20 junio 2026 / 02:38

La Casa del Periodismo

Marruecos, un país donde la historia, la arquitectura y la cultura se entrelazan en cada esquina

Mares30- Tánger - octubre 15, 2024

Ignacio Sánchez Sorondo*

Mi nombre es Ignacio Sánchez Sorondo, cineasta, director y productor de la serie documental Horses & Humans para National Geographic.

 

Este proyecto me ha llevado a recorrer el mundo, explorando la profunda conexión entre los seres humanos y los caballos en diversas culturas. Ahora, estoy en Marruecos, específicamente en El Jadida, y la energía aquí es única. Este país tiene una relación profundamente arraigada con los caballos, un vínculo que se siente en el aire, en los ojos de la gente, y en las tradiciones que celebran su historia ecuestre.

 

He llegado en el momento perfecto para el Salon du Cheval, un evento que reúne a criadores, jinetes y apasionados del caballo de todo el mundo, pero lo que realmente captura la esencia de la relación entre Marruecos y los caballos es la tbourida, una antigua tradición que es tanto un espectáculo como un arte. Ver a los jinetes, o jouads, galopar en línea perfecta con sus caballos, cada uno sosteniendo un rifle antiguo, mientras realizan movimientos precisos y luego disparan al unísono, es simplemente sobrecogedor. Es un ritual que simboliza la valentía, el control, y la conexión casi espiritual entre el jinete y su caballo.

 


El sonido de los cascos golpeando el suelo polvoriento se mezcla con los ecos de los disparos y los vítores de la multitud, creando una atmósfera de adrenalina y respeto. Estos caballos, en su mayoría de la raza barb, son tan imponentes como ágiles, perfectamente entrenados para estas exhibiciones que requieren no solo fuerza física, sino también una confianza mutua entre el jinete y el animal. Esta danza entre el hombre y el caballo es una de las expresiones más puras de lo que busco explorar en esta serie: la relación entre humanos y caballos, que trasciende fronteras, culturas y siglos.

 

Marruecos tiene una riqueza cultural que me fascina, y los caballos están en el centro de muchas de sus costumbres más importantes. Además de la tbourida, en el Salon du Cheval se pueden ver desde exposiciones de razas autóctonas hasta competiciones modernas, todo un reflejo de cómo esta nación honra sus tradiciones mientras avanza en el mundo ecuestre internacional.

 

Con cada filmación, me doy cuenta de que los caballos son mucho más que animales de trabajo o de competencia; aquí en Marruecos son un símbolo de identidad, orgullo y legado.

 

Marruecos es mucho más que caballos; es un país de contrastes, de ciudades vibrantes y llenas de historia que parecen detenidas en el tiempo. En cada rincón, se siente el latido de una cultura rica y diversa, que va más allá de lo que se ve en la superficie.

 

En Rabat, la capital, se puede sentir la fusión entre lo antiguo y lo moderno. Es una ciudad imperial donde las fortalezas y las medinas amuralladas se encuentran con una arquitectura contemporánea. Las murallas de la Kasbah de los Udayas, con sus tonos ocres, dominan el horizonte, y las calles estrechas llenas de flores de colores contrastan con la majestuosidad del Mausoleo de Mohammed V y la Torre Hassan, símbolos del poder y la herencia del país. Es un lugar donde la modernidad convive con siglos de historia.

 

Luego está Esauira, una joya costera bañada por el Atlántico, cuyas murallas fortificadas parecen protegerla del paso del tiempo. Sus casas blancas con detalles en azul, las antiguas fortificaciones portuguesas y el sonido constante de las olas crean una atmósfera relajada y bohemia. Es fácil perderse por sus estrechas calles llenas de talleres de artesanos, sentir el aroma del pescado fresco en el puerto y ver a los pescadores preparando sus redes mientras las gaviotas vuelan sobre sus cabezas. Aquí, el mar y el viento han dado forma a una ciudad única en Marruecos.

 

Tánger, la puerta de entrada al norte de África, es una ciudad cargada de misticismo. Con su posición estratégica frente a España, siempre ha sido un lugar de encuentros, una mezcla de culturas e influencias europeas y árabes. Sus calles tienen un aire cosmopolita, con cafés antiguos que recuerdan a escritores y artistas que alguna vez la convirtieron en su refugio. La Kasbah y los callejones serpenteantes de la medina, pintados de tonos blancos y amarillos, ofrecen vistas espectaculares del estrecho de Gibraltar. Aquí, el pasado colonial y el presente se entrelazan, creando una energía particular.

 


Ifran
, conocida como la «Suiza de Marruecos», es una sorpresa en medio de todo este paisaje. Es una ciudad en las montañas del Atlas, famosa por su arquitectura europea, sus tejados inclinados y sus jardines perfectamente cuidados. En invierno, la nieve cubre todo y transforma la ciudad en un destino de esquí. Es un contraste total con las ciudades más caóticas y polvorientas del país, un remanso de calma y verdor.

 

Finalmente, no puedo dejar de mencionar la famosa Chefchaouen, la «ciudad azul». Es uno de esos lugares que parecen sacados de un cuento. Sus calles, completamente pintadas de azul, te sumergen en una calma profunda. Es como si caminaras por un océano de paredes, puertas y ventanas que brillan bajo el sol. Cada rincón es una postal, y su medina es un laberinto donde el color te envuelve y te transporta. La ciudad tiene una historia única y se dice que ese color azul representa el cielo y la espiritualidad, una metáfora de la conexión entre lo terrenal y lo divino.

 

Marruecos, con sus ciudades tan diferentes entre sí, es un país donde la historia, la arquitectura y la cultura se entrelazan en cada esquina.

 

Aquí, mientras retratamos la vida de los caballos, también capturamos la esencia de un pueblo orgulloso de su herencia y sus tradiciones.

 

– Cineasta, director y productor de la serie documental Horses & Humans para National Geographic.

 

Categorías : Cartas de Amor