11 septiembre 2026 / 19:15

La Casa del Periodismo

Lo mucho que Aragón se parece a Marruecos

mares30 - septiembre 11, 2026

Sergio del Molino*

Hacen bien. Existía un grave riesgo de que los niños aragoneses descubriesen lo mucho que su tierra se parece a Marruecos. No vayan a confundirse y crean que pueblos como Alhama, Calatayud, Calamocha, Albalate, Albarracín, La Almunia, Almudévar, Mequinenza, Muniesa, Alquézar, La Zaida, Almonacid, Alfajarín, Cadrete, Monzalbarba (que, en la lengua perdida hispanoárabe significaba, fíjese qué bonico: «morada de bereberes») o Alcolea tienen alguna conexión histórica y cultural con pueblos casi homónimos (o directamente homónimos) diseminados por el norte de Marruecos.

 

No queremos que los niños aragoneses paseen por el barrio de la Almozara, por ejemplo, o contemplen el torreón de la Zuda o el palacio de la Aljafería, donde se sientan los diputados de Vox, y establezcan correlaciones del todo inconvenientes con edificios y calles de Tánger o Tetuán. Tampoco queremos que pasen por delante de la catedral de la Seo o eleven la vista a cualquiera de las bellas torres mudéjares que apuntan al cielo de Zaragoza y de los pueblos de Aragón y las comparen con los minaretes de Rabat o de Casablanca o de la bella Xauen, coligiendo que hay alguna relación cultural y estilística entre los artesanos que pusieron los ladrillos de los campanarios aragoneses y los que apilaron los minaretes marroquíes.

 

Tampoco queremos que oigan una jota y les lleguen al tímpano reverberaciones de cantos bereberes. Según Coromines la palabra «jota» derivaría de la hispanoárabe «sawta», que definiría la forma primitiva de ese baile que tanto honra a la virgen del Pilar.

 

Por no hablar de la comida. A ver si se van a comer una caldereta de cordero o un guiso de ternasco y le encuentran parecidos con los tajines y cuscuses de Marruecos, y concluyen que a lo mejor son la misma comida, herencia de la misma cultura. Y, por supuesto, lo último que querríamos es que se caigan a una de las muchas acequias construidas en tiempos de Al Ándalus y de los taifas y se pongan a pensar en que muchos cultivos y técnicas genuinamente aragonesas, desde el melocotón de Calanda a la rica huerta del Ebro, fueron invenciones árabes.

 

De buena nos ha librado Vox. Uno empieza a estudiar cultura árabe y marroquí y, cuando quiere darse cuenta, siente que aquello tan extraño y exótico es en realidad de lo más familiar, y que las huellas árabes en Aragón están casi tan a la vista como en el Marruecos rural, hasta el punto de que, a lo lejos, cuesta distinguir la silueta de un pueblo aragonés de la de uno del Atlas, porque incluso el minarete se confunde con el campanario mudéjar, y las sierras del paisaje tienen tonos y verticalidades muy parecidas.

 

Mejor así, ignorantes, que no aten cabos. No vayamos a descubrir que los moros y nosotros venimos del mismo sitio.

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(*) Escritor español

Categorías : CulturaEspaña