El objetivo no es describir la literatura marroquí escrita en español, sino elaborar nuevas “cartografías críticas” para estudiarla. El Instituto Cervantes de Rabat acogió ayer viernes por la tarde la presentación del libro La literatura marroquí en lengua española. Otras cartografías críticas (Verbum, Madrid, 2026), una obra colectiva que propone nuevas lecturas sobre una producción literaria que busca ampliar su espacio dentro de los estudios hispánicos.
El encuentro, moderado por la profesora Fatima Lahssini, contó con la participación del coordinador de la obra, Mohamed Abrighach, y de los profesores Moumene Essoufi, Sahar Ouafqa y Abderrahmane Belaaichi, quienes presentaron las principales líneas de sus respectivas contribuciones.

Abrighach, autor del capítulo Literatura marroquí en lengua española: breve presentación general y crítica, explicó que hablar de «otras cartografías críticas» responde precisamente a la voluntad de ir más allá de una presentación panorámica de esta literatura y ofrecer nuevas lecturas desde perspectivas culturales, sociales y coloniales.

El coordinador situó la literatura marroquí en español dentro de un espacio más amplio que denominó la «hispanosfera», referido a las literaturas escritas en español fuera de los espacios tradicionalmente hispánicos. Defendió, además, la capacidad de la literatura para establecer puentes, particularmente en unos tiempos que calificó de «un poco oscuros», destacando que este trabajo continúa desarrollándose «con nuestros medios un poco precarios, pero siempre con voluntad y con resiliencia».
Por su parte, Moumene Essoufi presentó su estudio sobre la novela Cuando los montes caminen, de Youssef Maimouni, centrado en las relaciones entre novela, historia y memoria. Essoufi subrayó que el novelista «no es un historiador», sino un creador que utiliza libremente los materiales de la historia.

Su análisis se detiene particularmente en la representación de los soldados marroquíes que participaron en la Guerra Civil española y en la posibilidad de recuperar, mediante la ficción, voces y experiencias silenciadas y relegadas por los grandes relatos históricos. La novela permite, según explicó, cuestionar estereotipos construidos alrededor de aquellos combatientes y mostrar también su dimensión humana, sus circunstancias y las condiciones en las que fueron reclutados y participaron en el conflicto.
Sahar Ouafqa abordó, desde una perspectiva decolonial, la obra de Mohamed Bouissef Rekab. Su contribución analiza la ciudad y la montaña como espacios narrativos desde los que interrogar la memoria, el colonialismo y los discursos hegemónicos.

Ouafqa definió la literatura marroquí en español como una literatura «doblemente periférica»: respecto al canon marroquí, construido principalmente en árabe y francés, y respecto al canon hispánico, tradicionalmente pensado desde España y América Latina. De ahí una de las preguntas centrales de su investigación: no solamente cómo está construida una novela, sino «por qué esta novela existe en esta lengua y qué relación de fuerzas históricas la hace posible».
Finalmente, Abderrahmane Belaaichi presentó su lectura de Cartas marroquíes a Rosa, de Mohamed Abrighach, desde la lingüística textual y el análisis del discurso. Belaaichi destacó la estructura interna de las siete cartas y sostuvo que, pese a abordar asuntos diferentes, no constituyen textos aislados, sino que están articuladas mediante un hilo conductor y una concepción global de la obra. ¿Podría un analista crítico del discurso analizar la obra de su amigo y colega? Abderrahmane Belaaichi respondió que sí, pero desde el análisis riguroso y objetivo.

Para el investigador, la escritura nunca es completamente espontánea. Detrás de la selección y disposición de las palabras existe una intención. Su análisis identifica así una arquitectura común en las cartas, con apertura, desarrollo y cierre, además de mecanismos de coherencia que permiten leer el conjunto como una construcción literaria unitaria.
La presentación reunió a hispanistas, escritores, profesores, periodistas, estudiantes y amantes del español llegados de diferentes ciudades de Marruecos. En Rabat, la literatura volvió así a convertirse en un espacio de encuentro: una lengua compartida desde la que leer la memoria, cuestionar los relatos heredados y construir nuevos puentes entre Marruecos y el mundo hispánico.









