19 junio 2026 / 22:58

La Casa del Periodismo

Manuel Fernández, más de 20 años en Marruecos

Mares30- Tánger - julio 23, 2024

 

Maribel Mendez

Responsable de la Biblioteca Juan Goytisolo del Instituto Cervantes de Tánger (Marruecos)

 

Quiero hablaros de un libro cuya cubierta  engaña: parece que hable de Turquía, pero se trata de Marruecos (Salé, Rabat y Kenitra); su título está en árabe libanés, pero eso responde al protagonismo de una canción de Fairuz; y creemos mirando su cubierta, que es una novela romántica y orientalista de amor … pero nada más lejos de la realidad .

 

Se trata de una novela muy real de un antihéroe del siglo XX-XXI, un español (para más recochineo con el nombre de Cayetano a pesar de ser más pobre que una rata), que viene a trabajar a Marruecos como profesor de español (pero no es un expatriado con ventajas económicas y cierta seguridad, sino con precariedad laboral y viviendo al límite, incluso a periodos como emigrante irregular).

 

Un profesor de español convertido al Islam, que habla dariya y habita en barrios populares donde cultiva amistades que le torean .

 

Imposible no reír ante sus aventuras como galán burlado y español inadaptado  entre españoles, marroquíes y franceses… sobre todo cuando se trata de «pijos»:

 

 

«Nunca he tenido problemas de comunicación con un francés, pero, a los pijos de aquí,  hay que darles de comer aparte. Una vez, en Suissi, le pregunté a uno por la parada del autobús, y va y me mira de arriba abajo, como diciendo: «Mira el pobretón, guiri y va en autobús «, y me respondé: «¿Qué lengua habla usted? No entiendo nada de lo que dice», y yo: «La misma que usted» y él: «Ah, es que su acento es tan fuerte que no he comprendido la pregunta. ¿Puede repetirla?». (…) Le contesté que no se preocupara, que ya le preguntaría a otra persona con menos problemas de comprensión.»

 

 

Y es que se trata de un libro con el que no paras de reír. Su autor, Manuel Fernández, ha vivido en Marruecos desde hace más de 20 años -de hecho no sabemos hasta qué punto Cayetano y Manuel son la misma persona- y consigue hablar de Marruecos con mucho humor de situaciones muy reconocibles para los que residimos en este país:

 

 

«Compareció, con amplia sonrisa, el comerciante, que, sin preguntar quién había llegado primero, quiso atender a Cayetano. Éste último, sin embargo, le cedió el turno a la mujer, porque conjeturó, correctamente, que era mejor regateadora que él. La fémina se fue muy contenta con su alfombra, tras conseguir una considerable rebaja sobre el precio inicial. El que no se puso nada contento fue el vendedor, cuando Cayetano le tendió la misma cantidad que había pagado ella y le dijo que también él quería una.»

 

 

También destaca que intercala en su novela varios romances con estructuras del siglo XV pero temáticas actuales:

 

 

Fragmento del «Romance que dicen del beso»:

«No he venido yo a dar besos

sino a tan solo enseñar»

Y le réplica la niña:

«No veo aquí a nadie más

y, si un beso no me dieres,

no sé quién me lo dará».

Mira al cielo Ibn Manolo,

y esto le ha pedido a Alá:

«No me abandones, Dios mío,

no me dejes flaquear».

Por segunda vez se niega

y se resiste a pecar:

«Lo que la niña desea

es imposibilidad.»

La Yihad, la pobrecita,

está a punto de llorar:

«Profesor, estoy enferma,

Y, si un beso no me das,

no podría yo esta tarde,

mi medicina tomar».

Analiza Ibn Manolo

lo que acaba de escuchar.

Lo que a la Yihad le dijo

no lo he yo de callar:

«No te preocupes, mi niña,

que yo te pienso ayudar

pero escucha atentamente

para no volver a errar:

Vaso se llama, no beso,

Este objeto de cristal».

 

 

Otro ejemplo es uno que describe cómo vivió el período en que España y Marruecos se enfrentaron por el islote de Perejil:

 

Fragmento del «Romance que dicen del Perejil»:

 

«Los moros lo llaman Leila

y, Perejil, los hispanos.

Y los unos y los otros

lo tienen por suelo patrio

y desembarcan sus tropas

en aquel triste peñasco

y, allí, plantan sus banderas

y amenazan al contrario.»

 

 

Especialmente hace reír a carcajadas cuando él mismo se ridiculiza en una conversación con quién podría ser la voz de su conciencia:

 

 

«-¿Así que quién canta, su mal espanta, no, bobalicón? Ya te podrías haber acordado de la cita completa:

– Antes, he yo oído decir- dijo don Quijote- que quién canta, sus males espanta.

– Acá es al revés  -dijo el galeote-. Que quién canta una vez, llora toda la vida.»

 

Sus anécdotas recuerdan a las de una novela picaresca, como esta en la que habla del abuelo de Cayetano:

 

«- Estuvo en Francia hasta la invasión alemana.  Se unió a una columna de refugiados,  que fue ametrellada desde el aire. En el ataque, murió un marroquí, y mi abuelo se agenció su documentación. Como era muy moreno de piel, se hizo pasar por él, y pudo llegar a Marsella. Se informó de que los aduaneros,  para comprobar si los viajeros que querían ser repatriados a África eran de verdad quienes decían ser, les pedían que se bajasen los pantalones. Ni corto ni perezoso, se hizo circuncisión, y, después de muchas peripecias, vino a parar a Marruecos. «

Al más puro estilo de Eduardo Mendoza, su personaje resulta entre patético y entrañable:

 

«- Por cierto, ¿cuánto te debo? A ver, según mis cuentas son once mil trescientos «.

– Justos y cabales.

– Como estos. Lo siento por el retraso, pero ya sabes los problemas que había,  ahora es diferente, ya tenemos más del doble de matrículas que en las mismas fechas del curso pasado. Y también, oye, me dijiste que tenías novia, y las mujeres, cuando ven mucho dinero junto, pierden la cabeza.

«Yo creía que eras mi jefe, y resulta que me quieres como un padre. ¿Así que me pagabas tarde por mi propio bien?»

 

 

La crítica social en la novela también resulta llamativa. Para poder sobrevivir, el protagonista debe trabajar en varios sitios y uno de ellos, es el consulado de Rabat en temas de visados… y no se muerde la lengua:

 

«- ¿Otro más? ¿Pero qué cachondeo es este? ¿Qué se creen estos tíos, que en Marbella no hay putas, que todos quieren llevárselas puestas? A ver qué profesión tiene esta titi en el pasaporte, costurera, claro, y yo voy y me lo creo. Y la que vino esta mañana, obrera, y traía unas uñas que para mí las quisiera.»

 

Resumiendo, todo un hallazgo sorprendente lleno de erudición (son constantes las referencias literarias), mucho humor, y una gran experiencia sobre Marruecos.

 

Algún día espero conocer a Manuel en persona para poder entender mejor una obra tan poco común.

 

 

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