El Barcelona Centre for International Affairs (CIDOB) advierte que 2026 será un año de reajuste global marcado por una geopolítica brutal, en el que la adaptación se convertirá en una cuestión de supervivencia para Estados y actores internacionales. Así lo recoge el informe: “El mundo en 2026: diez temas que marcarán la agenda internacional”, texto finalizado el 15 de diciembre de 2025, fruto de una reflexión colectiva del equipo de investigación del centro y coordinado por Carme Colomina, con aportaciones de más de treinta especialistas en relaciones internacionales y geopolítica.
El documento parte de una premisa clara: el trumpismo ha inaugurado una nueva era en la instrumentalización de la coerción económica y tecnológica, acelerando la transición hacia un orden internacional transaccional, volátil y cada vez menos regulado por normas compartidas.
En este contexto, la paz deja de ser únicamente un valor político o moral para convertirse en un activo con rédito económico, susceptible de ser privatizado y monetizado a través de una “diplomacia de amiguismo” que acompaña al auge del intervencionismo militar y tecnológico.
Según el análisis del CIDOB, 2026 pondrá a prueba los límites de los instrumentos tradicionales de gobernanza global. La legalidad internacional se ve erosionada por las grandes potencias, mientras la competencia por los recursos se intensifica y el riesgo de errores de cálculo o agresiones oportunistas aumenta.
La llamada “restricción estratégica”, diseñada para evitar escaladas militares, entra en crisis en un escenario donde la violencia política superó los 550 incidentes diarios en 2025 y los ataques aéreos y con drones alcanzaron máximos históricos, acompañados de un gasto en defensa sin precedentes.
El informe estructura esta realidad a través de diez grandes temas que definen la agenda internacional y que el CIDOB agrupa simbólicamente en cuatro categorías: ganadores, oportunistas, resistentes y desubicados. Entre los ganadores se sitúan la impunidad del intervencionismo, la privatización de la paz y el rearme tecnológico y militar.
Los oportunistas encuentran espacio en una carrera global por diversificar alianzas y en el debate sobre si existe o no un freno real a la burbuja tecnológica. En el bloque de los resistentes aparecen la brecha generacional, especialmente la distancia entre expectativas y realidad de la generación Z, y el auge de una socioeconomía del miedo.
Finalmente, los desubicados encarnan la desorientación estratégica europea, la instrumentalización geopolítica del clima y la creciente autocratización de los Estados Unidos, factores que agravan la sensación de ausencia de liderazgo global.
El texto subraya que no se trata solo de ganadores y perdedores. En el Sur Global emergen polioportunidades para actores que saben moverse con pragmatismo en el nuevo tablero internacional. China busca proyectar estabilidad ampliando mercados para sostener su crecimiento económico, los países del Golfo refuerzan su prominencia diplomática y tecnológica, e India explora un acercamiento transaccional tanto a Beijing como a Moscú. En contraste, la Unión Europea aparece atrapada en una respuesta centrada casi exclusivamente en la defensa, con resultados limitados y sin una narrativa estratégica clara.
Para el CIDOB, el gran interrogante que se abre en 2026 es cómo edificar un orden internacional sin confianza, en un momento en el que los marcos de gobernanza se debilitan y la política de fuerza gana terreno. La reconfiguración acelerada de las conexiones comerciales, financieras y geopolíticas, unida a la resaca arancelaria y al expansionismo intervencionista, consagra una máxima inquietante: la ley del más fuerte vuelve a imponerse como principio rector del sistema internacional.
En definitiva, el informe concluye que el mundo se resitúa y que las reglas del juego están cada vez más claras para quienes sepan leerlas. 2026 no será solo un año de transición, sino un punto de inflexión en el que se definirá quién logra adaptarse a un orden caótico, quién resiste desde los márgenes y quién queda desorientado ante una geopolítica que ya no concede treguas.









