20 junio 2026 / 02:46

La Casa del Periodismo

De “estaditos” y bananas: la Argelia de los titulares

Mares 30 - febrero 10, 2026

Mostafa Ammadi*

 

Durante décadas, el discurso hostil procedente de la vecina Argelia, sostenido de forma persistente por medios de comunicación oficiales y afines, ha revelado una tendencia sistemática a la descalificación y a la estigmatización del otro. En lo que respecta a los marroquíes, afortunadamente bautizados con el cariñoso apodo de Lmarruq, hemos sido objeto de epítetos que superarían cualquier límite de tolerancia decente. Incluso en tragedias compartidas, como las recientes inundaciones de Alcazar el Kebir, algunos opinadores argelinos se las arreglaron para retratarnos siempre como el vecino más malo e insoportable del mundo. Curiosamente, esta calificación parece ignorar las enseñanzas del Profeta Muhammad, la paz de Allah sea con Él, que recomendaba amar para el prójimo lo que uno ama para sí mismo; un detalle menor, claro, para quien prefiere el espectáculo de la hostilidad gratuita.

 

En esta misma línea de descalificaciones argelinas se sitúan también las recientes afirmaciones que marcaron la famosa entrevista del presidente argelino Abdelmadjid Tebboune, en la que sostuvo que «a quien se le ocurra humillar a Argelia aún no lo ha parido su madre», una expresión de evidente carga provocadora, acompañada de alusiones implícitas y de una descalificación explícita de los Emiratos Árabes Unidos, gran Estado al que calificó despectivamente como un «estadito». Este tipo de formulaciones, que además coinciden con el hermetismo que impera en torno a la reunión celebrada en Madrid sobre el Sáhara Marroquí y que también se vinculan con la cancelación de los servicios aéreos entre los Emiratos Árabes Unidos y Argelia, resultan especialmente problemáticas para la diáspora argelina, en particular para aquellos que viven en los países del Golfo.

 

No cabe duda de que el conjunto de expresiones e insultos poco apropiados empleados por Abdelmadjid Tebboune en esta reciente entrevista, lejos de reforzar una imagen de firmeza institucional, pone de relieve una deriva discursiva que tensiona las relaciones exteriores y genera incomodidad entre amplios sectores de los ciudadanos argelinos. Tampoco cabe duda de que el Estado de los Emiratos Árabes Unidos, reconocido por su moderna economía, su infraestructura avanzada y su elevado nivel de vida, se vea afectado por el alcance inútil de tales calificaciones carentes de fundamento, especialmente si se considera que los Emiratos poseen algunos de los aeropuertos más destacados del mundo, con el Aeropuerto Internacional de Dubái a la cabeza por su excelencia en servicios y conectividad global.

 

La reciente entrevista de Abdelmadjid Tebboune, que se prolongó por casi dos horas entre desorden y falta de coherencia, estuvo marcada por anuncios de gran pomposidad, aunque poco novedosos. Entre ellos, el presidente destacó la futura digitalización de los datos fiscales de los ciudadanos argelinos, prevista para finales de 2026, un retraso significativo si se compara con países africanos y árabes que ya tienen plenamente operativos sus sistemas digitales.

 

Tebboune anunció también que los proyectos de futuro incluyen, por primera vez, el recurso a créditos bancarios por parte del Estado argelino; ciertamente, no para financiar la compra de productos como bananas, sino para defender causas internacionales. Describió con solemnidad esta iniciativa como una “nueva política del Estado argelino”. Sin embargo, sus declaraciones parecen más cartas de intención simbólicas y propagandísticas que políticas concretas: la simple promesa de digitalizar registros o la supuesta inauguración de líneas ferroviarias difícilmente pasará a la historia como un cambio estructural. Al parecer, la revolución financiera argelina comienza más en los titulares que en los balances.

 

Por si fuera poco, en la entrevista, poco preparada, o mejor dicho demasiado preparada, se mencionó la posibilidad de poner a disposición de la llamada cuarta autoridad argelina expedientes de corrupción, como si la filtración selectiva de documentos a la prensa, con la bendición de quién sabe qué círculos militares, pudiera considerarse un acto de transparencia. La jugada deja claro que la era de Abdelmadjid Tebboune podría estar acercándose a su fin, mientras los militares ya preparan su propio escenario, moviendo silenciosamente nuevos peones sobre el tablero político y asegurándose de que nadie pierda de vista quién maneja realmente las piezas.

 

*Académico y escritor.

 

Categorías : Análisis Argelia