20 junio 2026 / 02:49

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Inmigración. Argelia echa una mano a la ultraderecha

mares30 - enero 17, 2026

Las llegadas de migrantes irregulares a Europa cayeron en 2025 al nivel más bajo desde 2021, desmontando el relato de “crisis migratoria” que alimenta el ascenso de la ultraderecha en el continente. Según el último informe de Frontex, la agencia europea de control de fronteras, el número de entradas irregulares descendió un 26% respecto a 2024 hasta situarse en 178.000 personas, prácticamente la mitad que en 2023. Pese a estos datos, el discurso alarmista continúa ganando terreno político en la Unión Europea y ronda ya el 25% de intención de voto en varios países. Así lo deja muy claro un informe del diario El País.

El desplome es especialmente significativo en la ruta canaria, que registró una caída del 63% gracias al fuerte descenso de las salidas desde Marruecos, Mauritania y Senegal. La cooperación estrecha y sostenida entre estos tres países africanos y las autoridades españolas y europeas ha sido clave para frenar los flujos irregulares hacia el archipiélago canario, uno de los principales focos de presión migratoria en años anteriores. Este resultado es observado en Bruselas como un ejemplo de colaboración eficaz en materia de control fronterizo, lucha contra las mafias y gestión conjunta de la migración.

 

En contraste, la única ruta que registró un aumento en toda Europa fue la del Mediterráneo occidental hacia España, con un repunte del 14%, impulsado fundamentalmente por las salidas desde Argelia. Este comportamiento diferencial preocupa tanto a la Unión Europea como al Gobierno español, que constatan cómo Argel actúa con una permisividad que rompe la tendencia general de descenso y contribuye a reactivar una narrativa de inseguridad que beneficia directamente a las fuerzas de extrema derecha. En términos políticos, esta “vista gorda” argelina se traduce en munición para quienes construyen su discurso sobre el miedo y la exageración del fenómeno migratorio.

 

Frontex subraya que, aunque las cifras globales invitan al optimismo, la situación sigue siendo volátil. Las rutas pueden reactivarse rápidamente en función de conflictos regionales, inestabilidad geopolítica o cambios en la actuación de los países de origen y tránsito. En 2025, por ejemplo, las llegadas a la isla griega de Creta desde Libia se triplicaron respecto al año anterior, confirmando que la presión migratoria se desplaza, pero no desaparece. En el Mediterráneo central, principalmente desde Libia hacia Italia, las entradas se mantuvieron prácticamente estables, mientras que en el Mediterráneo oriental descendieron un 27%.

 

El informe recuerda además el elevado coste humano de estas travesías. La Organización Internacional para las Migraciones estima que 1.878 personas murieron en el mar el año pasado, una cifra que confirma que el control de flujos no elimina el riesgo extremo al que se enfrentan quienes intentan llegar a Europa por vías irregulares. De cara a 2026, la entrada en vigor plena del Pacto Europeo de Migración y Asilo, con un enfoque marcadamente securitario, marcará la agenda comunitaria, aunque Bruselas insiste en que la cooperación con países como Marruecos, Mauritania y Senegal seguirá siendo un pilar central.

 

En este contexto, los datos desmontan el relato de invasión que domina el debate público en muchos países europeos. Sin embargo, la persistencia de salidas desde Argelia hacia las costas españolas introduce un factor de distorsión que alimenta a la ultraderecha y tensiona el debate político. Para la Unión Europea y para España, la diferencia entre cooperación y permisividad se ha convertido en una cuestión estratégica, no solo en términos migratorios, sino también en la batalla política contra los discursos extremos que crecen al margen de la realidad estadística.

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