Me encontraba en Miami en 2016 cuando se realizó un referéndum en todo el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, que fue una promesa de campaña en 2013, del futuro primer ministro David Cameron, si acaso ganaba las elecciones, que por supuesto ganó, lo convocó, y lo perdió, creyendo que el RU se mantendría en la Unión Europea, no teniendo otro remedio que renunciar al cargo al quedar sellado en 2020 el denominado Brexit, es decir, la salida del RU del referido bloque continental al que estaba ligado desde 1973.
No todos los países que integran el RU -Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte-, estuvieron de acuerdo en que así fuera. Una década después, la coincidencia en que las máximas autoridades políticas en las tres últimas -G, E e IdN-, dominados por sus posturas nacionalistas, acaban de firmar un memorándum de entendimiento político para exigir llevar adelante por medio de la autodeterminación de los pueblos, la eventual separación o desmembramiento del Reino Unido, y conseguir su retorno a la Unión.
Será bueno precisar que no son medidas promovidas desde las entrañas de los habitantes en los tres países, si no, de sectores que tienden a la desintegración de lo que, a mi juicio, ha sido la ratio existencial del RU, o sea la referida unidad política.
Contrariamente, al frente, en la isla de Irlanda, dos países, Irlanda del Norte, que es parte del RU, y al sur, la República de Irlanda, que es un Estado independiente, hoy se ve contextualizada por la posibilidad de su reunificación, luego de más de un siglo de su separación (1921), a la luz de las recientes declaraciones del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, que estuvo de visita en Dublin.
La autodeterminación hay que mirarla con mucho cuidado. Chile puso mil pretextos para la realización del plebiscito sobre Arica y Tacna, a los diez años de la firma del Tratado de Ancón, porque sabía que lo perdería, y por eso lo dilató hasta asegurar la chilenización, hasta esfumarlo.
Al revés, el Frente Polisario, que se había dedicado a manipular el proceso de referéndum en las poblaciones saharauis (Sáhara Occidental), que es la parte más meridional del Reino de Marruecos, denominadas las Provincias del Sur, por su inconducta, desnudó su objetivo contrario a lo acordado en 1991, que sería conducido por las Naciones Unidas por medio de la MINURSO, quedando el proceso por la actitud tramposa, en inaplicable y completamente alejado de la realidad imperante, por la cual hoy ya nadie cree.
Los propios británicos, no se quedaron atrás, y siguen pertrechados en su referéndum de 2013 en las Islas Malvinas -histórica y jurídicamente de la República Argentina-, donde la totalidad de la población es británica, por supuesto, luego de asegurarse de que no de quedara en las islas un solo argentino.
No es que la autodeterminación de los pueblos no deba ser relievada como bien lo ha hecho la ONU a través de innumerables resoluciones, si no que, puede ser tramposamente orientada según los cálculos y apetencias políticas, contrarias a la realidad y al modus vivendi y al cual el derecho internacional se adecua y no al revés.
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(*) Internacionalista e Exministro de Exteriores del Perú








