20 junio 2026 / 02:39

La Casa del Periodismo

Mackay, exministro peruano, a Mares30: Un acto extraordinariamente positivo y efectivo sería que el Perú pudiera abrir un consulado en el Sahara marroquí (2/2)

mares30 - enero 23, 2025

Entrevistado por Toufiq Slimani

La penetración de Marruecos en América Latina, las nuevas posturas favorables a la tesis marroquí, la investidura de Donald Trump, presidente de EEUU, y las grandes transformaciones y turbulencias, tanto a nivel regional como internacional, exigen un análisis especial.

 

Para entender y analizar esos dossiers, hemos decidido entrevistar a Miguel Ángel Rodríguez Mackay, internacionalista y exministro del Perú, sobre las relaciones bilaterales entre Marruecos y América Latina, por una parte, y con el Perú, por otra.

En esta segunda parte de la entrevista concedida por Mackay a Mares30, abordamos el estado actual de las relaciones entre Marruecos y Perú, la presencia marroquí en Latinoamérica y el secreto del éxito de la diplomacia marroquí, entre otros temas.

 

Mackay es una de las mentes brillantes y pensantes de América Latina. Fue ministro de Exteriores del Perú en 2022 en el Ejecutivo del expresidente Pedro Castillo. Su primera decisión como ministro fue la de romper con el Polisario y recuperar la armonía diplomática con Marruecos. Vamos a poner el conflicto del Sáhara bajo la lupa de un experimentado analista y un hombre de Estado comprometido con el derecho internacional, la soberanía y la integridad territorial de los países.

 

¿Cómo evalúa el estado actual de las relaciones entre Perú y Marruecos? 

 

Le diría que han mejorado mirando el exabrupto cometido por el gobierno del expresidente Pedro Castillo, que optó por la reactivación de la relación bilateral con la autoproclamada República Árabe Saharaui Democrática – RASD, a la que fue inducido por sectores de izquierda en mi país, facilitados por la postura genuflexa de cancilleres que solo pensaban en conservar el fajín ministerial tirando al suelo sus principios y convicciones jurídico-políticas. Precisamente cuando yo fuera ministro de Relaciones Exteriores, el gobierno corrigió y decidimos romper definitivamente con la RASD, pero Castillo, muy mal aconsejado, retrocedió, originando mi inmediata renuncia. Quisiera recordar que de los 78 ministros que tuvo el expresidente, Pedro Castillo, solo uno renunció y de manera irrevocable, ese fui yo. 

 

A su caída, en diciembre de 2022, y una vez constituido el actual gobierno de la presidenta, Dina Boluarte, felizmente se decidió suspender toda vinculación con la referida RASD, por esa razón las relaciones con Marruecos han mejorado, pero todavía no están en el nivel esperado en el que, humildemente, la dejamos. Lo estarán cuando de la suspensión se decida el rompimiento definitivo, pues ese es el techo que dejé cuando fuera jefe de la diplomacia de mi país.   

 

¿Podemos ver este año un apoyo claro del Gobierno peruano al Plan de Autonomía para el Sahara siguiendo los pasos de las grandes potencias mundiales y de varios países latinoamericanos? 

 

Tengo la esperanza de que sí. Soy un hombre de fe y aunque es pública mi crítica al gobierno actual, soy por definición un hombre de Estado y muy institucional y por eso le digo que, a pesar de que la presidenta Boluarte cuente con una aprobación muy baja en mi país, que la tenga no es incompatible con sus actuaciones y decisiones de Estado y por eso creo que su gobierno debería pisar el acelerador y avanzar con Marruecos estrechando las vinculaciones. Un acto extraordinariamente positivo y efectivo sería que el Perú pudiera abrir un consulado en la ciudad de Dajla, en pleno Sáhara marroquí, tal como han hecho muchos otros Estados de la comunidad internacional. 

 

Será un acto de reconocimiento de iure de la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara, pero también será una visionaria actitud del gobierno del Perú, que será ampliamente valorada, mirando nuestros intereses nacionales en África y en el Atlántico, pues será una inmejorable posibilidad para vincular el megapuerto de Chancay, que acaba de arrancar, con los mega puertos marroquíes de Tánger y Dajla, este último en franco proceso de construcción, y que he podido visitar. Debemos ser prospectivos en nuestra mirada geopolítica. No todo es el Pacífico. El mundo da vueltas y la geopolítica es cíclica, es decir, nada es estático en las relaciones internacionales. 

 

¿Por qué Marruecos y Perú no lograron mantener unas relaciones comerciales y económicas a la altura de las relaciones políticas, diplomáticas y parlamentarias? 

 

Le agradezco su pregunta y le responderé diciéndole lo que expuse ante la Honorable Academia del Reino de Marruecos, en oportunidad de su 45° edición, en abril de 2018, que fuera titulada “América Latina como horizonte de reflexión”, es decir, que a América Latina, le sigue costando mirar hacia el Atlántico, y por tanto, hacia el continente africano. Ese es un error de los países de esta región, y desde luego del Perú. 

 

Seamos realistas. A las clases políticas les cuesta invertir en que los pueblos miren hacia el África. Hay un asunto cultural que debe cambiar y yo diría mejor, que debe corregirse pues gran parte de lo que conocemos de Marruecos y del mundo árabe nos ha llegado a través de España. Esto que le digo es tan claro como el agua. 

 

Entonces, esto último debería estar en la currícula escolar, así una vez adultos la mirada de nuestros pueblos hacia el África y hacia Marruecos será diferente; además, se lo ve como lejano y no creo que por el Atlántico, que podría ser lo mismo que el Pacífico, sino porque creemos que luego de los Andes y de la inmensa selva amazónica ya no hay nada o hay muy poco y hasta se lo ve costoso cualquier proceso hacia esa dirección en el mundo. 

 

Creo que falta estrategia para mirar con profundidad económica y comercial hacia el África y nuestros empresarios deben tener más confianza, más aún en estos tiempos en que vivimos en el planeta de la interdependencia y sin fronteras. 

 

Marruecos sigue extendiendo su influencia en América Latina. ¿Cuál es el secreto de esta exitosa penetración de la diplomacia oficial y parlamentaria en América Latina? 

 

Creo que es el trabajo muy profesional y efectivo de su diplomacia. Marruecos sabe hacer amigos y esa es una virtud de Estado que hay que relievar siempre. Le es más fácil hacer amigos porque sus actores actúan hablando y difundiendo la verdad. La verdad siempre contará con las puertas abiertas por donde vaya y esa ha sido la carta de presentación del Reino. 

 

Marruecos sabe invertir en que los ciudadanos de otras partes del mundo conozcan el país. Es la mejor manera de que los políticos se formen una idea cabal del país, su cultura, sus causas, etc. 

 

Quisiera recordar el viaje que realizó el rey Mohamed VI al Perú en 2004. Lo recuerdo como si fuera ayer, pues en esa época laboraba en el Ministerio de Relaciones Exteriores y hubo mucha expectativa por su venida al país y los internacionalistas seguíamos con mucha atención la visita de Estado que realizó el monarca de Marruecos.

 

Creo que fue un punto de inflexión muy importante para el estrechamiento político y diplomático entre el Perú y Marruecos. La presidenta Boluarte debería dar el paso que le he referido en algún momento de esta entrevista, es decir, decidir la apertura de un consulado peruano en Dajla, y viajar a Marruecos en la oportunidad de su inauguración, con lo cual pondrá a la relación bilateral en el más alto lugar que antes contaba. 

 

Es sabido que las líneas generales de la diplomacia marroquí las subraya su Majestad el Rey Mohamed VI quien insiste en la importancia estratégica de mantener unas buenas relaciones con los latinoamericanos. Pero se necesita también tener un buen jefe de la diplomacia. ¿Cómo ex ministro de Exteriores, como ve el trabajo realizado desde 2016 por el ministro de Exteriores marroquí Nasser Bourita y su aportación a las relaciones entre Marruecos y América Latina? 

 

En verdad debo decirle que Marruecos tiene un ministro de Asuntos de Exteriores de lujo. Está en todas. Todo el tiempo haciendo diplomacia y vinculando a su país con el mundo entero cumpliendo a cabalidad las instrucciones de Su Majestad, Mohamed VI, y eso es realmente para el aplauso. 

 

Cuando fui canciller de mi país, hablamos telefónicamente una vez que el Gobierno del Perú tomó la decisión de Estado de romper definitivamente con la RASD. Lo percibí muy decidido en los objetivos del Reino y ahora que nos vimos en oportunidad de mi reciente viaje a Rabat para participar en el retiro de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, cuya presidencia tiene precisamente Marruecos, fue oportunidad para expresarle mi gratitud por su decidido apoyo al Perú para acabar con la severa crisis de los fertilizantes y la urea que nos aquejaba precisamente en los tiempos en que fuera ministro. El expresidente Pedro Castillo me encargó personalmente buscar internacionalmente una solución al problema y Marruecos con su canciller Nasser Bourita y su magnífico embajador, aquí en Lima, Amin Chaoudri, fueron claves para conseguirlo y aquí también permítame referir al antecesor de Chaoudri, el embajador Youssef Balla. Todos actuando en equipo en el marco de una política exterior de Estado y eso es admirable. Lo que siguió ya es historia conocida. 

 

Bourita tiene liderazgo y cuenta con un cuerpo diplomático con el que todo el tiempo están cerrando acuerdo, creando alianzas, abriendo puertas y tendiendo puentes. Mi reconocimiento al canciller de Marruecos, entonces.

 

Ahora toca hablar del Perú. ¿Podría hacernos un diagnóstico de la vida política actual en su país hoy?

 

Permítame ser breve en esta ocasión porque no siendo el mejor momento de mi país, para ningún peruano, y menos para un excanciller, será cómodo hablar de su patria en momentos tan críticos como los que vive el Perú. Siento que políticamente hemos retrocedido o nos hemos estancado, si prefiere. 6 presidentes en 7 años no es una estadística política para sentirse orgulloso. Es una paradoja que, teniendo un buen camino hacia crecimiento económico, y cuido en no decir hacia el desarrollo porque eso no está pasando, las pugnas políticas ganen espacios y se apoderen de la agenda nacional de los peruanos. 

 

Soy un académico que entró y salió de la política con la frente en alto y la felicidad de haber servido a mi país, y que dice las cosas de frente. Soy un teórico e investigador que sabe apostar por el pragmatismo cuando se requiere y el Perú hoy lo necesita. Vivo y pienso todo el tiempo como hombre de Estado y guardo la esperanza de que el Perú sea gobernado por un estadista, con carácter, que no tenga miedo de tomar decisiones y que no tenga prejuicios. 

 

Hemos llegado al bicentenario de nuestra vida republicana y seguimos siendo un país subdesarrollado. Eso no es justo. Hay que efectuar una reingeniería en nuestra mirada nacional y hay que proyectar al Perú con prospectiva de Estado, con un solo libreto nacional, tal como lo tiene Marruecos, y para eso debemos invertir en educación de verdad y profunda, de lo contrario, seguiremos echando en saco roto. Como decía Jorge Basadre, el mayor historiador de la República, de mi país, el Perú es más grande que sus problemas, y por eso tengo fe que todo pueda cambiar. 

 

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