Entrevistado por Toufiq Slimani
La realidad es más contundente que la ficción. Marruecos avanza con una estrategia basada en hechos concretos y resultados tangibles, mientras otros continúan aferrados a narrativas imaginarias que cada vez encuentran menos respaldo en la realidad.
Con motivo del 27º aniversario de la Entronización de Su Majestad el Rey Mohammed VI, Mares30 charla con Rafael Esparza Machín, sociólogo e investigador especializado en los asuntos del Magreb, quien ofrece una amplia reflexión sobre las transformaciones políticas, económicas y diplomáticas que ha experimentado Marruecos desde 1999 bajo el liderazgo de su Majestad el Rey Mohammed VI.
En esta entrevista concedida a Mares30, Esparza Machín sostiene que el Reino ha consolidado un profundo proceso de modernización institucional y de apertura, fortaleciendo el Estado de derecho, ampliando las libertades públicas y situándose como un actor estratégico tanto en África como en el espacio euromediterráneo. Asimismo, analiza la evolución de la cuestión del Sáhara, destacando que la presentación de la Iniciativa Marroquí de Autonomía en 2007 y el respaldo internacional creciente, reforzado por la resolución 2797 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, acercan el conflicto a una solución política que, en su opinión, terminará siendo aceptada por todas las partes.
El investigador aborda igualmente la proyección africana de Marruecos y subraya el impacto de las grandes infraestructuras impulsadas durante las últimas décadas, entre ellas el Puerto Atlántico de Dajla, la autopista Tiznit-Dajla y el proyecto del gasoducto Nigeria-Marruecos, iniciativas que consolidan al Reino como una plataforma estratégica para el desarrollo del continente africano.
Durante la conversación, Rafael Esparza Machín también analiza el actual panorama político español, advirtiendo sobre el auge de la extrema derecha y los riesgos que, según considera, representan formaciones como Vox para la convivencia democrática. Asimismo, examina la evolución de la posición de España respecto al Sáhara, defendiendo que el respaldo del Gobierno de Pedro Sánchez a la propuesta marroquí de autonomía responde a una evolución política iniciada décadas atrás y no a un cambio coyuntural.
– El próximo 30 de julio, Marruecos conmemorará la Fiesta del Trono, que celebra los 27 años del ascenso al Trono de Su Majestad el Rey Mohammed VI. ¿Qué nos podría decir sobre Marruecos durante los últimos 27 años del Reinado de Su Majestad?
– Los últimos años del Reinado de Hassan II fueron una preparación del próximo Reinado de su hijo, volcándose en una pacificación política con acuerdos importantes entre los partidos marroquíes. La Kutla fue un magnífico ejemplo de esta política.
Desde el comienzo de su reinado, el Rey Mohammed VI tenía muy claro que Marruecos tenía que superar los años de plomo y reconciliar a la población, resolviendo los problemas del pasado y ofreciendo un horizonte esperanzador a la sociedad marroquí.
Se cumplen ahora 27 años de la entronización de Su Majestad el Rey Mohammed VI, el 30 de julio de 1999. En ese tiempo se han producido cambios sustanciales en la organización del Reino, con el objetivo de transformarlo en un Estado de derecho equiparable a las normas internacionales más exigentes.
Se puede afirmar que nunca los medios de comunicación han sido tan libres como en la actualidad, y lo mismo sucede con la ciudadanía marroquí.
Un hito importante en este proceso fue la creación, en 2001, de la Instancia de Equidad y Reconciliación, encargada de esclarecer públicamente las violaciones de los derechos humanos cometidas en el pasado, reconociendo las responsabilidades del Estado e indemnizando a las víctimas. Este organismo independiente fue presidido por Driss Benzekri, antiguo dirigente de la izquierda marroquí y ex preso político, y estuvo integrado también por antiguos militantes de izquierda, defensores de los derechos humanos, profesionales y académicos de alto nivel.
La comisión recogió testimonios de violaciones de derechos humanos en diferentes lugares de Marruecos y celebró sesiones públicas.
De tanta importancia como la anterior fue la promulgación, en 2004, del Código de Familia, la Mudawana, en cuya redacción participaron todos los componentes de la sociedad, neutralizando a los sectores islamistas y tradicionalistas que llegaron a movilizar en Casablanca, en el año 2000, a casi dos millones de manifestantes. Este Código de Familia sitúa a la mujer marroquí en una posición de referencia dentro del mundo árabe y musulmán.
Importante también fue el reconocimiento del amazigh como lengua oficial junto al árabe, reflejando la pluralidad cultural del Reino de Marruecos: árabe, islámica, amazigh, saharo-hassaní, enriquecida por sus afluentes africano, andalusí, hebraico y mediterráneo, tal y como recoge el preámbulo de la Constitución de 2011.
Junto a estas reformas fundamentales se desarrollaron actuaciones socioeconómicas encaminadas a reducir las desigualdades y redistribuir la riqueza. Estas políticas, coordinadas por el Alto Comisionado para el Plan y dotadas con miles de millones de dirhams, han permitido importantes avances de cara al horizonte de 2030.
Otro aspecto destacable es el impulso a la regionalización del Reino, con el fin de acercar la administración al ciudadano, hacerla más responsable y facilitar una creciente democratización de la vida política.
Asimismo, en la cuestión del Sáhara, destaca la presentación del Plan de Autonomía en 2007, propuesta que ha sido respaldada posteriormente por las Naciones Unidas en su última resolución “2797” de octubre de 2025. Hoy la situación del Sáhara está encaminada hacia una solución próxima que, en mi opinión, terminará siendo aceptada por todas las partes, incluidos Argelia y el Polisario.
Por último, quisiera destacar la política africana del Reino de Marruecos. Marruecos representa en el norte de África una referencia importante para afrontar los problemas del continente y, junto con otros actores africanos, puede desempeñar un papel decisivo durante el siglo XXI.
Las grandes inversiones en infraestructuras, obras públicas, comunicaciones, el puerto atlántico de Dajla, la conexión terrestre hacia Mauritania y el sur (la autopista de Tiznit-Dajla), así como el proyecto del gasoducto entre Nigeria y Europa con terminal en Marruecos, constituyen igualmente elementos estratégicos de enorme importancia.
– ¿Cómo analiza desde España la evolución del conflicto del Sáhara en estos 27 años?
– Al comienzo del reinado del Rey Mohammed VI algunas cosas habían cambiado en la percepción de la comunidad internacional. Argelia había perdido relevancia diplomática y el Polisario ya no tenía la capacidad de influencia que tuvo en el pasado. Además, comenzaron a hacerse públicas las denuncias sobre violaciones de derechos humanos, el desvío de ayudas destinadas a los refugiados y las graves discrepancias internas dentro del propio Polisario.
El gran éxito de Marruecos fue la presentación del Plan de Autonomía en 2007 y el intenso trabajo diplomático desarrollado desde entonces hasta la aprobación de la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en 2025.
Entre los principales hitos de este periodo destacan el desarrollo político interno del Sáhara marroquí y la elevada participación electoral registrada en las provincias del Sur, que ha sido una de las más altas de Marruecos en las diferentes elecciones municipales, regionales y nacionales.
También merece especial mención el desarrollo económico impulsado mediante grandes inversiones en carreteras, puertos, edificios administrativos, establecimientos hoteleros y viviendas para una población en crecimiento.
Igualmente importante ha sido la consolidación del paso fronterizo de Guerguerat, que ha reforzado la conexión entre Europa y África Occidental, eliminando definitivamente el bloqueo que había creado el Polisario.
Otro avance significativo ha sido la apertura de consulados en El Aaiún y Dajla, así como la creación de facultades universitarias en ambas ciudades.
Asimismo, se han producido importantes inversiones en los sectores turístico y agroalimentario, consolidando la actividad pesquera y exportadora. Las perspectivas respecto a los recursos naturales son optimistas y todo ello repercute positivamente en la población.
Por otra parte, la comunidad internacional reconoce cada vez más que el Polisario no es el único representante de los saharauis, ya que la mayoría reside en el Sáhara marroquí y solo una minoría permanece en los campamentos de refugiados (no están documentados por ACNUR pues Argelia y el polisario no están interesados en que se conozca el número y la procedencia. Menos de un tercio pueden acreditar su pertenencia directa o indirectamente.), donde muchas personas proceden de Argelia, del sur de Marruecos, de Mauritania y de países del Sahel, sin figurar en el censo español de 1974.
La presión internacional está exigiendo a Argelia que abandone su ambigüedad y asuma su responsabilidad en la creación y mantenimiento de un conflicto artificial que únicamente beneficia a sus intereses hegemónicos en el Magreb.
Hoy el Polisario, la denominada RASD y Argelia saben que su causa ha sido derrotada y que únicamente queda resolver la situación de aquellas personas que, sin esperanza, continúan viviendo —muchas de ellas contra su voluntad— en los campamentos de Tinduf.
Desde el punto de vista del propio Polisario, considero que ya han comprendido que lo máximo que podrán obtener serán determinadas garantías o ventajas respecto a su futuro estatus.
También puede resultar interesante la posibilidad de que España apruebe el reconocimiento de la nacionalidad para aquellas personas que puedan acreditar su pertenencia al antiguo censo español o su vínculo directo con él.
– Argelia recibió recientemente a Pedro Sánchez, presidente del Gobierno español, a pesar de que Madrid sigue apoyando totalmente el Plan de Autonomía para el Sáhara. ¿Podemos decir que Argelia ha empezado a entrar en razón, en pragmatismo y en realismo tras sus consecutivas derrotas diplomáticas?
– Creo que esta cuestión hay que enfocarla desde el realismo político y económico. No supone ningún viraje en la posición española sobre el Sáhara marroquí, sino más bien un cambio de actitud de Argelia, que ha empezado a pensar más en sus intereses económicos de futuro que en seguir sosteniendo posicionamientos políticos que ya están condenados al fracaso.
Argelia necesita, más aún tras la escasa participación electoral registrada en las últimas elecciones —inferior al 20 %—, reconstruir sus relaciones con los principales países europeos e intentar también restablecer sus relaciones con Marruecos para favorecer la reapertura del gasoducto y de las fronteras. Todo ello aliviará las tensiones internas de Argelia y reportará beneficios para ambos pueblos, especialmente para el argelino.
Este acercamiento hispano-argelino no afecta a la visión española sobre Marruecos como socio imprescindible para la política exterior de España y para afrontar conjuntamente grandes desafíos como la migración irregular, las conexiones energéticas y de transporte, el incremento del comercio bilateral, la cooperación policial y de inteligencia frente al narcotráfico y el terrorismo, además de las relaciones culturales, deportivas y turísticas.
Al final, Argelia tendrá que admitir que un Magreb unido es fundamental para el desarrollo de los pueblos norteafricanos y que esa unión beneficiará tanto a sus miembros como a Europa. Acuerdos como los actuales entre España y Argelia pueden contribuir de forma decisiva a un cambio en Argelia que permita relanzar un Magreb unido política, social y económicamente.
– ¿Podríamos decir que el conflicto del Sáhara está ya zanjado tras la última Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas?
– Creo que el conflicto del Sáhara está encaminado hacia una solución a corto o medio plazo mediante una autonomía dentro del Reino de Marruecos. Todavía quedan obstáculos por superar entre las distintas partes, pero el cambio que se producirá en Argelia facilitará una salida honrosa para todos.
Este acuerdo permitirá resolver numerosos problemas humanos y geoestratégicos. En primer lugar, aliviará el sufrimiento de muchas personas que viven en condiciones muy difíciles en los campamentos. Aquellos vinculados al censo español de 1974 y que así lo deseen podrán regresar a su tierra ancestral en condiciones dignas, como ya ha ocurrido con quienes abandonaron anteriormente los campamentos para reintegrarse en el Sáhara marroquí.
Quienes tengan derecho a la nacionalidad española por haber pertenecido ellos o sus padres al censo español de 1974, y no deseen regresar, podrán solicitar la ciudadanía española, posibilidad que, según parece, podría volver a impulsarse.
En cuanto a la mayoría de los refugiados que no forman parte del censo saharaui español, sino que proceden de distintos orígenes del espacio sahariano, podrán optar por regresar a sus lugares de origen o permanecer en la Hamada, pero ya en condiciones de libertad, con derechos y movilidad.
Para Mauritania, la acogida de parte de las tribus saharianas vinculadas actualmente a los campamentos supondrá también una importante aportación demográfica.
Por tanto, considero que se trata de un acuerdo que beneficiará a todas las partes y no, como proponían hasta ahora el Polisario y Argelia, de una solución en la que una parte lo gane todo y la otra lo pierda todo.
– Parece que los políticos hoy en día están condenados a no entenderse. ¿Qué está pasando en España?
– Creo que el cambio de posición de Pedro Sánchez sobre el Sáhara marroquí está siendo utilizado en España de forma partidista e hipócrita. Pedro Sánchez no cambió de opinión de un día para otro. Se trata de una evolución que comenzó ya durante los gobiernos de Felipe González. Aquel Felipe González que visitó los campamentos y pronunció determinadas declaraciones lo hizo antes de ser presidente del Gobierno. Una vez que asumió esa responsabilidad y conoció la realidad del conflicto y de las relaciones con Marruecos, comenzó un cambio progresivo en la posición española.
Con José María Aznar hubo algunos episodios de tensión, como el relacionado con el islote de Perejil, pero la política de fondo hacia Marruecos no cambió.
Con José Luis Rodríguez Zapatero las relaciones volvieron a normalizarse y fueron excelentes. Mariano Rajoy tampoco modificó esa línea, y Pedro Sánchez ha terminado por asumir que no podía mantenerse otra posición distinta respecto al Sáhara marroquí.
Por ello considero que el debate político actual responde más a un uso partidista que a una verdadera diferencia de fondo.
En el caso de la izquierda, históricamente existió una simpatía hacia el Polisario basada, a mi juicio, en un malentendido. Nunca se entendió que el problema del Sáhara fue creado por el franquismo y resulta contradictorio que una parte de la izquierda haya defendido una herencia política generada por una dictadura.
De hecho, las posiciones históricas del Partido Comunista de España reconocían la marroquinidad del Sáhara y criticaban la política colonial española. El cambio llegó posteriormente con la creación de Izquierda Unida, en gran parte por desconocimiento de la realidad.
Yo mismo fui, en su momento, partidario del Polisario e incluso participé en algunos de sus primeros movimientos de apoyo. Sin embargo, a medida que estudié la cuestión, conocí a antiguos dirigentes disidentes y analicé la documentación histórica, llegué a la conclusión de que el relato presentado por el Polisario y Argelia no se correspondía con la realidad.
En España esta información apenas se ha divulgado. Además, existen intereses económicos y estructuras creadas alrededor de la solidaridad con los campamentos que han generado organizaciones, subvenciones y dinámicas que también influyen en determinadas posiciones políticas.
Respecto al Partido Popular, considero que mantiene la posición más hipócrita. Cuando ha gobernado nunca modificó la política heredada del PSOE hacia Marruecos y, si volviera a gobernar, tampoco cambiaría la posición actual sobre el Sáhara. Las críticas actuales responden, en mi opinión, a una estrategia política.
– ¿Le preocupa el sorpasso de la derecha y la extrema derecha en España y América Latina ¿Se han convertido Vox y Alianza Catalana en amenazas para la convivencia en España?
– Vox forma parte de un fenómeno que se observa en distintos países de Europa y América Latina y que representa un riesgo para la democracia. Es un movimiento que, a mi juicio, contiene elementos propios del fascismo.
La historia demuestra que el fascismo también llegó al poder mediante elecciones democráticas y, una vez consolidado, acabó con las democracias y persiguió a quienes pensaban de manera diferente.
Por ello considero que Vox, y otras fuerzas de características similares, representan un peligro para la convivencia democrática. Son movimientos que promueven discursos racistas y excluyentes y que afectan especialmente a inmigrantes, minorías étnicas, personas con distintas orientaciones sexuales, adversarios políticos y, de manera muy significativa, a las mujeres.








