La próxima incorporación de cazabombarderos rusos Su-34M al ejército argelino ha reactivado el debate en España sobre el equilibrio militar en el Mediterráneo occidental y el norte de África, especialmente por el alcance operativo y las capacidades ofensivas de este modelo desarrollado por Rusia.
Según diversas informaciones publicadas por medios españoles, entre ellos La Razón, Argelia estaría ultimando la recepción de nuevos aviones Su-34M junto a cazas de quinta generación Su-57, en el marco de la modernización acelerada de su fuerza aérea y de su estrecha cooperación militar con Moscú.
El Su-34M está considerado uno de los principales cazabombarderos pesados rusos de ataque y destaca por su gran autonomía de vuelo, su capacidad de transportar hasta 8.000 kilos de armamento y su versatilidad para ejecutar operaciones de bombardeo, reconocimiento electrónico y penetración en profundidad.
Las informaciones señalan que pilotos argelinos ya habrían completado parte de su entrenamiento en Rusia, mientras continúan las especulaciones sobre un posible pedido de 14 unidades Su-34M y 12 cazas Su-57, aunque ni Moscú ni Argel han confirmado oficialmente estas cifras.
En España, algunos sectores políticos, mediáticos y de defensa observan con preocupación la evolución del arsenal argelino debido a la proximidad geográfica entre ambos países y a su apoyo a las milicias y grupos separatistas en la región.
El Su-34M puede alcanzar velocidades de hasta Mach 1,8 y operar a largas distancias sin necesidad inmediata de reabastecimiento, gracias a su elevada capacidad interna de combustible. Además, está diseñado para misiones complejas de ataque de precisión y guerra electrónica.
No obstante, el aparato también arrastra un historial controvertido durante la guerra entre Rusia y Ucrania. Medios rusos y occidentales informaron anteriormente de incidentes y pérdidas de este modelo en combate, incluido un caso en el que un Su-34 fue derribado por error por sistemas rusos en la región del Donbás.
La modernización militar argelina se produce en un contexto internacional marcado por el aumento de las tensiones geopolíticas, la expansión del gasto militar y la creciente competencia estratégica en distintas regiones del mundo, incluido el Mediterráneo.








