Entrevistado por Toufiq Slimani
Un político con una amplia trayectoria. Un investigador riguroso. Un intelectual que ha sabido combinar la experiencia de la gestión pública con la profundidad del análisis académico. Comprometido con los desafíos políticos, sociales, culturales e intelectuales de Marruecos. Mohamed Benabdelkader se ha consolidado como una de las voces más autorizadas para analizar las grandes transformaciones del Reino desde una perspectiva tanto institucional como estratégica.
Con motivo del 27.º aniversario de la Entronización de Su Majestad el Rey Mohammed VI, Mares30 pregunta y escucha a Mohamed Benabdelkader, investigador y exministro marroquí, quien ofrece una lectura serena y clara sobre el balance del Reinado, el alcance del último discurso real, la evolución de la cuestión del Sáhara, las relaciones entre Marruecos y España y el ascenso de la derecha y la extrema derecha en Europa y América.
– Este jueves 30 de julio, Marruecos conmemorará la Fiesta del Trono, que celebra los 27 años del ascenso al Trono de Su Majestad el Rey Mohammed VI. ¿Qué nos podría decir sobre Marruecos durante los últimos 27 años?
– Una radiografía lo más objetiva posible del reinado de Mohammed VI (1999-2026) debería ofrecer un balance de modernización profunda, estabilidad política y avances tangibles en infraestructura, economía e influencia internacional, junto a reformas sociales aún limitadas y a problemas estructurales persistentes de desigualdad, desempleo juvenil y fracturas sociales y territoriales, que el propio Monarca ha reconocido en discursos recientes.
El reciente informe anual del Banco de Marruecos (Bank Al-Maghrib) correspondiente a 2025, presentado por su gobernador Abdellatif Jouahri al rey Mohamed VI a mediados de julio de 2026, ofrece un respaldo sólido y actualizado para argumentar las limitaciones y retos del reinado en materia de desigualdad social y territorial y desempleo juvenil. No obstante, este diagnóstico de las carencias no debe oscurecer el balance global de casi tres décadas. Los logros más destacados de los 27 años de reinado de Mohammed VI son, a mi juicio, la estabilidad institucional en un entorno regional turbulento, la modernización material del país, la mejora de los indicadores sociales básicos y una mayor proyección internacional.
– ¿Qué es lo que más le llamó la atención en el discurso que Su Majestad el Rey dirigió a la Nación en el vigésimo séptimo aniversario de su accesión al Trono?
– El discurso Real, en su conjunto, invita a una reflexión atenta: cada palabra y cada frase están cargadas de sentido y merecen una lectura pausada y profunda. Dicho esto, lo que más ha estimulado mi curiosidad es que el Rey no se limita a elaborar un simple inventario de logros, como es habitual en el discurso del Trono. Impone, en cambio, una lectura filosófica y política de su reinado, un poder orientado al servicio, fundado en un método y ejercido de manera colectiva. El «nosotros» compartido, la conversión del balance en energía y las explicitaciones de la doctrina de poder constituyen, en definitiva, el verdadero núcleo del discurso Real.
Por tanto, resulta especialmente llamativo que Su Majestad no se limite a presentar el balance de su reinado. Aprovecha, en cambio, la ocasión para exponer con una claridad poco habitual su filosofía del poder, así como los valores y los métodos que orientan su ejercicio, la manera en que concibe su responsabilidad, define la finalidad de su acción y articula su relación con el pueblo. Se trata de un poder puesto al servicio de una misión, que lejos de ejercerse en una lógica de apropiación personal, se despliega en una lógica de responsabilidad colectiva y que, en lugar de buscar la gloria, genera confianza.
– ¿Cómo analiza la evolución del conflicto del Sáhara en estos 27 años?
– La evolución del conflicto del Sáhara durante los 27 años del reinado de Mohamed VI puede analizarse como el paso de un conflicto congelado y centrado en un referéndum nunca celebrado a un escenario de consolidación territorial y diplomática marroquí, con un creciente reconocimiento internacional del plan de autonomía. En otras palabras, bajo el liderazgo del Rey Mohammed VI el conflicto ha evolucionado desde un empate estratégico centrado en el referéndum, hacia una clara asimetría favorable a Marruecos, tanto sobre el terreno como en el plano diplomático.
Rabat ha logrado que su plan de autonomía sea considerado por potencias clave como la única opción realista, mientras la tesis separatista del régimen argelino atraviesa el pico de su aislamiento, reducida hoy a una simple ilusión, a una perspectiva altamente arriesgada y, en última instancia, demasiado absurda para sostenerse en el nuevo contexto geopolítico.
– ¿Podríamos decir que el conflicto del Sáhara ya está zanjado tras la última resolución 2797 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas?
– Sería exagerado afirmar que el conflicto esté zanjado en el marco del proceso de Naciones Unidas, ni siquiera tras la resolución 2797. Sin embargo, desde la perspectiva marroquí -reiterada en múltiples ocasiones por el propio Rey Mohamed VI- la lectura es radicalmente distinta y se puede resumir en el simple hecho de que la resolución definitiva del conflicto no es un problema marroquí. Marruecos considera que su soberanía sobre el Sáhara es histórica, legítima e irrevocable, y que la cuestión está ya cerrada en el plano interno. El rey ha formulado esta idea de forma clara y reiterada: “Marruecos está en su Sáhara y el Sáhara está en Marruecos”. Desde esta óptica, el territorio forma parte inseparable del Reino y no es objeto de negociación sobre su pertenencia.
Si percibimos este conflicto como un problema artificial creado y alimentado por Argelia, pues corresponde a Argelia asumir la plena responsabilidad del destino de esa ilusión y de las poblaciones que mantiene retenidas en los campamentos de Tinduf. Marruecos se presenta en este contexto como un actor que ha ofrecido una solución política realista (el plan de autonomía de 2007), mientras que el bloqueo se atribuye a la negativa argelina a abandonar su postura. La resolución 2797 del Consejo de Seguridad constituye una clara confirmación internacional de que el plan de autonomía es la vía más factible, reforzando así la idea de que el tiempo juega a favor de Marruecos y de que la “ilusión separatista” carece ya de cualquier horizonte serio y realista. Por tanto, el conflicto no es un problema de Marruecos, sino de quienes lo crearon y lo alimentaron.
– ¿Cómo analiza las relaciones actuales entre Marruecos y España en esos 27 últimos años?
– Las relaciones entre Marruecos y España durante los 27 años de reinado de Mohamed VI (1999-2026) se pueden analizar como una relación de vecindad compleja, marcada por una profunda interdependencia y por ciclos de crisis y reconciliación, en la que el Sáhara marroquí ha actuado como el principal termómetro político. Bajo el reinado del rey Mohammed VI, estas relaciones han pasado de un patrón de crisis recurrentes a una fase de mayor estabilidad y alineamiento político. Desde 2022. España ha aceptado, de hecho, la premisa marroquí de que el respeto a la soberanía marroquí en el Sáhara es condición indispensable para una relación fluida. Desde entonces, las relaciones se han estabilizado en un tono de asociación estratégica, con cumbres regulares de 2025 y un discurso oficial de “nueva etapa” basada en la transparencia, el diálogo permanente y el respeto mutuo.
No obstante, aún queda todo un camino por recorrer para que este espíritu constructivo se generalice a los medios de información y algunas fuerzas políticas en España. Mientras los gobiernos de ambos países hablan de cooperación y confianza mutua, una parte significativa del espacio mediático español sigue anclada en narrativas de sospecha, alarmismo y prejuicios residuales, dificultando que el nuevo clima político se traduzca plenamente en imaginario público.
– ¿Le preocupa el sorpasso de la derecha y la extrema derecha en España, Europa y las Américas?
– No creo que debería preocupar excesivamente a Marruecos, aunque tampoco puede ignorarlo. El auge de la derecha y la extrema derecha en España, Europa y partes de América, presenta tanto riesgos como oportunidades, y la experiencia de los últimos años sugiere que la diplomacia marroquí sabe navegar este tipo de cambios. En otras palabras, Marruecos no debería dramatizar el “sorpasso” de la derecha y la extrema derecha, porque históricamente ha sabido trabajar tanto con gobiernos progresistas como conservadores. En el tema central de su política exterior (el Sáhara), los gobiernos de derecha en Europa y Latinoamérica han sido, en general, más favorables o al menos más pragmáticos que muchos de izquierda.
No es por tanto una amenaza existencial ni un motivo de alarma estratégica. Es un cambio de paisaje que Marruecos puede gestionar, e incluso aprovechar, siempre que mantenga su tradicional capacidad de adaptación y su prioridad clara: la consolidación de su posición en el Sáhara y la estabilidad de la relación con España.
– Por último, ¿qué mensaje(s) quiere transmitir a los lectores?
– Más allá de las instituciones y las políticas públicas, quisiera destacar en esta ocasión, que la figura de Su Majestad el Rey Mohammed VI ocupa hoy un lugar especial en el imaginario colectivo marroquí. Para el pueblo, encarna la continuidad histórica del Estado, la estabilidad del Reino y la protección de la nación. Su estrecha relación con los ciudadanos, frecuentemente demostrada, refuerza este vínculo único entre la Monarquía y el pueblo, un vínculo tejido de cercanía, escucha y compromiso compartido.
En un mundo marcado por la incertidumbre y los cambios acelerados, esta relación directa y humana entre el Soberano y los marroquíes constituye uno de los pilares más sólidos de la cohesión nacional. No se trata solo de simbolismo, es una realidad viva que se manifiesta en la confianza, en la capacidad de movilización colectiva y en la certeza de que, más allá de las dificultades, existe un referente permanente de unidad y de esperanza.
Por ello, mi mensaje a los marroquíes en esta Fiesta del Trono, es que miren hacia el futuro con confianza y determinación. Que preserven la unidad que ha sido siempre la fuerza de este país, que sigan apostando por el trabajo, la solidaridad y la ambición colectiva, y que sepan que el camino recorrido durante estos veintisiete años – con sus logros y sus desafíos – es la mejor prueba de que Marruecos sabe avanzar cuando avanza unido. Que esta Fiesta del Trono sea, una vez más, ocasión de reafirmar el orgullo de pertenecer a una nación que, bajo la conducción de Su Majestad el Rey, continúa escribiendo su historia con serenidad, perseverancia y fe en sí misma.








