20 junio 2026 / 03:10

La Casa del Periodismo

Un nuevo horizonte en Bolivia acerca al Palacio Quemado a Marruecos

mares30 - octubre 19, 2025

Toufiq Slimani*

Bolivia ha vivido hoy domingo una jornada electoral histórica. Casi 8 millones de ciudadanos eligen al próximo presidente en la primera segunda vuelta de su historia democrática reciente, y por primera vez en dos décadas el nombre de Evo Morales o de su partido, el Movimiento al Socialismo (MAS), no figura en las papeletas.

 

El enfrentamiento entre Jorge “Tuto” Quiroga, expresidente de línea liberal-conservadora, y Rodrigo Paz, candidato de centro, marca un giro profundo en el mapa político del país andino. Lo que está en juego no es solo un cambio de gobierno, sino el cierre de un ciclo ideológico. la caída del socialismo populista que, durante veinte años, convirtió a Bolivia en uno de los bastiones latinoamericanos del frente pro-Polisario.

 

El ocaso del MAS y del Polisario

 

El MAS de Morales y Arce, desgastado por pugnas internas, inflación descontrolada y el desgaste de un modelo clientelar, llega fracturado y sin rumbo. La izquierda altiplánica, que gobernó Bolivia desde 2006 bajo la bandera del “socialismo popular”, se despide con una economía debilitada (25% de inflación anual) y con una ciudadanía harta de promesas incumplidas.

Su derrota política es también una señal geopolítica. Durante más de cuatro décadas, precisamente desde 1982, Bolivia fue uno de los apoyos más consistentes de la autoproclamada “República Árabe Saharaui Democrática” (RASD), convirtiéndose en una plataforma retórica del separatismo en América Latina. Ese alineamiento automático con Argelia y el Polisario se mantuvo hasta 2020, cuando el Gobierno interino de la presidenta Jeanine Áñez –con el respaldo del entonces delegado internacional Jorge Quiroga– decidió romper relaciones con el movimiento separatista, gesto que abrió una ventana de esperanza para la diplomacia marroquí.

 

Tuto Quiroga, la mejor opción para Marruecos

 

En este contexto, una eventual victoria de Quiroga representaría un relanzamiento de la política exterior boliviana hacia una posición de realismo y pragmatismo. Quiroga ya demostró durante su breve delegación internacional en 2020 que concebía las relaciones internacionales en clave institucional, no ideológica. Su visión coincide con la apuesta marroquí por un diálogo global basado en el respeto mutuo, la cooperación Sur-Sur y el rechazo a las tesis separatistas.

 

Si llega al Palacio Quemado, Bolivia podría alinearse con la nueva ola latinoamericana de reconocimiento del plan de autonomía marroquí para el Sáhara, siguiendo los pasos de países como Chile, Perú, República Dominicana o Paraguay, Argentina y Ecuador que se alejaron del Polisario. Para Marruecos, sería la pérdida de otro bastión histórico del separatismo y una señal de que el tablero latinoamericano se está reconfigurando en favor del Reino.

 

Un contexto internacional favorable para Rabat

 

La posible reorientación boliviana llega en un momento en que la diplomacia marroquí acumula victorias explícitas y consistentes. En Naciones Unidas, la resolución presentada por Rusia contra el colonialismo fue respaldada por Marruecos, y el Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia dejó entrever que Moscú aceptaría el plan de autonomía si obtiene consenso internacional.

Si a esta apertura rusa se suma una transición política en Bolivia hacia el centro-derecha, el año 2025 podría culminarse con otro éxito y marcar un punto de inflexión en el posicionamiento del Sur Global respecto al conflicto del Sáhara Occidental. El eje Rabat-La Paz podría reactivarse, abriendo una nueva etapa de cooperación energética, agrícola y educativa entre dos países que, pese a la distancia geográfica, comparten una misma vocación de independencia y estabilidad.

 

Cuando el Palacio Quemado renace, Marruecos se acerca

 

La metáfora es poderosa. el Palacio Quemado renace de sus cenizas políticas tras dos décadas de hegemonía del MAS. Y con ese renacimiento, Marruecos se perfila como un interlocutor natural de la nueva Bolivia.

La diplomacia marroquí observa con atención —y legítimo entusiasmo— este proceso. Incluso sectores moderados dentro del propio MAS, conscientes del aislamiento internacional que provocó su radicalismo, ya habrían comenzado discretos contactos para abrir vías de diálogo con Rabat.

 

En definitiva, lo que se decide hoy en Bolivia no es solo un cambio de presidente, sino un cambio de rumbo que puede acabar con más de 42 años de complicidad con el Polisario. Si Jorge “Tuto” Quiroga confirma las encuestas y logra imponerse, Bolivia podría escribir, junto a Marruecos, una nueva página en las relaciones entre América Latina y el Magreb, una página marcada por el realismo, la cooperación y la superación de viejos dogmas ideológicos.
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Periodista especializado en los asuntos hispanoamericanos*

Categorías : América Análisis