Mohamed Abrighach
(Hispanista y escritor)
Debo empezar confesando que no tenía previstas ni pensadas las impresiones que conforman el contenido del presente artículo. Son fruto espontáneo de mi diario y monótono seguimiento de una serie de hechos culturales y políticos que sucedieron durante todo el pasado mes de febrero del corriente año. Muchos de ellos me llevaron por tentación cogitativa e histórica a vincularlos con otros de igual naturaleza, ocurridos en un pasado no muy lejano, en su mayoría relacionados con el español, la presencia cultural de España en el Sáhara e Ifni, y por ende con las complicadas relaciones hispano-marroquíes.
Hace más de una semana, precisamente el martes 25 de febrero, la joven arabista española, Inmaculada Garro Sánchez, profesora de Estudios Árabes en la Universidad de Alicante, anuncia por facebook haber presentado en el colegio La Paz de El Aaiún, actual capital de la región Laâyoune-Sakia El Hamra, dos de sus libros: Voces que atraviesan montañas: historias de vida de la mujer tamazight desde el Atlas marroquí (2024) y Marruecos: Del harem doméstico al espacio público: una segregación de género desde la infancia (2023). En su muro cuelga varias fotos que ilustran, aparte de las modestas y modernas instalaciones del colegio, el único de su índole en toda la zona, la asistencia de un interesante, nutrido y joven auditorio mixto, mayoritariamente femenino, compuesto por sahrauis de la ciudad y rodeado de tres de sus profesoras españolas. Es una noticia sorpresiva que no esperaba por la mera y simple razón de que, según alcanzan mis modestos conocimientos, nunca se organizó semejante actividad en la mencionada institución y ni, por extensión, en toda la zona, sin pretensión de exagerar. Por eso, comenté que la actividad cultural realizada es inédita en el Sahara e Ifni, y que debería ser en perspectiva de futuro una tradición a mantener a toda costa por parte del mismo colegio y de la diplomacia cultural española. La única forma de mantener el español y su cultura en toda la región, que está en vías de extinción y al que, como señalaré en páginas adelante, está dando un golpe letal la iniciada presencia francesa que se va extendiendo a través de muchas instituciones de índole esencialmente cultural y educativa.
La misma arabista completa la anterior presentación, según anuncia dos días después en su mismo muro del espacio azul, con una formación al profesorado en Aprendizaje Cooperativo y Proyectos que se culmina con un Escape Room por la ciudad explorando su historia, entiéndase colonial, a través de la Sección Femenina y las alumnas saharauis que estudiaron en ella. Esta historia local hispánica, no es ocioso mencionarlo, es desconocida también por los propios marroquíes, sean locales o nacionales. Ellos también se merecen igual Escape Room por la historia local de la ciudad y de todo el Sahara.
Estoy muy consciente de la extrema sensibilidad que supone el tema del Sahara tanto en Marruecos como en España. Ambas partes tienen visiones no solo contradictorias, sino diametralmente opuestas. Dos extremos aparentemente irreconciliables, considerando, por un lado, la mayoritaria simpatía social peninsular por la causa del independentismo político de los campamentos de Tindouf, acuciada por un inequívoco sentimiento de culpabilidad histórica, y por otro, el indudable apego nacional marroquí a su causa nacional en grado de excelencia, la pertenencia per se de las tierras del sur a su territorio nacional. Este trasfondo sahariano es vital para el país porque conforma, como dijo con razón el ex diplomático español, Alfonso de la Serna, en su famoso libro: Al sur de Tarifa (2001), histórica, antropológica, espiritual y lingüísticamente su identidad y vocación africana. Vista esta dialéctica, la cultura puede y con creces romper el deshielo, incidir en la realidad y hacer avanzar los hechos hacia adelante y lo mejor porque se alimenta de la memoria común y crea sinergias emocionales que son, por ser sentimentales y humanas, durables en el tiempo. Es lo contrario de la política y la diplomacia que se asientan en el pragmatismo de los intereses inmediatos y de supuestas luchas, reales a veces, e inventadas muchas veces, de dominio geoestratégico.
Abro aquí un paréntesis para resaltar que entiendo el anterior sentimiento de culpabilidad histórica de los españoles con respecto al Sahara, pero me cuesta creer cómo España y los españoles hipotecan su larga historia con Marruecos, un país de 36 millones de habitantes, a favor de una república saharaui fantoche, nada representativa de todos los saharauis, un títere del régimen argelino, y cuyos habitantes/refugiados no superan, redondeando la cifra, ciento mil y pico de personas, el equivalente de una población de un simple barrio como Lavapiés de Madrid. Aprovecho esta digresión para remitir al famoso libro: El problema del Sahara, que publicó Juan Goytisolo en 1979 en el que defiende la tesis marroquí, uno de los pocos, cuando no únicos, en hacerlo a la sazón, subrayando que el referido problema es de creación colonial y está instrumentalizado por Argel en su lucha contra Marruecos por el poder geoestratégico en la zona. Es un libro olvidado y casi desconocido no solo en la Península, sino también en Marruecos donde todavía no se ha traducido. Recomiendo vivamente su lectura y cierro el paréntesis.
La doble actividad anteriormente mencionada de Inma Garro en el colegio La Paz es, según mi modesta opinión, un ejemplo a seguir en el futuro en el ámbito de las relaciones hispano-marroquíes en Ifni y Sáhara desde el punto de vista cultural. La vocación arabista de la profesora le permite tratar con realismo nuestra memoria común creando conocimiento al respecto. Los dos libros que presenta constituyen una lectura en óptica de género de la dura vida de las mujeres del Atlas y también de Marruecos en general, todavía sojuzgadas por el peso de la tradición, pero resistiendo en pro de su liberación y la modernidad. Ambos ensayos fueron publicados, por más señas, por Diwan Mayrit, una joven y comprometida editorial madrileña dirigida por un hispano-marroquí que, desde más de veinte años, se dedica a tender puentes entre las dos orillas creando conocimiento desde España sobre el mundo árabe, el Magreb, África y especialmente Marruecos. El Escape Room por la historia local femenina de la época colonial es otra forma, pienso que original y nunca realizada, de conjugar pasado colonial y presente poscolonial de Laäyoune creando conocimiento sobre la realidad y empatía emocional.
La celebración cultural en cuestión es muy importante porque la cultura es, en suma, siempre meliorativa y altamente positiva. En el contexto de toda la zona, constituye un buen camino para la reconciliación hispano-marroquí con su historia de impronta hispánica. Es, qué duda cabe, un buen cimiento de la identidad local. En tanto que hispanista, espero que, en términos de futuro, este tipo de iniciativas aumente y se vaya acentuando a corto y largo plazo. Es, a mi modesto juicio, otra forma, la mejor, de potenciar el español y la cultura hispánica en la región, de demostrar su interés y utilidad para la autoctonía y asimismo su atractivo en tanto que lengua universal usada por 600 millones de hablantes. Dicho en otras palabras, es otra pista por la que se debe, tal vez se tiene, que transitar, aunque cueste hacerlo, para la reconsideración oficial a escala local del estatus del español.
Es una labor que incumbe en igual medida a ambas partes, España y Marruecos, por razones archiconocidas que vale recordar por enésima vez. El español es la primera lengua europea que empezaron a utilizar los autóctonos desde al menos el siglo XIX, cuando no mucho antes, aunque, que yo sepa, no existen pruebas documentales que lo justifiquen. Sí, están documentados los contactos entre las dos orillas, el Sahara e Ifni, y las Islas Canarias: corsarios moriscos de la zona aterrizando en las costas del archipiélago y correrías de los canarios atacando el litoral africano en defensa de sus intereses comerciales y, particularmente, de su derecho a faenar en la costa africana. Eso último dio como resultado la construcción, se supone que en la actual laguna de Naila de Ajfennir en Tarfaya, en 1478 por Diego García de Herrera de la factoría de Santa Cruz de Mar Pequeña que sería después abandonada y destruida por las cabilas en 1527. Habría que esperar hasta 1884 cuando Emilio Bonelli ocuparía algunos territorios por la costa sahariana, un proceso colonizador expansionista propio del imperialismo occidental de la época, que terminaría con la colonización primero de todo el Sahara, llamado Sahara Español, a partir de 1912, y segundo, de Ifni, en pleno gobierno de la segunda república, por el coronel Osvaldo Capaz en 1934.
Aunque muy presente en el habla local, la hasanía, la larga y prolongada ausencia del español en la zona en el sistema educativo reglado poscolonial es una injusticia que necesita de una reparación. Fue cometida por Marruecos, no sé si adrede políticamente hablando o no, a partir de 1969, tras la retrocesión de Ifni, y de 1975, después de la Marcha Verde y la firma de la Declaración Tripartita de Madrid. El país estaba a la sazón más apremiado en considerar prioridades nacionales como completar la descolonización administrativa, económica y militar, y asentar el poder central, que en enfocar una política lingüística que no tenía en ciernes, ni claramente concebida. Fue duro hasta con su lengua ancestralmente local, el amazigh que hablaba la mayoría social del país.
La marginación del español y la promoción del francés casi a lengua oficial y la correspondiente francofonización de la administración y la enseñanza en esta zona al igual que en el norte fueron traumáticas para la élite hispanófona local y con consecuencias de todo tipo, hasta el momento poco exploradas, ni estudiado su alcance en la comunidad afectada. Fue una política poco racional, ideológica y nada meditada en óptica tanto cultural como política. Aparte de su negativa repercusión en la élite, tuvo una incidencia política grave, dar alas y legitimidad al frente Polisario para hacer alarde ante la comunidad internacional de ser adalid de la hispanofonía en la región al convertir el sustrato hispánico en seña de su identidad política y cultural. El objetivo no era otro que el de ostentar ser una excepción y granjearse la simpatía de la metrópoli, su antiguo colonizador, y también América Latina en que llegó a tener una presencia irrebatible y hasta reconocimiento de no pocos de los países del continente a partir de los ochenta del siglo pasado. Marruecos que estaba en aquellos años en plena época de los años de plomo y con una oposición combativamente fuerte no quería que llegara desde los campamentos de Tindouf la propaganda separatista y anti-régimen que se difundía por la radio en español, a veces con acento sudamericano, cubano por más señas. Eso último es ejemplo de la implicación política de Cuba en plena guerra fría entre Estados Unidos y la ex Unión Soviética. Esta involucración caribeña la analizan detalladamente y con conocimiento de causa, el ex miembro del Polisario, Bachir Edkhil, y el colombiano Sebastián Álvarez Posada, en este libro: Marruecos y América Latina y el Caribe (2022), al que remito al lector por si quiere más detalle e información al respecto. La sociedad civil y política española y por supuesto los mismos gobiernos de España, poco importaba si eran de izquierda o de derecha, apoyaban con todos los medios la llamada República Árabe Saharaui. No podía ser de otra manera, viendo su lengua mantenerse en el desierto y África, después del varapalo de la Marcha Verde y del consecuente abandono, vergonzoso para la opinión pública y nacional, del Sahara.
En las Islas Canarias tampoco es visto con agrado esta situación nada buena del español en la zona con la que el archipiélago tiene una larga historia y vínculos históricos y culturales difícilmente negables. Si bien es ya pasado el independentismo de Antonio Cubillo que defendía la africanía de las islas, el nacionalismo actual canario esencialmente europeísta no deja de reivindicar su cultura atlántica que vincula de modo hibrido con su proyección hispanoamericana y su vocación africana con el actual sur de Marruecos, incluido el Sahara. Por imperativos de la geografía, Canarias fue tierra de otra población amazigh, los guanches, que la conquista española hizo desaparecer, pero de su herencia quedan imborrables huellas que se notan en los grabados rupestres, la toponimia, las costumbres y la arqueología. Otra razón más que impone acercar las dos orillas atlánticas y crear necesarios puentes de colaboración entre ellas. El cabildo y el gobierno autonómico de Canarias, la máxima autoridad local de las islas, fijan como prioridad en sus relaciones exteriores esta vocación africana e intentan estrechar lazos de cooperación con su entorno regional en varios ámbitos. Los resultados son todavía poco considerables, pero están en su inicio y puede que vayan aumentando en el futuro siempre y cuando se haga uso de un realismo pragmático y se tomen muy en cuenta la inevitable historia común que ambas orillas comparten. Como botón de muestra, podemos citar: 1) la cooperación académica y científica entre la Universidad de Agadir y las principales universidades canarias, la de La Laguna (ULL) y la de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC); 2) la conexión aérea con las tres principales ciudades del Sahara, Laayoune, Goulmine y Dakhla, ofrecida por la compañía Binter Canarias; 3) la apertura de una línea marítima Fuenteventura/Tarfaya, que fue suspendida tras el encallamiento del barco que unía los dos destinos, pero se está preparando su reapertura próximamente; 4) la cooperación cultural en la rehabilitación del patrimonio arqueológico local, caso de Naila, supuesta ubicación de la llamada Santa Cruz de Mar Pequeña.









