Ha comenzado el proceso de elección del nuevo secretario general de las Naciones Unidas, que reemplazará en el cargo al portugués Antonio Guterres (elegido en 2017 y reelegido en 2021). En realidad, inició por la Resolución 79/327 de la Asamblea General, del 5 de setiembre de 2025.
Aunque me avocaré en otra columna a los favoritos y a sus perfiles, a la fecha hay 9 candidatos, esta vez mayoritariamente mujeres (7), y todos debidamente nominados.
La elección lo será durante el último trimestre del 81° Período de Sesiones de la Asamblea General de la ONU, que será inaugurada el próximo 8 de setiembre, en Nueva York. Centrando mi columna en la figura del secretario general de la ONU, para conocer su exacta dimensión dentro del mayor foro político del planeta, será válido preguntarnos, entonces, ¿quién es realmente el secretario general de la ONU?.
Se trata del funcionario administrativo más importante de la organización, conforme el artículo 97 de la Carta de la ONU, que es el tratado constitutivo de las Naciones Unidas.
Ha sido una práctica en la ONU, conceder dos períodos de gestión a tan importante funcionario mundial, aunque no una regla, pues el egipcio Butros Butros-Ghali (1992-1996), por sus colisiones con Estados Unidos, aduciendo motivos injerencistas, terminó vetado por Washington, el poder real del planeta, quedando frustrada su reelección.
El secretario general, lejos de lo que muchos puedan imaginar, no es la máxima autoridad de la ONU, que corresponde, en cambio, al presidente de la Asamblea General, cargo que ocupó el eminente diplomático peruano, Víctor Andrés Belaunde (1959-1960).
El secretario general, siendo el más alto funcionario administrativo de la ONU, no debe calificarse por autoridad, dada la estructura horizontal de la organización, que es el foro político mundial plano por excelencia, y eso explica por qué razón sus resoluciones solo tienen el alcance de recomendaciones, salvo las del Consejo de Seguridad, el órgano de la ONU que tiene el monopolio del uso de la fuerza en el mundo. Cuando no sesiona la Asamblea General, cobra vida la actuación internacional del secretario general, convirtiéndose en la máxima figura visible de la ONU, y erigiéndose como el primer agente diplomático del mundo, pues materializa la representación internacional por excelencia de la organización, con enorme protagonismo planetario. Téngase en cuenta que el secretario general no ocupa el lugar preeminente que, en cambio, sí cuenta el presidente de la Asamblea cuando sesiona el pleno de la ONU.
Su función es, stricto sensu, administrativa, pero qué duda cabe, sumamente relevante en el globo. Lo elegirá la propia Asamblea General por recomendación del Consejo de Seguridad, luego de varias votaciones informales y una formal, con la unanimidad de los miembros permanentes (China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido o Rusia), pues el veto de uno de ellos, como ya vimos que pasó a Boutros Gali, frustrará a la candidatura.
El sucesor de Guterres será el décimo secretario general de la ONU desde su creación en 1945. El primero fue el noruego Trygve Lie (1946-1952). Javier Pérez de Cuéllar, el peruano más universal, fue el quinto (1982-1991).
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(*) Internacionalista e excanciller









