Como aquel 31 de octubre de 2025 en que, por mayoría de sus miembros, el Consejo de Seguridad de la ONU, al aprobar la histórica Resolución 2797, decidió que el plan de autonomía presentado por el rey de Marruecos, Mohamed VI, a la propia ONU, en 2007, era la propuesta seria, realista y creíble para el Sáhara marroquí, el pasado 17 de junio, en el marco de las sesiones del Consejo de DD.HH. de la ONU, en Ginebra, 40 Estados de los 47 que lo integran-, han emitido una declaración de espaldarazo político que confirma el contenido de la referida Resolución 2797, para alcanzar una solución política definitiva.
Este conflicto ha pasado el medio siglo, anclando frustraciones para las poblaciones saharauis y, por ende para la región del Magreb, envuelta en desconfianzas por la irresponsabilidad de quienes absurdamente lo promovieron, es decir, Argelia, el vecino de Marruecos, obsesionado en sus pretensiones geopolíticas atlánticas que nunca tendrá, y el Frente Polisario, que le sirvió todo el tiempo como el títere idóneo para sus objetivos, los que juntos -conspiraron contra la integridad territorial del Marruecos-, crearon a la amorfa autoproclamada “República Árabe Saharaui Democrática” – RASD, bajo la burda narrativa de la descolonización, queriendo confundir a la comunidad internacional al pretender forzadamente que se vea a Marruecos como potencia ocupante de su propio territorio, un tremendo disparate que en el fondo desnudó planes mezquinos y arribistas como pasó a quienes en el Perú permitieron, irresponsablemente, que el gobierno del expresidente Castillo, tirando abajo el prestigio de la diplomacia de Torre Tagle, estableciera vinculaciones políticas con la referida entidad artificial (RASD), vinculada a grupos fallidos, marginales y terroristas.
Ahora que seguimos constatando que la ONU y sus Estados miembros –también en las recientes sesiones de su Comité Especial (Comité 24)–, bregan en favor de la soberanía de Marruecos sobre su Sáhara y de cómo siguen cerrando filas con el plan de autonomía para esta región marroquí, entonces, al nuevo gobierno del Perú, lo insto a que adhiera a la referida abrumadora corriente planetaria.
Por estos tiempos se vienen realizando las negociaciones cuatripartitas (Marruecos, Argelia, Frente Polisario y Mauritania) en torno del Sáhara y conforme la 2797, de un lado, bajo los auspicios de EE.UU., que, como hegemón, actúa con su poderoso manto protector para encausar a que las partes sin detención consigan el resultado esperado –su liderazgo e influencia ha logrado que Israel y Hezbolá, acuerden el alto al fuego–, y de otro, dentro del marco de la ONU, que brega por el mantenimiento de la paz en el globo, y del que, precisamente, el enviado del secretario general para el Sáhara Occidental, Staffan de Mistura, acaba de efectuar una gira hacia la zona reimpulsando in loco, estoy seguro, hacia la solución política y pragmática por la referida autonomía para el Sahara marroquí.
Ante estas evidencias en el contexto de la ONU, el Perú debería reconocer la soberanía de Marruecos sobre su Sáhara y apoyar el plan de autonomía para este territorio del sur del reino, materializándolo al abrir un consulado en Dajla, en pleno Sáhara marroquí.
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• Exministro de Exteriores del Perú





