Francisco de Torres Fernández*
Sí que hablaremos del valiente Ibn Batuta y de su empresa medieval, de sus obras, pensamientos y gestas pero también su concepción del mundo que es ahora, más actual que nunca.
El mapa cambiante: El legado inmortal de Ibn Batuta
En el siglo XIV, cuando los mapas del mundo aún contenían amplias zonas en blanco y los límites del conocimiento se fijaban en el alcance de la vista, un joven jurista tangerino abandonó su hogar con una promesa implícita: recorrer la Tierra sin pisar dos veces el mismo camino. Ibn Batuta (1304-1368) cruzó fronteras políticas, religiosas y culturales a lo largo de más de 120.000 kilómetros. Desde las costas del Norte de África hasta El Cairo, atravesando Siria, La Meca, las estepas de la Horda de Oro, India, las Maldivas, el Sudeste Asiático, la lejana China y regresando al Al-Ándalus medieval, su travesía no fue solo una hazaña geográfica; fue la mayor lección de diplomacia humana de la Edad Media.
La «Rihla» (sus cuadernos de viaje) no registra únicamente rutas o mercancías. Es un compendio de hospitalidad, convivencia y generosidad. En cada región, Ibn Batuta fue recibido por sabios, campesinos, emires y comerciantes que compartían su mesa y su refugio con un viajero lejano. Aquel periplo demostró que la unión entre los pueblos no surge de las directrices de los imperios, sino de la disposición humana a reconocer en el extranjero a un semejante. La buena vecindad y la empatía cotidiana constituyeron el pilar que hizo habitable el planeta en una era de incertidumbre.
Las fricciones de la frontera.
La sombra del conflicto actual. Siete siglos después, la distancia entre las dos orillas donde nació y concluyó la mirada del sabio magrebí se ha reducido a catorce kilómetros de agua en el Estrecho de Gibraltar. Sin embargo, en la geopolítica contemporánea, esa brecha amenaza con volverse un abismo. Las recurrentes tensiones diplomáticas entre Marruecos y España —acentuadas por episodios de crisis migratorias complejas, desacuerdos limítrofes y fricciones políticas— amenazan periódicamente con ahogar el entendimiento en una retórica de confrontación.
El reduccionismo de los titulares suele presentar una frontera móvil como línea de fractura permanente entre dos mundos irreconciliables. Se apela a menudo al recelo mutuo, espionajes fantásticos y traiciones de Estado como las atribuidas en prensa española a miembros que ocupaban un puesto clave como «controlador general»; no ignoremos que la estabilidad geopolítica del Mediterráneo occidental no es una opción ideológica, sino un imperativo de supervivencia mutua. Cuando la política de trincheras sustituye a la diplomacia de la convivencia, los lazos sociales y laborales acumulados a lo largo de décadas corren el riesgo de fracturarse.
Más allá de la política.
La urdimbre humana, laboral y económica en un análisis pragmático de las cifras e infraestructuras, demuestra que Marruecos y España no solo son vecinos obligados por la geografía, sino socios indispensables para el desarrollo común con un motor económico y laboral donde las relaciones comerciales bilaterales alcanzan volúmenes superiores a los 23.000 millones de euros anuales. Centenares de empresas de sectores clave —como el automotriz, el textil, las energías renovables y la agroindustria— integran sus cadenas de producción a ambos lados del Estrecho. Más allá de las grandes cifras, esta integración sostiene miles de empleos directos e indirectos, nutriendo el sustento de familias marroquíes y españolas.
El turismo y el intercambio cultural es un flujo turístico en ambas direcciones —con millones de desplazamientos anuales— consolida el conocimiento directo entre ambas sociedades. El turismo desmantela los prejuicios que la retórica política suele alimentar; el contacto directo en los zocos de Fez o en las calles de Andalucía genera un entendimiento de primera mano.
Por tanto esta cohesión y paz social articula estabilidad en el norte de África es la garantía de paz social para el sur de Europa y viceversa. La gestión compartida de retos complejos exige un marco permanente de confianza y respeto institucional.
El crecimiento de las exportaciones, empleo transfronterizo y competitividad regional, la interrupción de cadenas de suministro y pérdidas multimillonarias, el Desarrollo Social, el Intercambio cultural, proyectos educativos comunes y turismo sostenible son incompatibles con el Aumento de la xenofobia, estigmatización y fractura del tejido comunitario.
El «Expediente Batuta» es, en primera y última instancia, una llamada a cambiar el compás con el que se dirigen las relaciones de vecindad. Busca articular voces distintas para generar armonía, la proximidad entre Marruecos y España no debe gestionarse desde el choque de egos ni la desconfianza mutua, sino desde el reconocimiento de una herencia y un destino compartidos. Tenemos objetivos comunes y diferentes pero hemos de integrar todas las micropolíticas.
La lección que dejó Ibn Batuta a través de las civilizaciones de su tiempo sigue plenamente vigente: la generosidad y el respeto hacia el vecino no son signos de debilidad diplomática, sino los cimientos sobre los cuales se edifica la prosperidad real. La paz social, la dignidad laboral y el desarrollo de ambos pueblos dependen de la capacidad de sus líderes y ciudadanías para sintonizar sus esfuerzos, recordando que la historia del Mediterráneo siempre la han escrito quienes construyen puentes sobre las aguas, no quienes levantan murallas a sus orillas.
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(*) Pte. SOCIAT y Profesor de la Universidad Nacional UNED







