Mouhssine Et-tamiss
Bolivia inicia una nueva etapa política e internacional tras la victoria del centrista Rodrigo Paz, quien asumirá el próximo noviembre la presidencia con el compromiso de estabilizar la economía y relanzar la proyección exterior del país andino.
El líder del Partido Demócrata Cristiano (PDC) se impuso en la segunda vuelta del 19 de octubre, superando al expresidente Jorge “Tuto” Quiroga por un estrecho margen. Su triunfo pone fin a casi dos décadas de gobiernos de orientación izquierdista encabezados por Evo Morales y Luis Arce, y marca el inicio de un giro político hacia la moderación y el pragmatismo.
El nuevo mandatario ha prometido frenar la inflación, reactivar la producción gasífera y atraer inversiones extranjeras. En el plano internacional, Paz busca reorientar la diplomacia boliviana hacia una política exterior más abierta y cooperativa, fortaleciendo los vínculos con Estados Unidos, la Unión Europea y los países de la región que apuestan por el desarrollo compartido.
Entre los primeros gestos de su mandato figura la voluntad de reevaluar las relaciones con Irán y Cuba y retomar canales de diálogo con países con los que Bolivia había mantenido tensiones en los últimos años.
Esta nueva etapa podría traducirse también en un acercamiento con Marruecos, tras años de frialdad diplomática. Sí el gobierno de Paz consolida sus lazos con Washington —país que desde 2020 respalda la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara—, Bolivia podría reconsiderar su antigua posición favorable al Polisario.
En tal escenario, el país se alinearía con la mayoría de los Estados latinoamericanos como Chile, Argentina, Ecuador y República Dominicana, que reconocen la soberanía marroquí sobre el Sáhara y ven en la propuesta de autonomía una solución seria y realista.
Así con el cambio de liderazgo, Bolivia parece cerrar un ciclo de aislamiento ideológico y abrir una etapa de integración constructiva en el continente. La “nueva Bolivia” que se perfila desde el Palacio Quemado apuesta por el diálogo, la modernización y una política exterior libre de dogmas.









