En un gesto que podría marcar el inicio de una recomposición silenciosa de las relaciones diplomáticas entre Marruecos y Colombia, la nueva ministra de Relaciones Exteriores colombiana, Rosa Villavicencio, posesionó este viernes al embajador Carlos Arturo Forero, quien representará oficialmente a Bogotá en Rabat. El pasado 9 de julio de 2025, en Bogota, Rosa Yolanda Villavicencio tomó posesión como nueva Canciller (e), con la tarea de “continuar consolidando una política exterior colombiana enfocada en la paz, la integración regional y la justicia global”, dijo la canciller colombiana. Casi tres días vino el tema de Marruecos. El tiempo aquí es de sumo interés. La nueva canciller es una gran conocedora de España y ya tiene una idea de Marruecos.
Aunque el nombramiento del embajador fue firmado por el presidente Gustavo Petro en enero de 2025, no fue sino hasta ahora —seis meses después— cuando el diplomático asumió oficialmente su cargo. El contexto y el momento no son menores: Forero, embajador de carrera con más de 30 años de experiencia en el servicio exterior, toma el relevo en una de las plazas más estratégicas para Colombia en el continente africano, luego de un periodo de notoria frialdad diplomática entre ambos países.
Una relación debilitada por el reconocimiento del Polisario
Las relaciones oficiales entre Rabat y Bogotá entraron en una fase de enfriamiento desde agosto de 2022, cuando el gobierno del presidente Petro anunció la reactivación de relaciones diplomáticas con la autoproclamada República Árabe Saharaui Democrática (RASD), congeladas desde 2001. La decisión, calificada de injusta y unilateral por parlamentarios y exdiplomáticos colombianos, fue percibida por Marruecos como una falta de coherencia y respeto a su soberanía nacional sobre el Sáhara.
En contraste, el Parlamento colombiano ha mostrado señales claras en dirección contraria. En abril de este mismo año, el presidente del Senado y del Congreso, Efraín Cepeda, visitó Rabat para reafirmar el apoyo del poder legislativo colombiano a la soberanía de Marruecos sobre su Sáhara, y denunció los vínculos del Polisario con el terrorismo internacional. A su vez, el Senado aprobó mociones instando al gobierno a retirar su reconocimiento a la entidad separatista.
Un giro en la política exterior: ¿señales desde la nueva Cancillería?
La reciente llegada de Rosa Villavicencio a la jefatura de la diplomacia colombiana podría abrir la puerta a una nueva lectura de la política exterior hacia Marruecos. Su decisión de dar posesión oficial a Carlos Forero en la embajada de Rabat, así como el reconocimiento público a su “impecable trayectoria” y a la importancia de la Estrategia África 2022‑2026, no pasan desapercibidos.
Villavicencio subrayó que el nuevo embajador tendrá como misión “fortalecer las relaciones históricas con un continente clave para nuestra política exterior”, en alusión directa a África, y con ello al papel central de Marruecos en el escenario continental.
¿Un reequilibrio en marcha?
La pregunta que flota en los círculos diplomáticos es clara: ¿está Bogotá reequilibrando su posición con Marruecos sin hacer demasiado ruido? Aunque no ha habido una reversión oficial del reconocimiento a la RASD, el momento, el gesto institucional y el perfil del nuevo embajador parecen indicar una intención política de retomar el diálogo y reconstruir la confianza.
El Reino de Marruecos, firme en su defensa de la soberanía sobre el Sáhara y con una diplomacia activa en América Latina, observa con atención. En el tablero internacional actual, los gestos pesan tanto como los discursos. Y este último gesto, discreto pero claro, puede ser el inicio de un nuevo capítulo en la relación entre Rabat y Bogotá.








