Domingo 23 de junio, el almuecín me despierta con la llamada a la oración. No tardo en levantarme. Busco eldesayuno. Me lo pone Ilham con su amabilidad habitual. Ella misma me sirve el primer vaso de té. El sonido del técayendo rompe el silencio en el patio del Dar. Todos duermen, yo disfruto ese instante. La primera luz del día se posa sobre la mesa para que se me haga la boca agua viendo el msammen, la miel y el queso. Terminado el ritual, y con todo el desayuno en la mesa, espero unos segundos antes del primer sorbo de té, como queriendoparar el tiempo en ese rincón de la Medina de Rabat que me traslada a otra época.
Durante el desayuno miro la programación del Mawazine2024 en el escenario Bouregreg. Esta noche promete: Yamê y Luidji, jóvenes franceses de origen senegalés y haitiano, respectivamente, que nunca he escuchado. Estoydeseando verlos en directo.
Salgo temprano a la calle, casi todos los comercios y puestos de comida están cerrados. En un par de horas ese mismo lugar será un bullir de gentes comprando, vendiendo, paseando… Subo a la Kasbah des Ouadayas. Desde su mirador disfruto con la panorámica única de la playa de Rabat a mi izquierda, la de Salé a mi derecha y el río Bouregreg en medio, con la imponente Torre Mohammed VI en el horizonte.
Despierto y activado me vuelvo a la Medina pero esta vez la recorro por fuera, por la muralla. Me doy cuenta de que la planificación urbana de esa antigua ciudad que llena de vida hoy el centro de Rabat, es muy parecida, muralla incluida, a otra que he visto recreada en mapas y fuefundada hace 1199 años por Abderramán II, emir de Córdoba: Medina Mursiya, Murcia, la ciudad donde nací.
Dejo la Medina y me dirijo callejeando a la parte másmoderna. Sin pretenderlo, y para mi sorpresa, me encuentro con una iglesia en la Avenida Soekarno. Son las 11.45 de la mañana y entro. Se está oficiando una misa en español con gran afluencia de fieles. Es la Iglesia de San Francisco de Asís. En los carteles de la entrada se anuncia misa en memoria de San Josemaría Escrivá (fundador del Opus Dei y Santo de la Iglesia Católica) para el 27 de junio a las 19 horas.
No muy lejos de allí me encuentro la Catedral de San Pedro, a la que compruebo que se puede llegar en tranvía, todo un lujo.
Tomo fotos y videos para poner en mis redes sociales y demostrar que en Marruecos se respeta la religión católica, la diversidad religiosa. Es habitual que cuando una comunidad islámica quiere abrir un oratorio en un barrio o ciudad española, los vecinos se opongan con el argumento de que en Marruecos no hay iglesias.
Pues resulta que sí, que en Marruecos hay iglesias, y también sinagogas. Un país donde el islam está tan presente en la vida de las personas demuestra que es capaz de acoger con respeto a quienes rezan a otro Dios.
Marruecos es un país diverso y tolerante. Y cuando digo Marruecos me estoy refiriendo a sus gentes, que fruto de una rica historia, han normalizado el mestizaje.
El domingo terminó de la mejor forma posible. Los conciertos de Yamê y Luidji reunieron a miles de personas en el espectacular escenario junto al río Buregreg, la mayoría jóvenes que coreaban las canciones y bailaban sin parar. Fue otro momento inolvidable. Todo un descubrimiento el Mawazine, un festival que no tiene nada que envidiar a ningún otro en el mundo, ya que es capaz de reunir a artistas y músicas de todos los estilos y orígenes, con un público entregado y en un entorno muy seguro gracias a la presencia policial y al comportamiento de los asistentes. Toda una experiencia vivir un evento de ese nivel sin alcohol y drogas alrededor. ¡Cómo me gustaría ver algo así en España!
Mi enhorabuena al equipo que ha puesto en marcha este medio de comunicación en español, “Mares30”, porque es todo un acierto hacerlo justo cuando las relaciones de Marruecos y España mejoran y lo harán aún más. No sólo porque tenemos un Mundial de Fútbol que organizar conjuntamente en 2030, sino porque debemos aprovechar la enorme potencialidad de dos países tan cercanos y con tanto en común.
La vida en la Medina, la hospitalidad de los marroquíes, el Festival Mawazine, y este nuevo medio llamado Mares30, son solo algunos ejemplos del Marruecos diverso que enamora al extranjero.
Todo mi apoyo a este proyecto que enriquece la oferta periodística en español, y que sin duda servirá para construir un Marruecos aún más rico y diverso.









