Soukaina Aboudrar*
En el marco de la 79 sesión de la Asamblea General de la ONU y ante el convulso panorama internacional con el conflicto en Oriente Medio, el ministro de Asuntos Exteriores, Cooperación Africana y Marroquíes Residentes en el Extranjero, Nasser Bourita, explicó la estrategia de Marruecos en el tratamiento de estas cuestiones que están frenando el desarrollo de la región.
En su intervención, Bourita se centró principalmente en los mecanismos de la lucha contra el antisemitismo y la incitación al odio mediante la Educación.
En nombre de Marruecos, tierra de tolerancia y convivencia, Bourita llamó la atención sobre la gravedad de la situación actual, pues desde la Segunda Guerra Mundial, la convivencia nunca ha estado tan amenazada como en la actualidad. El discurso de odio racial, religioso y/o nacional se ha normalizado y trivializado como nunca antes.
Citando las palabras de su Majestad el Rey Mohamed VI con motivo de la visita del Papa Francisco en marzo de 2019, el ministro enfatizó que “para hacer frente al radicalismo, la respuesta no es ni militar ni presupuestaria; sino que tiene un nombre: Educación”.
Solo a través de la educación se pueden eliminar y combatir los idearios radicales, intolerantes y violentos, ya que es ahí mismo donde se han originado, prosiguió el ministro.
Además, la realidad religiosa de Marruecos es un ejemplo de tolerancia y convivencia de las tres religiones abrahámicas.
Los soberanos de Marruecos son los Comandantes de los Fieles: todos los creyentes. El Rey Mohamed VI siempre ha defendido la herencia de sus antepasados, por convicción y lealtad, promoviendo la convivencia entre musulmanes, cristianos y judíos, consagrando la identidad marroquí plural en el cuerpo mismo de la Constitución del Reino.
Ejemplo de esta lucha permanente contra el discurso de odio, Bourita recalcó en la labor pionera de Marruecos en persona de su monarca en este ámbito. Como ejemplo, la inauguración en enero de 2020 por parte del Soberano de “Bayt Al Dakira”, proyecto dedicado a la preservación y puesta en valor de la memoria judeo-marroquí, así como la restauración de los nombres de calles y barrios vinculados a la herencia judía de Marruecos.
Convencido de la importancia de la pedagogía como barrera contra las trágicas ilusiones del odio religioso, racial y nacional, el ministro anunció que Marruecos ya está preparando el futuro de la educación. Una educación que prepara a la ciudadanía, promueve la ética y los valores universales de la tolerancia y la convivencia.
“Estoy orgulloso de venir de un país, Marruecos, que es genéticamente portador de tolerancia y de convivencia. Este reino milenario ha sido, es y seguirá siendo un espacio de libertad, de mezcla cultural y de encuentro de civilizaciones”, concluyó el ministro.









