30 julio 2026 / 11:03

La Casa del Periodismo

Gloria, exembajadora de Panamá en Marruecos: Marruecos ha experimentado una transformación estratégica y ha fortalecido infraestructuras portuarias y logísticas

Mares 30 - julio 29, 2026

Entrevistada por Toufiq Slimani

La protagonista de esta entrevista es una diplomática y escritora que combina el rigor del análisis con la experiencia directa.

Con motivo del 27.º aniversario de la Entronización de Su Majestad el Rey Mohammed VI, Mares30 entrevista a la Dra. Gloria Young, exembajadora de Panamá en el Reino de Marruecos (2015–2018), investigadora y una de las especialistas latinoamericanas que mejor conoce la cooperación entre África y América Latina.

 

Durante su misión en Rabat, Gloria Young impulsó una agenda diplomática, académica, cultural y social que contribuyó al relanzamiento de la relación bilateral y a la apertura de la Embajada de Marruecos en Panamá en 2016. En esta conversación analiza la cooperación Sur–Sur como una política de asociación, no de asistencia, y propone una agenda concreta para unir las capacidades atlánticas de ambos países.

 

Gloria Young, exembajadora de Panamá en el Reino de Marruecos (2015–2018), investigadora y una de las especialistas latinoamericanas que mejor conoce la cooperación entre África y América Latina.

 

Gloria Young nos ofrece una lectura estratégica de la transformación que ha experimentado Marruecos durante los últimos 27 años bajo el liderazgo de Su Majestad el Rey Mohammed VI.

 

La exembajadora panameña analiza también el excelente momento que atraviesan las relaciones entre ambos países.

 

Asimismo, aborda la evolución de la cuestión del Sáhara a la luz de la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, considerando que, si bien el conflicto aún no puede darse jurídicamente por concluido, la resolución representa un punto de inflexión al situar la iniciativa marroquí de autonomía como la base más viable para alcanzar una solución política.

 

La charla concluye con un mensaje cargado de simbolismo, en el que Gloria Young recuerda que Marruecos y Panamá, aunque separados por el Atlántico, comparten una misma vocación geopolítica.

 

– El 30 de julio Marruecos conmemora 27 años del ascenso al trono de Mohammed VI. ¿Qué podría decirnos sobre Marruecos durante los últimos 27 años?

 

– Más que una radiografía, me gustaría destacar la transformación estratégica del país, desde la perspectiva de una exembajadora panameña y de una investigadora de la cooperación Sur–Sur.

 

En estos años, el Reino ha fortalecido infraestructuras portuarias y logísticas, ha ampliado su presencia económica en África y ha convertido la formación de capital humano, la cooperación técnica, la seguridad alimentaria, las energías renovables y la diplomacia cultural en instrumentos permanentes de su política exterior.

 

Yo provengo de una república presidencial y de una cultura política en la que las autoridades se eligen por voto popular. Marruecos posee otra arquitectura constitucional e institucional. Por ello, mi lectura se centra en examinar políticas, resultados y capacidades de continuidad. En ese terreno, hay que reconocer que la cooperación Sur–Sur ha sido elevada a una orientación estratégica del Estado marroquí y ha sobrevivido a los cambios de coyuntura.

 

También debemos conservar una mirada crítica. Ningún modelo está exento de tensiones, desigualdades internas o intereses geopolíticos. La profundidad de una política de cooperación no se mide por la cantidad de discursos o acuerdos firmados, sino por su capacidad de producir beneficios verificables, respetar la soberanía de la contraparte e incorporar a universidades, gobiernos locales, empresas, organizaciones sociales, mujeres y juventudes. Algo que el Rey Mohammed VI ha sabido manejar con sabiduría y buenos asesores.

 

– En su tesis doctoral realizada en la Universidad Mohammed V de Rabat, usted sostiene que Marruecos entiende la cooperación Sur–Sur de una manera especialmente profunda. ¿En qué consiste esa concepción?

 

– La cooperación Sur–Sur no es caridad ni una relación vertical entre un donante que sabe y un receptor que obedece. Nace de la experiencia histórica de países que han conocido el colonialismo, la dependencia, la desigualdad del sistema internacional y la necesidad de ampliar su autonomía. Sus principios centrales son la soberanía, la apropiación nacional de las prioridades, la no injerencia, la solidaridad, la horizontalidad, la ausencia de condicionalidades y el beneficio mutuo.

 

En el discurso marroquí contemporáneo, que parte del Monarca y lo asumen los gobernantes del Reino, aparecen, con mucha fuerza, las ideas de asociación, solidaridad activa, respeto mutuo, eficacia, pragmatismo y codesarrollo. Es una cooperación que procura traducirse en formación, asistencia técnica, inversión, conectividad, proyectos productivos y creación de capacidades.

 

La Agencia Marroquí de Cooperación Internacional, por ejemplo, articula cooperación académica, técnica, artística y cultural, proyectos de desarrollo y acciones humanitarias. En junio de 2026, Marruecos se incorporó además a la Alianza Global de la Oficina de las Naciones Unidas para la Cooperación Sur–Sur.

 

Ahora bien, el concepto no debe idealizarse. Como advierte la literatura académica que utilizo en mi investigación, entre los países del Sur también existen asimetrías de poder, recursos e influencia. Una práctica merece llamarse cooperación Sur–Sur cuando la contraparte participa en la definición del problema, del proyecto, de los indicadores y de los beneficios; no cuando recibe una solución previamente diseñada. La reciprocidad debe demostrarse.

 

– ¿Cómo se ha actualizado esa visión desde que usted escribió los primeros capítulos de su investigación?

 

– Cuando redacté los primeros capítulos, mi análisis se concentraba en la genealogía de Bandung, el Movimiento de Países No Alineados, el G77 y el Plan de Acción de Buenos Aires, así como en la estrategia marroquí hacia África, el mundo árabe y América Latina. Ese fundamento sigue siendo válido, pero hoy la política marroquí ha ampliado sus instrumentos.

 

Una primera actualización es la dimensión atlántica. La Iniciativa de los Estados Africanos Atlánticos, la propuesta de facilitar a los países del Sahel un acceso estructurado al Océano y el proyecto del Gasoducto Africano Atlántico colocan la conectividad, la seguridad energética y las cadenas regionales de valor en el centro del codesarrollo. En junio de 2025, el mensaje de Marruecos a la Cumbre “África por el Océano” añadió la economía azul, la seguridad marítima, la biodiversidad y una gobernanza oceánica coordinada.

 

Gloria Young, exembajadora de Panamá en el Reino de Marruecos (2015–2018), investigadora y una de las especialistas latinoamericanas que mejor conoce la cooperación entre África y América Latina.

Una segunda actualización es tecnológica. En enero de 2026, la iniciativa “IA Made in Morocco” fue presentada como instrumento de soberanía digital, cooperación solidaria y cooperación triangular, con soluciones adaptadas a las realidades africanas. Esto es importante: la cooperación Sur–Sur ya no puede limitarse a becas, agricultura o infraestructura física; debe ocuparse de datos, inteligencia artificial, investigación, innovación y reducción de la brecha digital.

 

La tercera actualización es institucional. La cooperación Sur–Sur ha dejado de considerarse una modalidad secundaria. La estrategia 2026–2029 de la Oficina de las Naciones Unidas para la Cooperación Sur–Sur la trata como un motor esencial para acelerar los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Marruecos está procurando situarse dentro de esa nueva arquitectura.

 

– ¿Qué vivió usted, entre 2015 y 2018, que le permitió comprobar que la cooperación podía ir más allá del discurso?

 

– Durante mi misión comprobé que una embajada pequeña podía actuar como laboratorio de cooperación. Trabajamos con universidades, ministerios, asociaciones, artistas, académicos, artesanas, empresariado y medios de comunicación.

 

En 2016, una conferencia sobre poesía panameña contemporánea en la Universidad Hassan II de Casablanca abrió una línea de investigación que culminó en el libro bilingüe La historia de Marruecos y Panamá a partir de la voz poética femenina. En mayo de 2017 se firmó un convenio marco entre la Universidad de Panamá y la Universidad Hassan II para promover la cooperación académica, científica y técnica.

 

Impulsamos también el proyecto Diálogos entre bordados y tejidos originarios de Panamá y Marruecos. Artesanas Gunas y Emberá viajaron a Marruecos; compartieron la mola y la chaquira con artesanas marroquíes y conocieron el bordado de Salé. La diseñadora Fadila El Gadi recorrió comunidades indígenas de Panamá y dialogó con diseñadores y creadoras locales. En abril de 2018, el proceso culminó en una pasarela intercultural en Panamá Viejo, articulada con instituciones públicas, sociedad civil y sector privado.

 

Ese trabajo diplomático, junto con el intenso relanzamiento de la relación bilateral, contribuyó a crear las condiciones para que Marruecos abriera su Embajada en Panamá en 2016. Lo digo con precisión: una apertura de esa naturaleza nunca es obra de una sola persona; es una decisión soberana y el resultado de múltiples gestiones. Pero nuestra misión ayudó a demostrar que existía contenido, interlocución y futuro para una presencia diplomática marroquí permanente en Panamá.

 

– ¿Cómo evalúa la relación actual entre Panamá y Marruecos y qué oportunidades ofrece la Hoja de Ruta 2025–2027?

 

– La relación atraviesa una etapa de mayor densidad política y, por fin, de mayor vocación económica. El impulso político dado en noviembre de 2024 fue seguido por la visita del canciller panameño Javier Martínez-Acha a Marruecos en junio de 2025 y por la adopción de la Hoja de Ruta 2025–2027. En mayo de 2026, una misión encabezada por el vicecanciller Carlos Arturo Hoyos identificó oportunidades en logística, puertos, zonas industriales, agricultura, fertilizantes, energías renovables, turismo, innovación y formación profesional.

 

La complementariedad es evidente. Marruecos posee plataformas industriales y portuarias como Tánger Med, conexión con África y Europa, experiencia en fertilizantes, energías renovables y formación técnica. Panamá aporta el Canal, su sistema portuario, la Zona Libre de Colón, conectividad aérea y marítima, servicios financieros y logísticos, y una posición natural hacia Centroamérica, el Caribe y América del Sur. Ninguno debe mirar al otro solo como mercado: ambos pueden ser plataformas para terceros espacios del Sur global.

 

Ya hay un resultado tangible. En junio de 2026 se entregó en Panamá la primera partida de fertilizantes de un programa que contempla 1,000 toneladas anuales durante tres años, destinadas a 4,000 productores de agricultura familiar y 300 huertos escolares. El siguiente paso debe ser pasar de la donación a la coproducción de conocimiento: capacitación, investigación de suelos, uso eficiente de insumos, evaluación ambiental y fortalecimiento de capacidades productivas locales.

 

Se perfila, además, una agenda atlántica Panamá–Marruecos que reúna puertos, universidades, cámaras empresariales y centros de investigación; un programa de movilidad académica y traducción; proyectos conjuntos de economía azul y resiliencia climática; y un mecanismo anual de seguimiento con indicadores públicos. La cooperación debe poder mostrar qué cambió, para quién cambió y cómo se sostendrá.

 

– La relación bilateral también está atravesada por la cuestión del Sáhara. ¿Puede afirmarse que la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad zanjó el conflicto?

 

– No sería jurídicamente correcto decir que el conflicto está zanjado. La Resolución 2797, adoptada el 31 de octubre de 2025, representa un cambio significativo porque toma la propuesta marroquí de autonomía como base de las negociaciones, reconoce que una autonomía genuina puede constituir el resultado más viable y renueva el mandato de la MINURSO hasta el 31 de octubre de 2026. Al mismo tiempo, mantiene la exigencia de una solución política final, justa, duradera y mutuamente aceptable, compatible con la Carta de las Naciones Unidas y con el principio de libre determinación.

 

Panamá ha expresado su apoyo a la propuesta de autonomía como base seria y creíble, y en mayo de 2026 reiteró también su respaldo al proceso político conducido por las Naciones Unidas y a los esfuerzos del secretario general y de su enviado personal. Esa combinación es importante: una posición diplomática definida no elimina la necesidad de negociación.

 

Tampoco conviene reducir toda la relación Panamá–Marruecos a este expediente. La cooperación Sur–Sur debe producir desarrollo, conocimiento e intercambio entre las sociedades, incluso cuando existen asuntos geopolíticos sensibles. Si la relación solo se activa alrededor de votos o pronunciamientos, pierde profundidad; si crea capacidades y beneficios compartidos, gana legitimidad y permanencia.

 

– ¿Por qué Cartografía del asombro puede considerarse una obra de cooperación Sur–Sur y no solamente un libro colectivo?

 

– Porque Cartografía del asombro: experiencias cruzadas entre Marruecos y Panamá no fue concebido como una vitrina folclórica, sino como una construcción compartida. Reúne relatos, poemas y narraciones de 25 autores de ambos países y fue coordinado por la Dra. Fátima Lahssini y por mí. La obra surgió de la colaboración impulsada por la Asociación de Amistad Panamá–Marruecos y articuló al Ministerio de Cultura de Panamá, la Universidad Hassan I de Settat y la Universidad Hassan II de Casablanca.

 

Su método es profundamente Sur–Sur: cada persona escribe desde la experiencia del encuentro con la otra cultura; no hay una mirada central que clasifique a las demás. La palabra se convierte en viaje, memoria, traducción y descubrimiento recíproco. El libro demuestra que la cultura no es una actividad complementaria a la política exterior. Es una infraestructura de confianza.

 

La obra ha circulado en espacios culturales y académicos de Panamá y Marruecos. Su presentación en la Biblioteca Rey Mohammed VI del Parlamento Latinoamericano y, en 2026, en el pabellón de la Universidad Hassan I durante el Salón Internacional de la Edición y del Libro de Rabat, confirma que un proyecto nacido desde asociaciones, universidades y escritores puede adquirir alcance institucional sin perder su autonomía creativa.

 

Gloria Young durante la presentación del libro en la Biblioteca Rey Mohammed VI del Parlamento Latinoamericano

En ese sentido, Cartografía del asombro prolonga una línea de trabajo iniciada durante mi misión diplomática: la cooperación cultural con perspectiva de género, la creación de conocimiento entre pares y la posibilidad de que las sociedades se conozcan sin pasar obligatoriamente por los filtros del Norte.

 

– ¿Qué condiciones debe cumplir la cooperación futura para ser realmente horizontal, democrática y útil para ambos pueblos?

 

– Primero, debe partir de prioridades acordadas, no de agendas impuestas.

 

Segundo, debe reconocer que el Estado no es el único actor: universidades, municipios, organizaciones de mujeres, comunidades, asociaciones culturales, empresas y juventudes tienen conocimiento y capacidad de ejecución.

 

Tercero, debe incorporar la igualdad de género de manera transversal, tanto en la toma de decisiones como en el acceso a los beneficios.

 

Cuarto, necesita indicadores y rendición de cuentas. La solidaridad no se debilita cuando se mide; se fortalece. Hay que saber cuántas personas fueron formadas, qué tecnología se transfirió, qué empleo o capacidad productiva se creó, qué institución local quedó fortalecida y qué impacto ambiental produjo el proyecto.

 

Quinto, debe proteger la continuidad. Los programas no pueden desaparecer con cada cambio de gobierno, de ministro o de embajador.

 

Finalmente, Panamá debe asumir que también tiene saberes que ofrecer. La cooperación Sur–Sur fracasa cuando un país se presenta solo como receptor. Nuestra experiencia logística, marítima, financiera, intercultural, ambiental y de articulación regional puede dialogar de igual a igual con las capacidades marroquíes. La relación será más sólida cuando ambos países enseñen, aprendan, inviertan y creen juntos.

 

– ¿Qué mensaje final desea transmitir a los lectores de MARES 30?

 

– Marruecos y Panamá están separados por el Atlántico, pero comparten una vocación de puente. Uno enlaza África, Europa y el mundo árabe; el otro comunica dos océanos y conecta las Américas. Esa semejanza geopolítica debe convertirse en una agenda de trabajo.

 

La cooperación Sur–Sur será creíble si deja de ser una consigna y se vuelve una práctica cotidiana: una estudiante que accede a formación; una productora que mejora su cosecha; una artesana que protege su saber; una universidad que investiga con otra; un puerto que intercambia tecnología; un libro que desmonta prejuicios. Allí se mide su verdadero alcance.

 

Mi invitación es a que ambos países profundicen esta relación con respeto, reciprocidad, pensamiento crítico y participación social. No se trata de parecernos ni de ocultar nuestras diferencias. Se trata de reconocernos como interlocutores capaces de construir, desde el Sur, soluciones propias y beneficios compartidos.

 

 

Categorías : EntrevistasMarruecos