Omar Ajana*
Hay fronteras que se atraviesan con un pasaporte. Y hay otras que empiezan mucho antes, frente a una pantalla de ordenador, intentando conseguir una cita, reuniendo documentos, justificando ingresos, explicando un viaje y esperando durante semanas —o meses— una respuesta que puede terminar reducida a una simple palabra: denegado.
Para muchos marroquíes que quieren viajar a España, obtener un visado Schengen se ha convertido en una auténtica carrera de obstáculos.
No hablamos solamente de burocracia. Hablamos de tiempo, dinero, incertidumbre y, en demasiados casos, de una sensación de indefensión ante un sistema que el ciudadano percibe como lejano, difícil de entender y poco accesible.
Y la pregunta merece ser formulada: ¿es realmente necesario que viajar legalmente a un país vecino tenga que convertirse en una prueba de resistencia?
El problema empieza antes de llegar al consulado
El sistema de visados para España en Marruecos tiene unas reglas claras sobre las citas y la presentación de solicitudes. En Tánger, el propio Consulado General de España informó recientemente de que determinadas categorías necesitan cita previa a través de BLS, mientras que otras pueden presentar sus solicitudes sin cita, siempre dentro de los cupos establecidos.
Sobre el papel, todo parece ordenado, pero la realidad que cuentan numerosos solicitantes es mucho más complicada.
Personas que pasan horas intentando conseguir una cita. Familias que preparan expedientes voluminosos. Trabajadores que deben demostrar una estabilidad económica que, paradójicamente, no siempre pueden acreditar mediante los documentos que el sistema exige. Personas que pagan desplazamientos, seguros, reservas y otros gastos antes de saber si finalmente podrán viajar.
Y, sobre todo, ciudadanos que sienten que nadie les explica suficientemente por qué su expediente no ha convencido a la autoridad competente.
No se trata de pedir privilegios, se trata de pedir un trato digno y un procedimiento comprensible.
BLS no decide, pero el ciudadano no siempre distingue
Aquí conviene hacer una precisión importante.
BLS International es el proveedor encargado de recibir las solicitudes y prestar determinados servicios relacionados con el procedimiento. La propia empresa señala expresamente que la decisión sobre la concesión o denegación del visado corresponde exclusivamente a las autoridades competentes y que BLS no tiene capacidad para influir en esa decisión.
Por tanto, sería injusto atribuir automáticamente a BLS cada denegación. Pero eso no significa que el sistema no pueda ser cuestionado.
Porque para el ciudadano que está delante de una ventanilla, que intenta conseguir una cita o que espera una respuesta, BLS y el procedimiento consular forman parte de una misma experiencia.
Y cuando esa experiencia resulta frustrante, la responsabilidad pública no puede limitarse a decir: «BLS solamente recibe los expedientes».
La pregunta debe ser otra: ¿Está funcionando correctamente todo el sistema?
Los números también hablan
Los datos europeos permiten dimensionar el fenómeno.
Marruecos se encuentra entre los principales países del mundo en número de solicitudes de visado Schengen. En 2025, los consulados de los países Schengen recibieron alrededor de 620.000 solicitudes procedentes de Marruecos, situando al país entre los principales mercados mundiales de demanda de visados.
España ocupa un lugar central en esa relación. Los datos de 2025 muestran más de 208.000 solicitudes de visado español asociadas a solicitantes marroquíes, con una tasa de aprobación aproximada del 71,2 %.
Pero detrás de las estadísticas hay personas. Hay estudiantes. Hay empresarios. Hay trabajadores. Hay investigadores. Hay familias. Hay personas que quieren visitar a sus seres queridos. Hay ciudadanos que quieren conocer España como turistas.
Y hay también personas que mantienen desde hace años relaciones humanas, profesionales, académicas y culturales con el otro lado del Estrecho.
Cada cifra representa una historia.
Tánger merece una explicación
En Tánger, la cuestión adquiere una dimensión particular. Los datos de 2025 sitúan en torno a 61.845 las solicitudes relacionadas con visados españoles presentadas en el consulado de Tánger, con una proporción de solicitudes no resueltas favorablemente situada alrededor del 14,4 %, según datos de la Comisión Europea recopilados y analizados por fuentes especializadas.
Pero incluso cuando una solicitud es aprobada, queda otra cuestión: ¿por qué tantos visados se conceden por periodos tan limitados a personas que ya han demostrado anteriormente que cumplen las condiciones?
Un ciudadano que ha viajado correctamente, ha regresado a Marruecos dentro del plazo establecido y no ha incumplido ninguna condición debería poder aspirar, progresivamente, a una mayor confianza.
La política europea de visados contempla precisamente los visados de entradas múltiples. Y las propias estadísticas europeas muestran que una parte importante de los visados Schengen expedidos son de entradas múltiples.
Entonces, ¿por qué no avanzar hacia un sistema que premie el cumplimiento y genere confianza?
La paradoja del Estrecho
Aquí aparece una paradoja que no debería pasar desapercibida. Los españoles pueden viajar a Marruecos sin necesidad de solicitar previamente un visado para estancias de corta duración, mientras que los ciudadanos marroquíes que desean viajar a España necesitan, en los casos correspondientes, someterse a un procedimiento Schengen y presentar la documentación exigida.
Desde el punto de vista jurídico, ambos países tienen derecho a establecer sus propias condiciones de entrada, pero desde el punto de vista humano, la diferencia genera una sensación evidente de desigualdad.
El español que decide viajar a Tánger, Tetuán, Casablanca o Marrakech puede organizar su viaje con relativa facilidad.
El marroquí que quiere cruzar el Estrecho para pasar unos días en Madrid, Sevilla, Málaga, Barcelona o cualquier otra ciudad española debe enfrentarse previamente a una larga lista de requisitos.
Y ahí nace una pregunta legítima: ¿Puede existir una relación de buena vecindad cuando la movilidad de las personas se convierte en una experiencia tan desequilibrada?
No todos los marroquíes quieren quedarse en España
Este es otro punto que debería abordarse con mayor honestidad. No todo marroquí que solicita un visado quiere emigrar. No todo solicitante quiere quedarse en España. No todo estudiante pretende abandonar su país. No todo empresario busca instalarse en Europa.
Millones de marroquíes tienen sus vidas en Marruecos. Tienen empresas, trabajos, familias, propiedades, proyectos y responsabilidades. Muchos quieren simplemente viajar para visitar a un amigo, asistir a una conferencia, participar en una reunión, hacer turismo, visitar una universidad, firmar un acuerdo, ver a un familiar, etc. y luego regresar.
La política de visados debería ser capaz de distinguir entre esos perfiles porque tratar a todos los solicitantes como si representaran el mismo riesgo termina perjudicando precisamente a quienes cumplen las reglas.
Una frontera no debería convertirse en una humillación
España tiene derecho a controlar quién entra en su territorio. Por supuesto, ningún Estado europeo puede renunciar a sus controles migratorios ni a sus procedimientos de seguridad, pero controlar una frontera no significa humillar a quien quiere cruzarla legalmente.
Exigir documentación puede ser necesario. Explicar las condiciones puede ser necesario. Comprobar los recursos económicos puede ser necesario. Verificar el propósito del viaje puede ser necesario. Pero tratar al ciudadano con respeto también debería ser una exigencia del sistema. Y responder también: Responder cuando alguien pregunta, explicar cuando un expediente genera dudas, informar cuando existen cambios en el procedimiento, evitar que el ciudadano dependa de intermediarios que se aprovechan de su desesperación.
Ese último problema tampoco es menor. BLS advierte oficialmente de la existencia de intermediarios que venden citas y recomienda utilizar exclusivamente sus canales oficiales, denunciando las prácticas fraudulentas relacionadas con la venta de citas.
Cuando conseguir una cita se convierte en un mercado, el sistema tiene un problema. Cuando un ciudadano siente que necesita pagar a un intermediario para tener una oportunidad de presentar sus documentos, la confianza desaparece.
España y Marruecos necesitan algo más que acuerdos políticos
España y Marruecos mantienen una relación estratégica en numerosos ámbitos: comercio, seguridad, migración, educación, cultura y movilidad.
Pero una relación estratégica no puede construirse únicamente desde los despachos. También se construye en las fronteras. En los puertos, en los aeropuertos, en los consulados. En las oficinas donde una persona entrega su pasaporte; porque para ese ciudadano, ese momento representa su imagen concreta de España.
No conoce los grandes acuerdos diplomáticos. No conoce los comunicados ministeriales. No conoce las estadísticas europeas. Conoce la ventanilla. Conoce la cita que no consigue. Conoce los documentos que le piden. Conoce la espera. Y conoce la respuesta que recibe.
No pedimos puertas abiertas. Pedimos puertas justas. Esta debería ser la conclusión. Nadie está pidiendo que España elimine los visados. Nadie está pidiendo que desaparezcan los controles. Nadie está pidiendo que se concedan visados sin comprobar las condiciones.
Lo que muchos ciudadanos piden es algo mucho más sencillo: un sistema transparente, accesible, respetuoso y proporcional. Un sistema que facilite las citas en lugar de alimentar mercados paralelos. Un sistema que informe con claridad. Un sistema que explique las decisiones. Un sistema que valore el historial de cumplimiento de los viajeros. Un sistema que no convierta cada viaje en una carrera de obstáculos. Y, sobre todo, un sistema que recuerde que detrás de cada expediente hay una persona; porque entre España y Marruecos hay un Estrecho, pero también hay millones de historias compartidas.
Y si ambos países quieren hablar realmente de una relación estratégica, deberían empezar por algo tan sencillo como garantizar que quien quiera cruzar legalmente el Estrecho no tenga que sentirse culpable por querer hacerlo.
La diplomacia habla de puentes. Los consulados deberían ayudar a construirlos. No a levantarlos más altos.
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*Escritor y periodista
Presidente de AMILAC — Asociación Marruecos Íbero Latino América y el Caribe para la Cohesión de las Civilizaciones y la Fusión de las Culturas








