21 junio 2026 / 18:42

La Casa del Periodismo

Alberto Mertah, escritor español, a Mares30: El Ramadán es siempre un momento muy inspirador

mares30 - marzo 26, 2025

Hoy vamos a compartir la experiencia ramadanesca de Alberto Mertah. Un gran conocedor de Marruecos también. Lleva mucho años en el Reino. Una figura muy querida, conocida y reconocida entre los hispanistas marroquíes. 

 

En esta charla con Mares30, Merteh afirma que Ramadán es una prueba de resistencia y de paciencia porque en lo más prosaico, todo cambia, y no precisamente para bien. Le gusta en especial la ruptura del ayuno en la playa, mirando cómo el sol se esconde en el Atlántico rodeado de familias y grupos de jóvenes que también desayunan en la arena.

 

¿Cuántas veces has vivido el mes de Ramadán en Marruecos? ¿En qué ciudades?

Llevo once años viviendo en Marruecos, así que he pasado muchas veces el Ramadán en este país, además de unos días durante mi primera visita a Marruecos antes de vivir aquí.

Siempre lo he pasado en Kenitra y alrededores, aunque puntualmente me haya podido encontrar de viaje en otros lugares.

Mi primera visita a Marruecos ocurrió en Ramadán y mi primera noche me hospedé en Imlil, aunque ahora sé que en aquella ocasión apenas entendí nada.

 

¿Cómo vives el día a día durante el mes de Ramadán? 

 

El día a día en Ramadán es una prueba de resistencia y de paciencia porque en lo más prosaico, todo cambia, y no precisamente para bien. Se cambian los turnos de trabajo en las fábricas, se modifican los horarios comerciales, se eliminan algunos trenes, se dificulta el transporte en general, se cierran cafés y restaurantes durante el día y un sinfín de pequeños y grandes cambios sobre los que no habías pensado hasta que lo vives en tus propias carnes.

Como soy profesor de español, el primer día de clase en Ramadán me gusta explicar lo que llamo “vocabulario de Ramadán”: tengo hambre, tengo sed y, sobre todo, tengo sueño y, además algunos, tengo el mono.

Durante todo el mes de Ramadán me preguntan varias veces al día si “hago el Ramadán”, ¡cómo si fuera posible seguir normalmente con nuestra vida sin hacer el Ramadán…!

 

¿Cómo te parece el ambiente en la calle, sobre todo por la tarde y la noche? 

 

Sin duda, una de las cosas más atractivas del Ramadán es el ambiente en la calle. Primero, en el mercado justo antes de la ruptura del ayuno, donde las gentes parecen estar realizando una coreografía conjunta fascinante y, más tarde, cuando la ciudad entera se tira a la calle pasado el desayuno. El ambiente nocturno es espectacular y digno de disfrutar.

Personalmente me gusta en especial la rotura del ayuno en la playa, mirando cómo el sol se esconde en el Atlántico rodeado de familias y grupos de jóvenes que también desayunan en la arena.

 

¿Cómo es la gente aquí en Ramadán?

 

El Ramadán es el momento del año más activo socialmente y me encanta dejarme atrapar por esa vorágine de encuentros con amigos y conocidos.

Es curioso cómo el Ramadán desata lo mejor y lo peor de las gentes. Por un lado, hay un ambiente festivo, de felicitación continua de awshar mabruka, de solidaridad, de convivialidad, pero al mismo tiempo a diario se pueden ver innumerables discusiones en cualquier parte por el más mínimo malentendido. Me hace gracia que siempre hay alguien que explica que se debe a la falta de nicotina.

 

¿Has compartido alguna vez la ruptura del ayuno con alguna familia marroquí? 

 

Sinceramente, la duda ofende. Por supuesto que he compartido la rotura del ayuno con marroquíes, todos los años y varias veces cada Ramadán. 

La primera vez ayuné más bien por curiosidad, por comprobar que no es para tanto eso de no comer ni beber durante una jornada, pero a partir de ahí lo he vivido siempre como una oportunidad para estar con amigos, para apreciar la cultura marroquí y por el propio disfrute de formar parte de la tradición del país donde resido.

 

¿Cuál es la comida marroquí que te gusta en Ramadán?

 

Lo que más me gusta es el rito es sí. Primero el estar ayunando, esa prueba de aguante durante la jornada, ese dolor de cabeza vespertino que tanto se parece a la resaca alcohólica. Cuando finalmente el almuédano avisa de la llegada del maghreb, me gusta esperar unos segundos, como haciendo ver que podría aguantar un poco más.

Me gusta comenzar con un trago de algún zumo, preferentemente de fresa, saborear con calma el primer dátil, dar un sorbo de leche y probar la harira, preguntar quién la ha preparado y felicitar por lo buena que está. En realidad, en el desayuno de Ramadán, la comida me parece lo de menos, lo que haya bien está, lo más importante es la compañía y el rito.

El padre de mi amigo Mourad Fedouache, Mohamed, murió hace un par de años en una leila diel qadar en Ramadán y mi amigo y yo hemos cogido la costumbre de ir a su tumba antes del atardecer. Esa visita al maqbara buscando la tumba de Mohamed es mi idea del Ramadán.

 

El Ramadán ha sido por supuesto siempre un momento muy inspirador y así lo he reflejado en algunas entradas de mi blog sobre Marruecos El zoco del escriba.

(Des)ayuno de Ramadán

Las horas del día

Puro Ramadán

 

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