20 junio 2026 / 03:06

La Casa del Periodismo

25 años en Marruecos, innumerables viajes y lazos afectivos con un país que ha sabido conservar su identidad

mares30 - noviembre 6, 2024

Oliver Klein Bosquet*

A la memoria de Mustaphá Iznasni, Paquita Gorroño, Ángel Vázquez y Juanita Narboni.

Queridos amigos marroquíes, hombres, mujeres, y personas de todas la condiciones políticas, sociales y económicas. Con este breve escrito quiero compartir mi visión de vuestro país durante los últimos veinticinco años, coincidiendo con mis innumerables viajes y lazos afectivos con el mismo.

Con todo lo dicho, el monarca Mohammed VI accedió al Trono de Marruecos el 23 de Julio de 1999, tras la muerte de su padre Hassan II, o sea que recientemente se han celebrado 25 años de dicha efeméride, tiempo suficiente para analizar y valorar el desarrollo del país en dicho período coincidiendo con la primera fase de su Reinado y sus 61 años de edad.

Precisamente en Julio de 1999 se produjo mi primer viaje y relación directa con el país alauita. Como cooperante internacional y mediante una organización no gubernamental francesa desembarcaba desde Algeciras para trabajar en la reconstrucción de los jardines del Palacio del Sultán en la kasbah (alcazaba, fortaleza) de Tánger.

 

La distancia que existe entre la ciudad que también se conoce como “la perla del Mediterráneo” y los puertos de Tarifa, Barbate o Zahara de los Atunes, en la costa de Cádiz, es la distancia más corta que existe entre Europa y África, a la vez que suficientemente profunda por lo que se refiere a costumbres, sociedad e historia, de forma aparente.

 

Las Grutas de Hércules situadas a no más de cinco quilómetros del Cabo de Espartel, y a tan sólo catorce al oeste de las playas del centro tangerino, representa en cierta manera la percepción que se puede tener desde España, y Europa en general, del continente africano desde la orilla norte. Según la leyenda, el héroe griego Heracles pernoctó en dicho lugar antes de buscar las manzanas ansiadas del jardín de las Hespérides, que algunos ubican en las ruinas cercanas de Linux. El estrecho de Gibraltar divide las dos riberas del Mare Nostrum como lo acabaron llamando igualmente los romanos de la época posterior pese a un mismo origen ancestral.

 

Tras episodios que todos conocemos de cercanía y alejamiento, en resumen, Marruecos hoy en día se puede definir como un Estado fuertemente constituido en el extremo occidental del norte de África, que a lo largo de su historia ha sabido conservar su identidad más allá de la presión de la presencia colonial extranjera, ya sea en forma de presencia turca en las vecinas Argelia y Túnez, o los protectorados franceses y español durante algunas décadas.

 

Marruecos integra dentro de sí mismo la presencia de diferentes sustratos de población que han convivido a lo largo de los siglos, ya sean los pobladores bereberes autóctonos, los que preservaron la tradición hebrea, los árabes que trajeron la religión musulmana adaptada bajo su norma suní moderada, o la presencia de extranjeros, la mayoría de ellos europeos y subsaharianos, que han sabido convivir en su interior.

 

Es nuestra obligación recordar cuando las migraciones se producían de forma inversa en los dos continentes cuestionados, o sea cuando los españoles, la mayor parte de ellos provenientes del litoral andaluz y levantino valenciano se dejaban caer también con sus barcazas a los puertos más desarrollados de su otro lado, por motivos estrictamente económicos, pero también debido a episodios políticos en la Península que derivaron en exilio y refugio; cuando hoy en día hablamos de ello sólo desde una sola vertiente o en una sola dirección.

 

Siempre resulta digno de recordar que los viajes de ida y vuelta son sin ningún tipo de duda el de los vecinos y amigos: si el legado árabe y musulmán nutrió de cultura, traducción de la literatura clásica, ciencia, agricultura, y tecnología, al territorio que más tarde engendraría España, la presencia española, desde la primera expulsión de moros y moriscos, hasta la propia huella de judíos y marranos, supo mantenerse y desarrollarse en Marruecos, y no tan sólo en los núcleos poblacionales más próximos. como pueden ser Tetuán, Assilah o Larache, sino también en todo el territorio magrebí, desde los centros de las grandes ciudades de Rabat o Casablanca, hasta el mismo desierto del Sáhara como por todos es sabido.

 

Para acercarnos al análisis de la actualidad mencionada, en estos momentos podríamos afirmar que la monarquía parlamentaria parece representar un elemento de estabilidad que sustenta todo el valor de la misma nación marroquí, la cual ha vivido un periodo paulatino de democratización coincidiendo con la entronización del Rey Mohammed VI, como decíamos hace veinticinco años, y más tarde bajo la buena lectura de los hechos acontecidos durante las conocidas “primaveras árabes” vividas en su entorno geopolítico más inmediato.

A nivel económico, mi imagen de este periodo que abarca más de dos décadas, no es tan sólo la de haber comprobado la transformación del Palacio del Sultán en el Museo más visitado de Tánger, sino que a su vez es la evolución del trayecto tantas veces realizado entre las ciudades de Salé y Rabat, separadas por el río Bouregreg, antes hecho en embarcaciones de pescadores a cambio de unos pocos dirhams, o antiguos buses atiborrados de gente, y que ahora se lleva a cabo mediante un tranvía rápido y moderno.

 

Queridos amigos marroquíes, pienso muy sinceramente y quiero compartir con vosotros que España y Marruecos deberían seguir labrando la senda de la empatía y la colaboración entre dos pueblos que gozan de unas raíces y un tronco común aunque sus ramas hayan crecido de forma autónoma y se hayan desarrollado en diferentes sentidos. Entre ambos países siempre debería prevalecer lo que nos une, que es la misma historia compartida durante siglos, que a su vez debe fortalecerse desde el respeto mutuo y el sentimiento de no superioridad.

Ambos sabemos a ciencia cierta que en el seno de España y de Marruecos existen muchas cosas que a nivel interno se podrían mejorar y corregir, pese al paisaje positivo y optimismo descrito en esta misiva pública. En todo caso ello necesitaría una reflexión más extensa de lo que hoy he querido representar como visión unívoca y prioritaria de dos grandes países obligados a entenderse. Larga vida pues a la Amistad Hispano-Marroquí!

  • Ex alcalde de Cambrils y profesor universitario, especialista en relaciones internacionales
Categorías : Ángulo Cartas de Amor