Entrevistado por Mohamed Charbi
Francisco Moscoso García es Doctor en Filología Árabe por la Universidad de Cádiz (España).
Es Catedrático de árabe marroquí y árabe literal en el Departamento de Estudios Árabes e Islámicos y Estudios Orientales de la Universidad Autónoma de Madrid. Es profesor también en la Universidad de Cádiz e impartía clases en otras universidades.
Sus líneas de investigación están orientadas al estudio de los dialectos árabes, la didáctica del árabe marroquí y la tradición oral en el Magreb. Entre sus libros cabe destacar los siguientes: Estudio lingüístico de un dialecto árabe del Sus (Cádiz, 2002), El dialecto árabe de Chauen (Cádiz, 2003), Estudio lingüístico del dialecto árabe de Larache (Cádiz, 2003), Cuentos en dialecto árabe de Ceuta (Toledo, 2004), Curso de árabe marroquí (Cuenca – Cádiz, 2006), Cuentos en dialecto árabe del norte de Marruecos (Cádiz, 2007), Aproximación al cuento narrado en árabe marroquí (Helsinki, 2012), Coplas de la región de Yebala (edición y estudio de las coplas recogidas por Carlos Pereda Roig, Barcelona, 2014), B chuiya b chuiya (Almería, 2014 y Diccionario de árabe marroquí (2015).
Ha traducido y editado varias colecciones de poemas de los zejeleros Mourad Kadiri y Ahmed Lemsyeh, así como dos novelas de Abdelghani Abou El Aazm.
En esta entrevista concedida al diario Mares30, Francisco Moscoso García, arabista y Catedrático español, habla sobre distintas cuestiones de suma importancia: sus primeros contactos con la lengua árabe, la situación del árabe en España, la historia de Al-Ándalus, las aportaciones de los árabes a la construcción europea, las relaciones culturales hispano-marroquíes, Marruecos, etc.
– Usted es Doctor en Filología Árabe por la Universidad de Cádiz (España).
Háblenos un poco sobre sus primeros contactos con la lengua árabe. También quisiéramos saber el porqué de su interés por la Filología Árabe.
– Me inicié en el estudio de la lengua árabe en Argelia, país en el que residí entre 1991 y 1993. Allí nació mi interés por la variedad árabe materna, el árabe argelino del Sáhara.
A mi vuelta a España, comencé mis estudios de árabe clásico en la Universidad de Cádiz. Al terminar la licenciatura, tenía claro que quería investigar sobre la lengua materna de los árabes y me orienté hacia el estudio del árabe marroquí, realizando una tesis doctoral sobre el árabe de Chauen.
– ¿Todavía hay interés en España por la Filología Árabe?
– Las últimas reformas universitarias de los planes de estudio han acabado con la filología árabe; ahora, el grado de estudios árabes e islámicos está más orientado hacia el aprendizaje de la lengua árabe como medio comunicativo y de traducción.
Tradicionalmente, estos estudios estaban orientados hacia Alándalus, y, aunque éstos se siguen llevando a cabo, creo que han descendido.
Tímidamente, se ha incorporado el estudio del árabe marroquí en los planes de estudios.
El interés en España actual por el estudio del árabe sigue vivo, porque somos conscientes de la importancia de la lengua árabe a nivel internacional y de que hacemos frontera marítima con países cuya lengua oficial es el árabe. También hay que tener en cuenta la presencia en nuestra sociedad del árabe magrebí, marroquí o argelino principalmente, el cual forma parte de la realidad plurilingüe de España.
Hay alrededor de un millón de ciudadanos, muchos de ellos nacionalizados y pertenecientes a la segunda generación de los nacidos en nuestro territorio, y otros residentes, que mantienen la lengua nativa árabe. También es la lengua del 45% de la población española de Ceuta y, por consiguiente, es una lengua histórica de España.
Por todo lo dicho anteriormente, respondo afirmativamente a esta pregunta y considero que el interés va en aumento y ha ido evolucionando en función de las circunstancias sociales.
– ¿Cómo ve la situación actual del idioma árabe en España?
– Creo que he respondido un poco a esta pregunta con lo expuesto anteriormente. Sí puedo añadir que los estudios de árabe en la universidad española se mantienen, a pesar del descenso de la natalidad, lo cual es síntoma de su creciente interés.
Me gustaría añadir a esto, que muchos hijos de inmigrantes marroquíes y argelinos, nacidos en España, se interesan por el estudio de la lengua árabe como parte de una identidad que quieren conocer mejor y no perder. Por otro lado, hay un creciente interés por el estudio de la sociedad y la política del mundo árabe, por los acontecimientos mundiales que se están produciendo y por el cambio en la nueva geopolítica mundial.
Nuestra sociedad y nuestros gobernantes necesitan de especialistas que conozcan la lengua árabe, su cultura, su sociedad, sus sistemas políticos, etc.
– Su trayectoria investigadora ha estado orientada, desde la presentación de su tesis doctoral -“El dialecto árabe de Chauen (Norte de Marruecos). Estudio lingüístico y textos”- al estudio de las variedades árabes en Marruecos (de Rabat, Larache, Tetuán, Tánger, Chauen,…) y en Argelia. ¿A qué se debe este interés por los dialectos de Marruecos?
– Mi interés por la lengua materna árabe nace de mi estancia en Argelia antes del inicio del estudio de la variedad árabe clásica o literal. El estudio de la variedad materna y el contacto con sus hablantes me hizo comprender que es ésta el medio de comunicación más importante para un arabófono y que es un patrimonio cultural muy importante, impregnado de conocimiento y tradición oral. Con ello, no quiero quitarle el valor que tiene el árabe clásico como medio de comunicación internacional o educativo.
Podríamos extendernos mucho, pero lo resumiré diciendo que la lengua árabe materna ha sido la gran dominada y la reprimida a lo largo de la historia. Y sigue siéndolo, ya que no goza de ningún reconocimiento educativo o social.
Afortunadamente, el pueblo cada vez es más consciente de la riqueza de su lengua y esto no significa que haya que desplazar al árabe clásico, sino que hay que tender puentes entre las dos variedades, la materna y la literal para que el conocimiento avance y disminuya el índice de analfabetismo.
– En el mismo contexto, ¿Qué podría decirnos sobre el árabe marroquí en las novelas de Juan Goytisolo?
– Siempre me llamó la atención algo que leí de este escritor, que las sociedades tienen que ser bastardas, porque de lo contrario degenerarán, la sangre tiene que mezclarse entre los pueblos o aparecen taras. Más o menos esa era la idea. Y esto, trasladado a las lenguas es lo mismo, las lenguas tienen que ser bastardas o desaparecen, porque no pueden hacer frente a los nuevos retos.
Todas las lenguas, incluido el árabe clásico, tienen préstamos. El mismo español tiene casi, hoy en día, dos mil.
En este sentido, la apuesta de Juan Goytisolo por incorporar voces del árabe marroquí en algunas de sus novelas es una invitación a acoger la lengua del otro, en este caso del marroquí, incorporando sus voces a nuestra lengua para regenerarla y poder construir una sociedad más bastarda que crezca en respeto, convivencia e integración.
– En 2013, usted escribió un libro de sumo interés, junto con Nadi Hamdi Nouaouri Izrelli, titulado B chuiya b chuiya (بشويّة بشويّة) para el aprendizaje del árabe marroquí. ¿Los alumnos han aprendido chuiya (شويّة) de este manual?
– Es el manual que he empleado en mis clases de árabe marroquí en la Universidad Autónoma de Madrid y ahora en la Universidad de Cádiz.
Desafortunadamente, dentro de los planes de estudios, sólo tenemos una asignatura, seis créditos, sesenta horas de clase, lo cual no supone mucho, pero sí lo suficiente para inculcar a los alumnos el interés y la importancia de conocer una variedad árabe materna que forma parte de nuestra sociedad y que les ayudará a comunicarse en Marruecos, e incluso en Argelia.
– Desde la entrada de los musulmanes a la Península Ibérica (o la Hispania Visigoda) en el siglo VIII, la Historia española ha sido nutrida por el odio al “moro”, al árabe que vivía en Al-Ándalus, y luego al árabe que está viviendo al otro lado del Estrecho. ¿A qué se debe ese odio y ese miedo al otro, al árabe y musulmán en este caso?
– Usted lo ha dicho, se debe al miedo a lo desconocido y a otra forma de entender la vida que nace de la intolerancia y el integrismo tanto político, económico como religioso. Efectivamente, después de la conquista definitiva en 1492, y de la expulsión definitiva en 1610, ochocientos noventa y nueve años de presencia árabe se han querido silenciar.
Pero, bajo mi punto de vista, sin éxito, ya que la llegada del islam a la Península Ibérica supuso la penetración del conocimiento en una Europa que lo necesitaba. En la construcción de Europa no sólo han formado parte los cristianos, y con anterioridad los romanos, griegos o pueblos nórdicos, eslavos, germánicos, etc. con sus religiones, sino también el islam y sus pueblos, árabe y amaziges.
Si hemos sobrevivido y queremos sobrevivir, tenemos que ser bastardos, como decía Juan Goytisolo, o pereceremos. Siempre le digo a mis alumnos que el árabe es lengua oficial de la Unión Europea y, al principio, se quedan perplejos. El maltés es una variedad árabe materna que es lengua oficial del Viejo Continente. Esta es una prueba más de la contribución del islam a la construcción de nuestra Europa.
– ¿Cómo ve las aportaciones de los árabes a la construcción europea?
– Por un lado, tenemos toda la recuperación del patrimonio antiguo griego o nabateo que supieron trasladar a Europa, pero también la creación y desarrollo de otras disciplinas. En el momento actual, yo destacaría la presencia de los originarios de Marruecos y Argelia como necesaria para la construcción de nuestra sociedad.
Soy consciente de que hay problemas, en ocasiones originados por malas políticas de integración, inmigración y de ignorancia; a esto hay que poner soluciones. Pero yo hablo de la aportación de los inmigrantes y de las generaciones nacidas aquí, ya que ellos ya forman parte de nuestro espectro laboral y de desarrollo, están presentes en la universidad, en la escuela, en las empresas y muchos son mano de obra en nuestros campos y en otros sectores, sin ellos no podríamos avanzar.
– Usted ha traducido varias colecciones de poemas de los zejeleros Mourad Kadiri y Ahmed Lemsyeh así como dos novelas de Abdelghani Abou El Aazm. Háblenos un poco sobre esta experiencia relativa a la traducción.
– La profesora Mercedes Aragón, de la Universidad de Cádiz, y yo somos pioneros en el estudio y traducción al español del zéjel contemporáneo marroquí. El zéjel es una expresión poética escrita en la lengua árabe materna, forma parte de la lengua poética universal y está a la misma altura que los versos de cualquier poeta de renombre mundial, como nuestro Miguel Hernández.
Nuestra apuesta por dar a conocer este género a la sociedad española nace tanto de nuestro amor a la poesía como a la lengua materna, demostrando que con ella, aunque no esté normalizada ni goce de ninguna protección institucional, se puede crear, al mismo nivel que cualquier lengua codificada y oficial.
En 2024, publicamos, Mercedes Aragón, Hassan Boutakka, Sarali Gintsburg y yo una antología del zéjel marroquí contemporáneo en la Universidad de Sevilla, en la que hemos incluido poemas de catorce poetas que cultivan el zéjel en Marruecos, tres generaciones que siguen vivas.
Y la traducción de las dos novelas del escritor Abdelghani Abou El Aazm desde el árabe clásico al español ha sido una experiencia muy bonita, ya que los relatos autobiográficos que describen nos acercan al pueblo marroquí de los años de la independencia. Las dos novelas son como una fuente en la que hay muchos caños: historia, tradición oral, educación, independencia, pero, sobre todo, un retrato de la sociedad marroquí sencilla y humilde de los años que describe. Desafortunadamente, se hizo una edición muy pequeña en Chile y no ha vuelto a ser reeditada.
– ¿Qué podría decirnos sobre la literatura árabe?
– He disfrutado mucho leyendo a Mohamed Zafazaf, Mohamed Choukri, Yousef Fadel, Mohamed Nedali. A otros con renombre los he tenido que dejar, porque me aburrían, pero esto ocurre en todas las lenguas. Sobre gustos no hay nada escrito. Ahora estoy leyendo una colección de relatos cortos de Abdelmajid Sebbata, que me está entreteniendo bastante.
No puedo hacer un juicio académico sobre la literatura marroquí en árabe literal, ya que no soy especialista en esta materia. Tengo además en casa una colección de textos literarios, novelas y relatos cortos, escritos en árabe marroquí que forman parte también de la literatura árabe marroquí y que deberían de estar más presentes en las librerías y en la escuela; autores como Aziz Regragui, Mourad Alami, las publicaciones de Khbar Bladna, Mohamed El Medlaoui, Abderrahim Oul Mustapha, entre otros, o las traducciones de la literatura europea al árabe marroquí del profesor Abderrahim Youssi.
– ¿Cómo ve las relaciones culturales entre Marruecos y España?
– Creo que las relaciones culturales, al menos desde el Protectorado, siempre ha habido entre nuestros dos países. No estoy totalmente al corriente de todo lo que se hace, pero sí que es bastante, aunque no suficiente. En lo que respecta a la traducción, se podría hacer mucho más para traducir y promocionar la literatura marroquí. En ocasiones nos sorprende el silencio de la administración.
Le pongo dos casos recientes. Me puse en contacto con la dirección del Cervantes de Rabat para presentar la antología del zéjel marroquí contemporáneo y hacer una recitación de poesía en árabe marroquí y en español, pero no se dignaron a responder; tampoco me respondieron desde la Fundación Tres Culturas de Sevilla. Imagino que tienen una agenda cerrada y nosotros no entramos en sus planes. En esto de la cultura, tengo la impresión de que hay una élite o un grupo que la controla y si uno no tiene “amigos” dentro se le ignora.
– ¿Qué papel pueden desempeñar los arabistas españoles para tender puentes entre la Península Ibérica y el mundo árabe-islámico y eliminar estereotipos y prejuicios?
– Nuestro papel principal es el estudio y la publicación de nuestras investigaciones, traducciones y otras producciones para derribar muros que han ido construyéndose desde la ignorancia y la mentira. Es importante también que nos den voz desde las instituciones culturales que los gobiernos tienen tanto en Marruecos como en España.
– ¿Cuántas veces ha visitado Marruecos? ¿Cómo lo ve?
– La primera vez que puse un pie en Marruecos fue en diciembre de 1993, después de volver de Argelia y cuando comenzaba mis estudios de árabe clásico en la Universidad de Cádiz. Desde entonces vuelvo todos los años, algunos varias veces. Es un país en el que me siento muy cómodo, me gusta mucho su gente y tengo buenos amigos.
He publicado bastantes cosas sobre el árabe marroquí desde que hice mi trabajo de campo en Chauen para mi tesis doctoral. He escrito descripciones de las variedades de Tánger, Rabat, Chauen, el Sus y he publicado cuentos de la tradición oral. También he escrito un diccionario de árabe marroquí, dos métodos para su aprendizaje o una gramática de esta variedad. Todo esto es el fruto del estudio académico y de mis viajes a Marruecos. En general, le estoy muy agradecido a las gentes de Marruecos, he aprendido mucho de su visión de ver la vida y eso me ha enriquecido como persona.
– Por último, ¿Qué mensaje(s) quiere transmitir a los lectores españoles y árabes?
– Me atrevería a decir a los lectores de una y otra lengua que estén abiertos a todas las voces nuevas que encuentran: a los préstamos antiguos del árabe en el español y a los que se ha introducido actualmente, como en las novelas de Juan Goytisolo, y a los préstamos del español que pueda haber en una novela en árabe. Y que a partir de estos vayan cambiando su visión del mundo, haciéndolo más integrador y más bastardo.









