Entrevistado por Toufiq Slimani
En el marco del nuevo proyecto «Entrevistas con jóvenes hispanistas marroquíes», conversamos con el Driss Oueldlhaj, hispanista, traductor y profesor de español en la Facultad de Lenguas, Artes y Ciencias Humanas de la Universidad Hassan I de Settat.
En esta entrevista concedida al diario marroquí “Mares30”, Oueldlhaj repasa sus primeros contactos con la lengua española, iniciados en 1983, y reflexiona sobre el papel de la traducción literaria como instrumento de diálogo intercultural, así como sobre los desafíos que plantea la inteligencia artificial para el futuro de la profesión.
El académico aborda también la situación del hispanismo en Settat, las perspectivas del español en Marruecos y su potencial como herramienta de desarrollo profesional y diplomacia cultural. Asimismo, analiza la diplomacia futbolística, el auge de la extrema derecha en Andalucía y las relaciones culturales entre Marruecos y América Latina.
Una conversación que reivindica el aprendizaje de lenguas como vía para comprender al otro y ampliar nuestra mirada sobre el mundo.
– Usted es profesor de español en la Facultad de Letras, Ciencias Humanas, Lenguas y Artes de la Universidad Hassan I de Settat. Háblenos de sus primeros contactos con la lengua española.
– Mi primer contacto con el español fue, en cierta medida, fruto del azar. En septiembre de 1983, y sin haberlo elegido voluntariamente, me encontré formando parte de la única clase de español del Instituto Al Imam Al Ghazali, de Mequínez, donde tuve el privilegio de ser alumno de una de las figuras más eminentes del hispanismo marroquí: el Dr. Abdelhak Serghini. Fue él quien me inició, de una manera tan apasionante como gratificante, en la lengua de Cervantes. Gracias a su magisterio, me enamoré del español y opté por la modalidad de estudios de secundaria que entonces se conocía como «Preformación Española». Desde aquellas primeras clases con este extraordinario profesor, se despertó en mí un interés creciente por la lengua y la cultura hispánicas, interés que terminó orientando mi trayectoria académica y profesional.
– ¿Qué podría decirnos sobre la traducción literaria del español al árabe y viceversa?
– La traducción literaria constituye uno de los ejercicios intelectuales más complejos y, al mismo tiempo, más enriquecedores. Traducir una obra literaria no consiste simplemente en trasladar palabras de una lengua a otra, sino en recrear un universo estético, cultural y simbólico, respetando la voz del autor y haciendo posible que el lector de otra cultura experimente emociones, matices y sensibilidades semejantes.
Entre el español y el árabe, este reto resulta aún mayor debido a las profundas diferencias lingüísticas, estilísticas y culturales que caracterizan ambas tradiciones. Precisamente por ello, el traductor desempeña un papel esencial como mediador intercultural. Su labor exige una sólida formación filológica, un profundo conocimiento de las dos culturas y una sensibilidad literaria capaz de preservar tanto el sentido como la belleza del texto original.
A mi juicio, todavía queda un amplio camino por recorrer para intensificar la circulación de obras literarias entre el mundo hispánico y el árabe. La traducción debe entenderse como una vía privilegiada de diálogo entre civilizaciones y como un instrumento de primer orden para favorecer el conocimiento mutuo, combatir los estereotipos y estrechar los vínculos entre nuestras sociedades.
– ¿Cómo ve el futuro de la traducción en la era de la Inteligencia Artificial?
– La Inteligencia Artificial representa una revolución comparable a la aparición de Internet. Sus avances ofrecen herramientas extraordinarias para acelerar procesos, mejorar la documentación terminológica e incluso facilitar las primeras versiones de una traducción.
Sin embargo, conviene distinguir entre información y creación. La literatura, la filosofía o la poesía continúan dependiendo de la interpretación, de la sensibilidad y de la experiencia humana. Una máquina puede reproducir estructuras lingüísticas con enorme eficacia, pero todavía resulta difícil que comprenda plenamente la ironía, la ambigüedad, el silencio, el simbolismo o la carga emocional de un texto.
Por ello considero que el futuro no pasa por la sustitución del traductor, sino por una colaboración inteligente entre la competencia humana y las nuevas tecnologías. La IA transformará la profesión, pero seguirá siendo el criterio del traductor el que garantice la calidad final del texto.
– ¿Cómo está el Hispanismo académico en Settat?
– El hispanismo académico en Settat inició su andadura en el curso 2024-2025. Desde su creación, ha apostado por una formación innovadora denominada LCDC (Lenguas, Comunicación y Diplomacia Cultural), que se inscribe en el ámbito de las actuales Lenguas Aplicadas. Se trata de la primera titulación en Marruecos que integra dos lenguas extranjeras —el español y el portugués— como ejes fundamentales de la formación.
En realidad, ante la escasa demanda de estudios de español en la región, optamos por este modelo tanto por necesidad como por una firme voluntad de innovación. Nuestro objetivo es formar profesionales capaces de dominar las lenguas ibéricas, las técnicas de comunicación y las competencias propias de la diplomacia cultural, de modo que puedan responder a las necesidades de instituciones públicas y privadas, especialmente en el contexto de la organización conjunta del Mundial de Fútbol de 2030 por Marruecos, España y Portugal.
Actualmente contamos con un equipo de cinco profesores plenamente comprometidos, un alumnado motivado y una actividad investigadora en constante crecimiento. Gracias al esfuerzo colectivo realizado desde la puesta en marcha de esta iniciativa, la Universidad Hassan I de Settat ha logrado incorporarse al grupo de universidades marroquíes que ofrecen estudios universitarios de Hispanismo.
No obstante, somos plenamente conscientes de que aún quedan importantes desafíos por afrontar. Será necesario consolidar la investigación científica, ampliar los programas de movilidad internacional, fortalecer la cooperación con universidades españolas e iberoamericanas e impulsar la publicación académica en lengua española. Estamos convencidos de que estos objetivos contribuirán a consolidar el proyecto y a reforzar la presencia del hispanismo en nuestra universidad y en la región.
– En su calidad de hispanista, ¿cómo ve el presente y futuro del español en Marruecos?
– El español ocupa una posición privilegiada en Marruecos por razones históricas, geográficas, económicas y culturales. Es la lengua de uno de nuestros principales socios y constituye, además, un vehículo de comunicación con más de veinte países. Su futuro dependerá de nuestra capacidad para vincular su aprendizaje con oportunidades reales de formación, investigación y empleo. Las nuevas generaciones buscan competencias que les permitan desenvolverse en un contexto internacional, y el español responde plenamente a esa necesidad.
En este sentido, soy optimista en la medida en que el crecimiento demográfico del español en el mundo y la creciente importancia de América Latina ofrecen perspectivas muy favorables para quienes decidan especializarse en esta lengua.
– ¿Qué propuestas tiene para poder mejorar la situación del español en Marruecos?
– Pienso que sería conveniente actuar en varios niveles. En primer lugar, reforzar la enseñanza del español desde etapas más tempranas del sistema educativo. En segundo lugar, consolidar la formación de profesores mediante programas permanentes de actualización pedagógica. Asimismo, sería deseable intensificar los intercambios universitarios, crear más proyectos conjuntos de investigación, favorecer la traducción de obras marroquíes al español y de obras hispánicas al árabe, y fortalecer la cooperación cultural entre las instituciones de ambos países.
Finalmente, considero fundamental que el español se perciba no solo como una lengua extranjera, sino como una herramienta de desarrollo profesional, de diplomacia cultural y de diálogo internacional.
– Acabamos de ver el debate generado antes, durante y después de la participación de la selección nacional de fútbol en el Mundial. Hemos comprobado que el fútbol puede convertirse en una de las herramientas diplomáticas más eficaces. ¿Podría la diplomacia futbolística convertirse también en una herramienta útil para reforzar la presencia y la influencia de Marruecos en el mundo hispánico?
– Sin duda. El deporte, y particularmente el fútbol, constituye hoy una de las formas más eficaces de diplomacia pública. La extraordinaria imagen proyectada por Marruecos durante el Mundial demostró que el deporte puede transmitir valores de excelencia, diversidad, hospitalidad y convivencia mucho más eficazmente que numerosos discursos institucionales.
En el caso del mundo hispánico existe además un terreno especialmente favorable, ya que el fútbol forma parte de una cultura compartida por España y la inmensa mayoría de los países latinoamericanos. Aprovechar esa afinidad permitiría desarrollar proyectos educativos, culturales y deportivos que reforzarán los vínculos entre Marruecos y los países hispanohablantes, y es que la diplomacia contemporánea ya no se limita a la acción de los Estados; también se construye a través de la cultura, el deporte, la universidad y la sociedad civil.
– ¿Qué podría decirnos sobre el auge de la extrema derecha en Andalucía? Vox, un partido contrario a la idea de Al-Ándalus y a los valores de convivencia, ha llegado al Gobierno andaluz. ¿Qué lectura hace de este fenómeno?
– El auge de las fuerzas políticas de extrema derecha no constituye un fenómeno exclusivamente español, sino que forma parte de una tendencia observable en numerosos países europeos. Sus causas son múltiples: incertidumbre económica, transformaciones sociales, crisis migratorias, desconfianza hacia las instituciones e instrumentalización política de la identidad.
Desde una perspectiva académica conviene analizar estos fenómenos con serenidad, evitando tanto la simplificación como la polarización, dado que la historia demuestra que las sociedades son siempre más complejas que los discursos ideológicos que pretenden reducirlas.
En cuanto a Al-Ándalus, considero que forma parte del patrimonio histórico compartido entre España y el mundo árabe. Su estudio debe realizarse desde el rigor científico, lejos de lecturas políticas coyunturales. Este espacio, más que un instrumento de confrontación, constituye un espacio privilegiado para reflexionar sobre los procesos históricos de intercambio cultural y de construcción de identidades.
– ¿Cómo ve las relaciones culturales actuales entre Marruecos y América Latina?
– Las relaciones culturales entre Marruecos y América Latina han avanzado de forma significativa en los últimos años, aunque todavía poseen un enorme potencial de crecimiento.
Compartimos intereses en ámbitos como la educación superior, la traducción, la literatura, el patrimonio, la diplomacia cultural y la cooperación Sur-Sur. En este proceso, las universidades desempeñan un papel fundamental. La investigación conjunta, la movilidad académica, la organización de congresos y la traducción de obras constituyen instrumentos eficaces para consolidar esos vínculos.
Yo estoy convencido de que el espacio iberoamericano representa una oportunidad estratégica para Marruecos, tanto desde el punto de vista cultural como académico.
– Por último, ¿qué mensaje(s) quiere transmitir a los lectores?
– Me gustaría transmitir un mensaje de confianza en el poder transformador del conocimiento. Aprender una lengua extranjera no consiste únicamente en adquirir una competencia comunicativa; significa desarrollar una mirada más abierta hacia el mundo y comprender mejor al otro.
Estamos viviendo en una época marcada por profundos cambios tecnológicos y geopolíticos y, en este contexto, la educación, la cultura y el diálogo intercultural adquieren una importancia decisiva. El español, el árabe y las demás lenguas no deben verse como elementos que separan a las personas, sino como puentes que favorecen el entendimiento mutuo.
A las nuevas generaciones les diría que mantengan viva la curiosidad intelectual, que lean, que viajen cuando sea posible y que nunca dejen de aprender. La universidad no solo forma profesionales; forma ciudadanos capaces de construir sociedades más dialogantes, más justas y más abiertas al mundo.









