Toufiq Slimani
En esta entrevista exclusiva concedida a Mares30, el exministro de Relaciones Exteriores del Perú, Miguel Ángel Rodríguez Mackay, analiza el significado geopolítico y económico de que Marruecos, junto a España y Portugal, sea anfitrión del Mundial de Fútbol 2030. Con una mirada basada en el realismo político, Mackay subraya que el Reino alauí ha alcanzado un nivel de desarrollo y liderazgo incuestionable en los últimos 26 años, lo que le permite compartir escenario con dos potencias europeas en la organización de un evento global sin precedentes para la región y el continente africano.
“El poder de Marruecos habla por sí solo. En otros tiempos, España y Portugal no lo hubieran considerado. (…) Después del Mundial, Marruecos no volverá a ser visto como hasta esa fecha. La percepción masiva en el planeta confirmará que se trata de un hegemón”, afirma el diplomático peruano, destacando hitos del país como el puerto de Tánger Med, el tren de alta velocidad Al Boraq, y la próxima inauguración del Gran Estadio Hassan II en Casablanca, el mayor del mundo con capacidad para 115.000 espectadores.
La respuesta inmediata que me asalta al cabo de los 26 años transcurridos desde que Su Majestad, Mohamed VI, se convirtió en rey de Marruecos, es que se trata de un país poderoso, y no exagero. Digo una calificación superior a la de emergente, que dejó atrás su condición tercermundista de las décadas pasadas, como era la forma de llamar a los países subdesarrollados en África, Asia o deAmérica Latina. Es verdad que a Marruecos desde 1956, en que alcanzó su independencia, sus primeros años de Estado soberano, propiamente dicho, fueron años difíciles, debiendo lidiar contra quienes buscaban quebrar su integridad territorial. Mohamed VI asumió la conducción de su país en un momento que exigía puntos de inflexión para dar paso al crecimiento sostenido que produzca el resultado del desarrollo que hoy ha alcanzado, maximizando la calidad geopolítica del país y llevando adelante grandes procesos de transformación en infraestructura, manufactura, agricultura y máximo empeño en el desarrollo de energías y recursos renovables. Sin el liderazgo de Mohamed VI, la realidad de ser un auténtico hegemón en el continente africano de 54 países, y un Estado relevante en las relaciones internacionales contemporáneas, capaz de forjar alianzas y estrechas vinculaciones con los actores poderosos del sistema internacional, no se hubiera producido nada de lo que cometamos. Todos los marroquíes saben lo que quieren, tienen un solo norte, y esa unidad en la cosmovisión nacional como virtuosidad del reino, solo es posible con el liderazgo que debe reconocerse al rey Mohamed VI, que ha contado para ello, con formidables recursos humanos de los que ha sabido rodearse, entre diplomáticos, políticos, militares, y profesionales y otros ciudadanos, todos completamente comprometidos, forjando una generación de hombres y mujeres de Estado liderados por un verdadero estadista.
2. Marruecos se ha consolidado como un país clave en el Norte de África y toda África, con una diplomacia proactiva y un modelo de estabilidad. Desde su experiencia como excanciller del Perú, ¿qué rasgos del enfoque marroquí considera valiosos para los países latinoamericanos en términos de desarrollo y posicionamiento estratégico?
Mis primeras interacciones con Marruecos, que fueron como académico y luego como canciller del Perú, han sido a través de su diplomacia con la que mantengo una vinculación directa, cálida y estrecha, promovida por mi total identificación con la causa nacional sobre el Sahara Occidental que yo llamo el Sáhara marroquí. Una diplomacia, siempre muy profesional y sobre todo éticamente muy sólida y respetable, todo el tiempo pegado al pacta sunt servanda en sus actos y en su palabra, es decir, al cumplimiento de todos sus compromisos. Esto que le digo ha generado credibilidad, liderazgo y reconocimiento. Solamente se aprecia o admira lo que se cree hasta promover la confianza. Marruecos ha invertido en decir la verdad todo el tiempo y de manera transparente y por eso las naciones del África y de otras partes del mundo, como en América Latina, han hecho eco de su causa y de sus objetivos. A la diplomacia marroquí jamás la he visto en pugna, no lidian sus cuadros para ver qué diplomático destaca más, buscando priorizar los proyectos de los que tienen el poder coyunturalmente para obtener réditos en favor de sus agendas personales. Eso es lo que falta a la diplomacia latinoamericana, y desde luego a la diplomacia peruana, que, siendo muy profesional, en mi país hay quienes subordinan los intereses de la Patria a los de los políticos de turno en el poder del Estado, y callan, cerrando filas con el poder político, aunque esté errado, enterrando a la necesidad de formular críticas u opiniones en favor de los intereses nacionales. Es penoso decirlo, pero yo solo sé decir lo que pienso y no hablo detrás de las cortinas. La diplomacia de un Estado debe trabajar de la mano con sus empresarios, científicos, intelectuales, artistas y otros actores nacionales como pasa con Marruecos. La diplomacia marroquí sabe crear estrategias con su civilidad mirando a los países de la comunidad internacional porque tiene un único objetivo nacional que es el objetivo diseñado e instruido por su rey Mohamed VI. Nadie hace nada por su cuenta y eso es lo más estratégico para lograr resultados concretos. Esta virtud, confundida con la disciplina, ha generado que Marruecos sea visto como un país realmente respetable.
Gran parte de los importantes y exitosos resultados alcanzados por Marruecos en torno del asunto del Sáhara Occidental, a lo largo de los 26 años del reinado de Mohamed VI, se debe al cumplimiento escrupuloso de su diplomacia a las instrucciones del monarca. Ningún diplomático ha hecho lo que mejor ha creído para su patria. Cada postura o posición es asumida como una de Estado. No hay diplomático marroquí que conozca relativamente el problema del Sáhara. Todos están completamente involucrados y su punto de partida es la visión que tiene Mohamed VI sobre el Sahara. No es casual que el rey diga que “El expediente del Sáhara es el prisma con el que Marruecos mira al mundo”. Todos los marroquíes tienen en su imaginario personal y nacional o colectivo al Sáhara como el espacio meridional de su territorio que forma parte de su integridad territorial, definiendo su marroquidad.
Todo esto que le digo tiene su correlato en la historia y en el derecho internacional, que se han dedicado a confirmar la causa de Marruecos, como fue concluido en la Opinión Consultiva de la Corte Internacional de Justicia de 1975 que al tiempo de consagrar que el territorio del Sáhara Occidental no es Terra Nullius, es decir, no es tierra de nadie porque es tierra de Marruecos, reconoce la existencia de vinculaciones de subordinación de las poblaciones saharauis respecto del monarca de Marruecos, y por esa razón las Naciones de América Latina han hecho eco de la propuesta de autonomía presentada por el rey Mohamed VI ante las Naciones Unidas para el Sáhara Occidental o reconociendo la soberanía plena de Marruecos sobre el referido Sáhara, siguiendo los buenos ejemplos de una abrumadora cantidad de países del mundo, entre los que se cuenta a Estados Unidos de América, Reino Unido, Francia, los tres miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, además de España, Portugal, y muchos otros países. El gobierno actual de mi país, que lidera la presidenta de la República, Dina Boluarte, suspendió sus vinculaciones con la autoproclamada “República Árabe Saharaui Democrática” – RASD, después que el gobierno del expresidente Pedro Castillo, lo reactivara, una vez que decidió dar un paso hacia atrás, es decir, retrocediendo al rompimiento que había llevado adelante, precisamente cuando fui ministro de Relaciones Exteriores, y por cuya incoherencia, decidí renunciar de manera irrevocable. Ahora que el Perú ya suspendió sus relaciones con la RASD, el gobierno, sin pérdida de tiempo, debería sumarse al reconocimiento de la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara y el completo apoyo peruano a la propuesta de autonomía para el Sahara considerada “creíble, seria y realista”. Nos estamos demorando en una decisión que será altamente provechosa para el Perú que ahora cuenta al mega puerto de Chancay que deberá ser conectado al gran puerto marroquí de Tánger y al de Dahla, el otro enorme puerto marroquí, cuya construcción sigue a paso firme. Nada, entonces, como aprovechar la realidad del derecho internacional, que le da la razón a Marruecos.
La primera vez que fui al África, en 2017, fue para participar en el voluminoso Crans Montana, en la ciudad de Dahla, y pude confirmar, in loco, el inobjetable liderazgo de Marruecos en el continente africano. Al mega evento desarrollado asistieron desde todas partes de los países de este continente, y la segunda ocasión, al año siguiente, para participar en un evento académico en la respetada y prestigiosa Academia del Reino de Marruecos, sobre las vinculaciones de América Latina con África, siempre teniendo a Marruecos como la puerta de entrada al África o si prefiere, como la gran llave maestra hacia el interior de esta parte del mundo. Estoy convencido que es completamente viable acercar América Latina hacia el África. Mirar solamente hacia el Pacífico es un error geopolítico sustantivo y de fondo. Tenemos que mirar los intereses de América Latina y del Perú desde una construcción geopolítica. Marruecos no solamente ha mirado y con éxito, su horizonte de desarrollo hacia las demás naciones del continente africano, si no que lo hizo a paso firme hacia Europa. Antes era Europa la que influía en Marruecos o el norte africano. Hoy la realidad ha cambiado, pues es Marruecos el país del África que más influye en el seno de la Unión Europea. Necesitamos abrir la cancha para movilizar a las naciones latinoamericanas por el Atlántico hacia Marruecos y por Marruecos hacia Europa, y por eso no me cansaré de repetir a los políticos de mi país, y a los que conozco de América Latina, que nada como comprender que la geopolítica es relevante por su ciclicidad.
El poder de Marruecos habla por si solo. En otros tiempos seguramente España y Portugal no lo hubieran considerado. Perdone que lo diga así, pero yo respondo a cada momento, mirando el realismo político de las naciones y del mundo en el que se mueven por sus resultados y los que se han producido en los últimos 26 años son, a nuestros sentidos, incuestionables. Marruecos ha visto geopolíticamente el Mundial 2030 y esa es la forma correcta como deben mirar las naciones y sus gobernantes. Por este acontecimiento todos los países del globo pondrán su atención en Marruecos,que no dudo, mostrará todo lo mejor que cuenta desde su definición como una exitosa y próspera monarquía constitucional, con un Islam realmente moderado, de enorme aceptación social en todo el reino, y lo hará, comenzando por mostrar a la comunidad internacional el Gran Estadio Hassan II en Casa Blanca, el más grande del mundo al contar con una capacidad para 115 mil espectadores. Ya cuenta el Tánger Med, el puerto más grande de África, el tren de alta velocidad, “Al Boraq”, el más veloz de África, y, por si fuera poco, en la ciudad de Fez, que he podido conocer, se encuentra la Universidad de Kairaouine, fundada en 859 d.C., la más antigua del mundo. Después del Mundial Marruecos no volverá a ser visto como hasta esa fecha. La percepción masiva en el planeta confirmará que se trata de un hegemón tal como le he referido al inicio de esta entrevista por lo que verá que no exagero y me alegra mucho por su monarca y el pueblo marroquí a lo largo y ancho de su territorio, cuya integridad es una máxima para todo el país.
Es verdad que cuando se habla o refiere al mundo árabe o al mundo islámico, lo primero que se cree es en un espacio de conflictos y guerras de nunca acabar o a naciones gobernadas por tiranos. Marruecos es todo lo contrario. Se trata de un país del norte de África, camino a los 40 millones de habitantes, que cuenta un monarca que ha sabido imbricar la naturaleza histórica de un país arraigado a su monarquía como base política estamental de su destino y existencia, y con un pueblo que la reconoce y que se identifica con ella plenamente en el marco de su identidad nacional. Los marroquíes quieren a su monarca como los ingleses a sus reyes y como pasa con otras casas reinantes. Las monarquías deben dedicarse a sus pueblos y los marroquíes son los primeros en dar fe de cómo se ha producido la transformación de su patria por obra y liderazgo de su rey, Mohamed VI. Si uno va por las provincias del sur notará con sus propios ojos -perdóneme el pleonasmo- las grandes obras de infraestructura que ha llevado adelante el rey como cabeza visible del Estado. Alguien me preguntó alguna vez porque la denominada Primavera Árabe no afectó a Marruecos y le dije lo que, a usted, es decir, la primavera árabe fue un movimiento contra los tiranos y absolutistas. Marruecos es un país donde funciona una extraordinaria combinación del ejercicio democrático parlamentario y otras elecciones de gobiernos subnacionales en total consonancia y compatibilidad con su monarquía a la que reconocen todo el tiempo. Esa es la magia de un país con un rey que vive para el engrandecimiento de su pueblo, de su calidad de vida, dándole a su pueblo un clima de paz y tranquilidad que contrasta con la vulnerabilidad y la virulencia que se ve en otras partes del mundo. Todo lo anterior es la magia de su éxito como Estado y como nación y por eso, y con esto prometo acabar con su pregunta, para cada ciudadano de Marruecos, el Sáhara, además de ser una causa nacional totalizadora, es una causa de su vida familiar o doméstica profunda.








