar de las falsas informaciones que circulaban y la difusión de versiones erróneas destinadas a desmentir la realidad y ocultar lo que era innegable.
Decían que el Sáhara era una tierra huérfana de dueño, un gran desierto desprovisto de historia e identidad. Pero esta afirmación resulta insostenible al observar los documentos y decretos que a lo largo de los siglos han vinculado a los sultanes del Reino y los jeques del Sáhara. Estos tratados son testigos de una relación ancestral que ha superado las tempestades y se ha consolidado con el paso del tiempo, reafirmado el fuerte apego entre el Trono y la población del Sáhara.
También se alegó que los separatistas del Frente Polisario eran los legítimos propietarios de esas tierras. Pero esta tesis es totalmente falsa e incoherente, dado que el Polisario no nació hasta los años 70, precisamente en 1973, mientras que la historia del Sáhara se remonta a varios siglos de existencia; sabiendo que el Polisario, en su primera versión, nació para luchar contra la presencia colonial española en el Sáhara y no contra Marruecos del cual los fundadores formaban parte.
Durante cinco décadas, Marruecos ha librado una incansable batalla con miras a recuperar su Sáhara, llevando en sus manos un expediente que relata una historia y defiende una causa legítima. Con determinación y firmeza, ha recorrido tanto tierras cercanas como lejanas, luchando por un derecho irrenunciable. Cada paso, cada encuentro y cada negociación ha sido un testimonio de su inagotable búsqueda por la justicia y por el reconocimiento de un vínculo profundo e irrenunciable con esas tierras que siempre han sido suyas.
En medio de aquella hostil contienda, con llamas de conflicto ardiendo en diversos frentes, Marruecos luchaba con una mano mientras, con la otra, levantaba un desierto carente de infraestructuras y sin las mínimas condiciones para una vida digna. Sin embargo, lo que en su momento parecía un territorio olvidado, hoy se ha transformado en una región que no tiene nada que envidiar al resto del Reino.
Lo que antes era un desierto, ahora es un área vibrante, dotada de modernas infraestructuras: puertos, aeropuertos, autopistas, universidades, hospitales y una vasta red de establecimientos que satisfacen tanto las necesidades cotidianas como las exigencias de una población en constante crecimiento; una población que ansiaba reunirse con sus hijos y familiares, separados y confinados por el Frente Polisario en los campamentos de Tinduf, en una flagrante violación de los derechos humanos.
Tender la mano al enemigo no ha logrado, hasta la fecha, unificar lo que la historia y la geografía unían de forma natural. Para salir del atolladero, era necesario encontrar una solución viable, justa y realista, que tuviera en cuenta las preocupaciones y los intereses de todas las partes involucradas en este complejo conflicto regional. La única vía para restaurar el equilibrio y la estabilidad era la propuesta de autonomía para las provincias del sur del Reino, presentada por Su Majestad el Rey Mohamed VI en 2007, un planteamiento que ofrece un horizonte de esperanza y una salida pragmática al diferendo.
La historia del Sáhara marroquí es un relato fascinante, lleno de luchas, resiliencia, esperanzas, sueños y momentos que han marcado el rumbo de toda una nación. Pero esta narrativa es solo el comienzo, aún queda mucho por contar. Así que les invito a acompañarme en el próximo episodio, para seguir explorando juntos este expediente que es, al fin y al cabo, la historia de nuestra nación, de cada uno de nosotros y de todos los marroquíes.
*Doctora, periodista e hispanista.









