Marruecos redefine su modelo de transporte urbano y pone en riesgo la hegemonía de ALSA. El Gobierno marroquí ha abierto a concurso la gestión del transporte urbano en varias de sus principales ciudades, lo que podría suponer el fin del dominio de la compañía española ALSA en Reino. Las explotaciones de Marrakech, Tánger y Agadir han sido puestas en licitación, mientras que el contrato de Casablanca será revisado, en el marco de un ambicioso programa nacional de modernización del sector, según el diario El Español.
El Ministerio del Interior marroquí ha diseñado una nueva estrategia de movilidad con un presupuesto de más de 1.040 millones de euros, que prevé la renovación de flotas, el refuerzo de la seguridad y la introducción de sistemas de transporte de alta capacidad como el Bus Rapid Transit (BRT). Más de 3.700 autobuses nuevos, en su mayoría de fabricación china, serán adquiridos en los próximos meses.
Este cambio de paradigma abre la puerta a operadores internacionales como Transdev (Francia) o RATP, así como a competidores locales como CTM, Citybus y Supratours (filial de ONCF). Según fuentes del sector, ALSA podría perder en Marrakech frente a una alianza marroquí-europea, y en Tánger ante una eventual unión entre CTM y Transdev.
La decisión responde al deterioro del servicio denunciado por usuarios y medios marroquíes: flotas envejecidas, fallos mecánicos, aumento de accidentes y quejas por la cobertura insuficiente en los barrios periféricos. En Marrakech, por ejemplo, la media de antigüedad de los autobuses urbanos supera los 20 años.
Alsa, que llegó a Marruecos en 1999 y transporta actualmente más de 60 millones de pasajeros al año, defiende su labor. Su director general en Marruecos, Alberto Pérez, recuerda que la empresa implantó el primer BRT en Marrakech y formó a cientos de conductores marroquíes con estándares internacionales. Sin embargo, reconoce que el nuevo modelo reducirá considerablemente su cuota de pasajeros en el país.
El futuro de la multinacional española en Marruecos dependerá de las adjudicaciones en marcha y de la renegociación del contrato de Casablanca, donde ya se perciben movimientos de reestructuración interna. El mensaje de Rabat es claro: modernizar el transporte urbano y diversificar a los operadores, incluso a costa de limitar el espacio que durante más de dos décadas ocupó ALSA.








