Khadija Dakni
Mientras buena parte del mundo contiene la respiración ante la nueva oleada de aranceles decretados por Estados Unidos, Marruecos emerge como uno de los potenciales ganadores en medio del desconcierto global. En un contexto donde economías como la Unión Europea, Argelia o Túnez han visto duplicarse o triplicarse los impuestos sobre sus productos exportados a suelo estadounidense, Rabat ha logrado mantener un arancel del 10%, el mínimo fijado por la administración Trump. Una ventaja significativa que puede abrir las puertas a una transformación industrial de gran calado.
Esta diferencia, aparentemente técnica, podría redefinir la posición estratégica de Marruecos en las cadenas globales de suministro. La ubicación geográfica del país, junto con su estabilidad política, capital humano multilingüe y costos competitivos, convierten al Reino en una opción atractiva para empresas internacionales que buscan producir cerca de Europa pero con condiciones favorables para acceder al mercado estadounidense, según el diario español Eleconomista.
Las consecuencias ya comienzan a notarse. Despachos de abogados especializados en comercio internacional han reportado un aumento de consultas por parte de multinacionales que exploran nuevas bases de producción menos expuestas a la presión arancelaria. Como explicaba Paul Amberg, socio del despacho Baker McKenzie en Madrid, “hay empresas que están considerando reestructurar sus operaciones para adaptarse a este nuevo mapa comercial”.
Uno de los sectores que podría beneficiarse a medio plazo es el agroalimentario, especialmente el del aceite de oliva. Aunque la producción marroquí aún está lejos de rivalizar con la española en términos de volumen, Estados Unidos ya es el segundo destino de exportación del aceite marroquí. Si las condiciones actuales se mantienen, el producto nacional podría ganar cuota en el competitivo mercado norteamericano, desplazando parcialmente a competidores europeos penalizados por aranceles más altos.
La prensa española no ha tardado en reaccionar. Algunos medios han expresado preocupación por el posible traslado de industrias del Mediterráneo europeo hacia Marruecos, dada su nueva ventaja competitiva. Esta inquietud ha sido calificada de “alarmista” por el diario Morocco World News, que acusa a ciertos periódicos de exagerar el impacto del fenómeno.
Más allá del debate mediático, la realidad es que Marruecos ha construido a lo largo de los años una sólida relación con Estados Unidos, basada en la cooperación política, la seguridad y los intereses económicos. Desde que fue uno de los primeros países en reconocer la independencia estadounidense en 1777, hasta su designación como aliado principal fuera de la OTAN en 2004, el vínculo bilateral ha resistido el paso del tiempo. Incluso en diciembre de 2020, el expresidente Trump reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara marroquí , reforzando aún más la alianza estratégica.
El auge del nearshoring, impulsado por los cambios en el comercio global, también juega a favor del Reino. Informes como el de SGF Global subrayan que Marruecos “ha sabido posicionarse como una joya oculta de la relocalización industrial”, gracias a su talento joven, su ecosistema digital en expansión y sus incentivos fiscales. Todo ello apunta a un escenario donde el país puede convertirse en una plataforma manufacturera y tecnológica no solo para Europa, sino también para Estados Unidos.
Con una previsión de crecimiento del 3,9% para este año según el FMI, Marruecos está mejor posicionado que muchos de sus vecinos para capitalizar este momento de cambio. La ventaja arancelaria es solo una pieza más del rompecabezas. Lo que se está configurando es una nueva oportunidad histórica para consolidar un modelo económico más sólido, diversificado y orientado al mercado global.









