07 agosto 2026 / 14:49

La Casa del Periodismo

El Sáhara marroquí en 2026: la consolidación de una Autonomía bajo el imperio de los hechos

mares30 - agosto 7, 2026

Safia ABAHAJ*

Medio siglo después de la Marcha Verde, el Sáhara Occidental asiste a una transformación histórica que pocos observadores habrían pronosticado hace una década. Lo que durante décadas fue un conflicto enquistado entre la autodeterminación y la integración territorial está dando paso a un nuevo paradigma: el de la autonomía bajo soberanía marroquí, refrendado por un creciente consenso internacional y anclado en los mecanismos del derecho de las Naciones Unidas. Pero 2026 no es solo el año de la consolidación diplomática; es el año en que Marruecos ha pasado de la retórica a los hechos sobre el terreno, transformando las provincias del sur en un polo de desarrollo económico y geopolítico que desafía cualquier intento de reversión.

 

El parteaguas de la Resolución 2797

 

El 31 de octubre de 2025, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas adoptó la Resolución 2797 con once votos a favor, tres abstenciones Rusia, China y Pakistán y la ausencia deliberada de Argelia, miembro no permanente del Consejo. Por primera vez en décadas, el documento establecía explícitamente que «una autonomía genuina bajo soberanía marroquí podría constituir la solución más viable» para resolver la disputa territorial. La resolución no solo renovaba el mandato de la MINURSO hasta el 31 de octubre de 2026, sino que situaba la propuesta de autonomía marroquí, presentada originalmente en 2007, como la base para futuras negociaciones.

 

El significado de este voto trasciende lo meramente procesal. Argelia, que ocupaba entonces un escaño no permanente en el Consejo, optó por no participar en la votación, denunciando que el texto se apartaba de los principios de descolonización de Naciones Unidas. Su representante, Amar Bendjama, justificó el rechazo al resaltar que Argel no consideraba que la resolución «refleje en modo suficiente la doctrina con respecto a la descolonización». Pero la ausencia argelina hablaba más alto que sus palabras: era el reconocimiento tácito de que su posición había quedado aislada. El embajador estadounidense ante la ONU, Mike Waltz, se felicitó por la resolución, asegurando que abría la puerta a «una nueva era de paz para la región» e instó a las partes a «aprovechar las próximas semanas» para lanzar un proceso de negociación «realista».

 

El rey Mohamed VI, apenas horas después de la votación, dirigió un mensaje a la nación calificando el momento como un punto de inflexión: «habrá un antes y un después del 31 de octubre». El Frente Polisario lo rechazó categóricamente, advirtiendo que el cierre de vías políticas podría reactivar la confrontación armada, suspendida desde el 6 de septiembre de 1991. Pero la realidad geopolítica ya se había movido en otra dirección.

 

El plan de autonomía: de la declaración política al estatuto orgánico

 

El verdadero salto cualitativo llegó en febrero de 2026, cuando el ministro marroquí de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita, presentó en Madrid el plan ampliado de autonomía. No se trataba ya de la declaración política de 2007, sino de un texto estructurado de unas 40 páginas, coordinado por tres consejeros reales por mandato expreso del rey Mohamed VI. El documento había sido elaborado con la participación de partidos políticos, instituciones públicas y privadas y organizaciones de expertos, tomando como referencia algunos casos de la escena internacional, entre ellos el de las comunidades autónomas españolas.

 

La arquitectura normativa del estatuto es de una precisión casi constitucional. El documento retoma la matriz de la iniciativa de 2007 pero la transforma en un texto estructurado artículo por artículo, que incluye definiciones normativas, cláusulas de interpretación, disposiciones transitorias, mecanismos de articulación constitucional y procedimientos de control. La distribución de competencias se basa en una técnica mixta que combina una lista exhaustiva de competencias estatales exclusivas defensa nacional, seguridad estratégica, política exterior, representación diplomática, moneda, política monetaria, nacionalidad, símbolos de la soberanía y orden jurisdiccional supremo y una lista detallada de competencias regionales en urbanismo, turismo, industria, pesca, sanidad y educación. El estatuto incluye una cláusula de subsidiariedad según la cual cualquier competencia no asignada explícitamente a la Región sigue siendo competencia nacional.

 

El rey Mohamed VI se reserva el derecho de investidura del presidente del Ejecutivo saharaui, y el estatuto deberá ser aprobado mediante referéndum nacional y no solo en el territorio saharaui, para evitar su interpretación como consulta de autodeterminación. El documento fue adoptado como Documento Técnico en la reunión de Madrid, aceptado por todas las partes, y en él va a trabajar una Comisión de Técnicos y expertos de Marruecos, Argelia y Mauritania.

 

El apoyo internacional: un consenso en expansión

 

El respaldo al plan de autonomía marroquí ha alcanzado cotas impensables hace apenas cinco años. Más de 120 países de todo el mundo apoyan actualmente la iniciativa. Tres decenas de Estados han abierto consulados en el 80 Sáhara, y más de 40 países han reconfirmado su pleno apoyo a la marroquidad del Sáhara y a la iniciativa de autonomía como única solución.

 

El giro europeo ha sido especialmente significativo. La Unión Europea, a través de su Consejo de Asociación del 29 de enero de 2026, el primero desde 2019, formalizó el respaldo de los Veintisiete al plan.

 

Bélgica, en marzo de 2026, reafirmó su apoyo «claro y constante» a la iniciativa, situándose en el círculo de los países europeos que consideran explícitamente el plan de autonomía marroquí como la base para la solución. Portugal se sumó a mediados de enero. Francia, Alemania, Finlandia y Países Bajos ya habían manifestado su respaldo con anterioridad. En total, una treintena de países europeos, incluyendo 24 Estados miembros de la UE, respaldan actualmente esta posición.

 

El respaldo africano también se ha ampliado. Burundi, Malí y otros países del continente han reiterado su apoyo a la marroquidad del Sáhara. El consenso entre los países del Golfo y África refuerza la prioridad de una solución política.

 

La dimensión económica: el Sáhara como polo de desarrollo

 

Mientras la diplomacia avanzaba, Marruecos ha desplegado una estrategia de desarrollo sin precedentes en las provincias del sur. El Reino ha destinado más de 8.000 millones de euros a infraestructuras en la región, con el objetivo de transformar el Sáhara en un polo económico integrado en la economía nacional y continental.

 

El proyecto más emblemático es la autopista Tiznit-Dajla, una vía de 1.055 kilómetros que conectará el norte de Marruecos con el puerto atlántico de Dajla, en el corazón del Sáhara. El pasado 27 de julio, el expresidente Donald Trump anunció que Marruecos había bautizado la autopista con su nombre: la «Autopista Donald J. Trump». El proyecto, preparado durante diez años, supone una inversión millonaria y una apuesta estratégica por la integración territorial.

 

En el plano financiero, Washington ha puesto en marcha la primera inversión federal en el Sáhara marroquí. El 28 de julio de 2026, Estados Unidos inauguró una «nueva era de inversión» en la región con su primer proyecto federal en El Aaiún. Se espera que la administración estadounidense apruebe una inversión de 5.000 millones de dólares para las provincias del sur. Marruecos y Estados Unidos han firmado además un memorando de entendimiento sobre cooperación e inversión en la exploración y extracción de minerales.

 

En el sector agroalimentario, Marruecos ha licitado 1.090 hectáreas en el Sáhara para proyectos agrotech, abriendo una oportunidad de inversión de 4.000 millones de dólares para 35 mipymes.

 

El nuevo actor saharaui: el Movimiento Saharaui por la Paz

 

Uno de los desarrollos más significativos y menos conocidos de 2026 es la irrupción del Movimiento Saharaui por la Paz (MSP) en el escenario diplomático. El pasado 30 de junio, el embajador estadounidense ante la ONU, Mike Waltz, se reunió con una delegación del MSP, disidentes del Frente Polisario que reclaman una voz propia para los saharauis. El MSP ha reforzado su presencia diplomática ante la ONU y ha solicitado a De Mistura un proceso de consultas más inclusivo para evitar un nuevo colapso de las negociaciones.

 

Este movimiento fractura el monopolio representativo que el Polisario había mantenido durante décadas. El líder del Polisario, Brahim Gali, ha reivindicado que su organización es «el único y legítimo representante del pueblo del Sáhara Occidental», pero la emergencia del MSP demuestra que el espectro político saharaui es más diverso de lo que el Polisario reconoce. La cuestión del Sáhara Occidental, como ha señalado el MSP, «no se trata de una cuestión de optimismo, sino de descolonización, de aplicación del Derecho Internacional», pero también de ofrecer a los saharauis un futuro de dignidad y desarrollo.

 

El proceso de negociación: luces y sombras

 

El enviado personal del Secretario General de la ONU, Staffan de Mistura, ha realizado varios viajes a la región para reactivar las negociaciones. En febrero de 2026, se celebraron en Washington conversaciones que la ONU calificó como «alentadoras». Sin embargo, la reunión de Madrid del mismo mes no produjo acuerdos visibles. El Consejo de Seguridad ha instado a las partes a entablar conversaciones sin condiciones previas, para obtener una «solución política definitiva y mutuamente aceptable, que prevea la autodeterminación del pueblo saharaui».

 

La tensión militar sigue latente. El pasado 8 de junio, Marruecos llevó a cabo un ataque con drones en el que murieron un alto dirigente del Frente Polisario y otros dos miembros. El Polisario denunció el ataque, pero Marruecos no se ha pronunciado oficialmente. La comunidad internacional, según informes de la ONU, observa un «silencio ensordecedor» ante estos hechos. La muerte de Abdelaziz ha generado incertidumbre en la línea sucesoria del movimiento independentista, mientras el Polisario se debate entre la confrontación armada y la irrelevancia diplomática.

 

El derecho internacional en la encrucijada

 

Desde la perspectiva del derecho internacional, la evolución es compleja. El Sáhara Occidental figura en la lista de territorios no autónomos del Comité Especial de Descolonización desde 1963. La Resolución 2797, sin embargo, no invoca el derecho a la independencia, sino que abre la vía a una solución política negociada que respete la integridad territorial de Marruecos y ofrezca un autogobierno creíble a la población saharaui. El plan de autonomía, avalado por la ONU, es visto por algunos analistas como un precedente peligroso que vulnera el principio de libre determinación. Otros, en cambio, lo consideran la única solución realista para un conflicto que lleva décadas enquistado.

 

El reconocimiento internacional del plan de autonomía ofrece a Marruecos una ventana de oportunidad incluso en el plano financiero y comercial. Pero también plantea interrogantes sobre la viabilidad de una autonomía sin democracia plena en Marruecos. La comunidad internacional observa, y el tiempo apremia.

 

Conclusión: el imperio de los hechos

 

El diferendo del Sáhara marroquí ha entrado en una nueva fase. La Resolución 2797, el plan de autonomía de 40 páginas, el apoyo de 120 países, las inversiones de 8.000 millones de euros, la autopista Trump, el primer proyecto federal estadounidense en El Aaiún, la irrupción del Movimiento Saharaui por la Paz… son hitos que dibujan un escenario irreversible.

 

La autodeterminación como independencia ha dejado de ser el horizonte político viable. En su lugar, la autonomía bajo soberanía marroquí emerge como la solución respaldada por un consenso internacional creciente y por una propuesta concreta que ofrece a la población saharaui un autogobierno con competencias amplias, dentro de un Estado que garantiza su estabilidad y desarrollo.

 

He seguido este conflicto durante años, he visto cómo las posiciones se enquistaban y cómo la comunidad internacional se desgastaba en debates estériles. Pero lo que está ocurriendo en 2026 es diferente. No es solo diplomacia; es la construcción de una realidad sobre el terreno que hace cada vez más difícil cualquier retorno al statu quo anterior. Las provincias del sur de Marruecos no son ya un territorio en disputa; son un territorio en desarrollo, con infraestructuras, inversiones y un reconocimiento internacional que crece día a día.

 

«El Sáhara marroquí es la brújula que guía cada paso de nuestra nación; en su integridad reside nuestra dignidad, y en su desarrollo, nuestro futuro común”, reafirmó Su Majestad el Rey Mohamed VI.

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(*) Investigadora saharauí

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