Sara Bouchtarouif
Sin azúcar. Una mujer occidental en Marruecos de Mireia Estrada es una obra que despliega, con la suavidad de una brisa desértica, la compleja danza entre el Yo y el Otro. La autora nos invita a explorar, a través de las fisuras del corazón, una experiencia profundamente humana y visceral, donde el encuentro con la cultura marroquí no se reduce a un viaje turístico ni a un catálogo de exotismo, sino que se sumerge en lo cotidiano, en lo simple y, al mismo tiempo, en lo revelador.
Mireia, como mujer y madre, se adentra en la cotidianidad de una familia marroquí de clase media, y lo que surge de este intercambio no es solo una crónica de lo ajeno, sino una mirada introspectiva, cargada de afectos y contradicciones. En las cocinas y salones de ese mundo paralelo, tan cercano y distante a la vez, se forja un relato que resuena con la fragilidad y el autocuestionamiento de quien se enfrenta al Otro, sin pretensiones de invadirlo, sino de comprenderlo, de reconocerse en su reflejo.
El texto no se conforma con ser una mera descripción. A través de sus páginas, Estrada nos regala una reflexión sobre la identidad, sobre los espejos que nos devuelven versiones de nosotros mismos que no siempre podemos reconocer. En ese ir y venir de culturas, en ese vaivén de certezas, lo que se busca es un equilibrio delicado, una «equidistancia» que no se alcanza fácilmente, sino a través del humor, la ironía y una mirada crítica que nunca deja de interrogar. La autora se arriesga, se pierde, se encuentra en la contradicción, y es precisamente esa incertidumbre la que da cuerpo a su obra.
La magia de Sin azúcar radica en su capacidad para transformar lo cotidiano en algo extraordinario. Con el toque de una narrativa que fluye con calma y profundidad, Estrada nos enseña que la verdadera riqueza de la experiencia no reside en los grandes gestos ni en las aventuras grandiosas, sino en esos momentos silenciados, tan humanos, tan sinceros. Y así, como si de una poesía de la cotidianidad se tratase, Sin azúcar se convierte en una meditación sobre lo que significa ser parte de un lugar, de un espacio, sin perderse en el idealismo ni el esnobismo de lo lejano. Porque, como bien nos recuerda la autora, Marruecos es ese lugar que, aunque parece cercano, siempre nos sorprende con lo desconocido.
El relato se convierte en una alegoría de la mirada: ¿cómo mirar al Otro sin prejuicios? ¿Cómo vernos a nosotros mismos a través de sus ojos? En el tránsito de esas preguntas y respuestas, la autora, como una artista que desdibuja los límites entre lo que se ve y lo que se siente, nos ofrece una obra sincera y profunda que explora la complejidad de los vínculos, la cultura, la identidad y, sobre todo, la humanidad compartida que existe, muchas veces silente, en lo más cotidiano.
Con un estilo que roza lo lírico, Mireia Estrada nos lleva de la mano por un recorrido íntimo, pero universal, invitándonos a reflexionar sobre la naturaleza del conocimiento situado, sobre lo que aprendemos del otro a través de la mirada, el gesto y la vida compartida. Sin azúcar es un canto a lo imperfecto, a lo vivido con el alma desnuda, a lo que se descubre cuando se tiene la valentía de abrirse sin reservas.









