Hace 27 años, el 30 de julio de 1999, el rey Mohamed VI, asumió el Trono del Reino de Marruecos. Siete días antes, el 23 de julio, su padre, Hassan II, había fallecido. Desde que tuvo en sus manos la jefatura de Estado, no ha descansado en su inquebrantable objetivo de afirmar y consolidar la integridad territorial del país.
Su misión estaba clara: continuar la labor de su padre, cuyos esfuerzos por la unidad territorial del país lo llevó a llamar a su pueblo, el 6 de noviembre de 1975, a movilizarse masivamente de manera voluntaria y pacífica hacia el sur del país, es decir, hacia el Sáhara Occidental -históricamente conocida como Marcha Verde-, dado que la vinculación histórica de subordinación de las tribus saharauis para con el Sultán de Marruecos, había sido reconocida por la Corte Internacional de Justicia en su Opinión Consultiva del 16 de octubre de ese mismo año, añadiendo la Corte de La Haya, que el Sáhara Occidental no era Terra Nullius, es decir, no era un territorio sin dueño o de nadie porque sí lo tenía: Marruecos.
A Mohamed VI le ha tocado enfrentar las conspiraciones que surgieron luego de 1975 por el Frente Polisario y por Argelia, queriendo en todo momento mermar la referida integridad territorial sobre las Provincias del Sur del Reino. Mohamed VI lo tuvo muy claro desde que asumió el Trono y por eso el 10 de abril de 2007, presentó a las Naciones Unidas la propuesta de un plan de autonomía para el Sáhara.
Luego de 18 años de ardua labor diplomática, la propuesta del monarca alauita, ha sido plasmada íntegramente en la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la ONU, que ha establecido en la referida autonomía o gobierno administrativo para el territorio del Sáhara con total soberanía de Marruecos, la base para las negociaciones que concluyan el objeto y la finalidad allí contenidas.
Al cabo de 50 años de un conflicto que parece cada vez más cerca de su final, las cuatro partes comprometidas, es decir, además de Marruecos, el Frente Polisario, Argelia que se resistía en serlo, y Mauritania, vienen negociando una solución definitiva.
Todo este proceso lo ha llevado a cuestas el rey Mohamed VI con enorme actitud Estado y apoyado en su magnífica diplomacia que ha sido todo el tiempo resiliente pero firme ante las actitudes recalcitrantes del Polisario y de Argelia y que ha sabido transmitir al mundo entero la única verdad que existe en torno del Sáhara marroquí, lo que se ha traducido en abrumadores reconocimientos a la referida soberanía de Marruecos sobre su Sáhara, y apoyos, también mayoritarios de los países de la comunidad internacional -el Perú acaba de anunciar que también lo hará-, en el referido plan de autonomía considerado realista, serio y creíble por su carácter pragmático en favor de una solución total.
El rey ha bregado sin descanso por el Sáhara marroquí y lo sigue haciendo, y por eso en esta oportunidad festiva, quisiera destacar su temperamento de Estadista al sostener que “El expediente del Sáhara es el prisma con el que Marruecos mira al mundo”.
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(*) Exministro de Exteriores del Perú e internacionalista







