20 junio 2026 / 01:16

La Casa del Periodismo

Vida y ficción

mares30 - noviembre 22, 2025

Abderrahmane Belaaichi*

Mi amigo Ahmed me llamó para compartir conmigo una reflexión/preocupación según la cual “la vida mata,pero la ficción salva”. Una reflexión muy profunda que no nos puede dejar indiferentes. La reflexión nos conduce a otro terreno, el de la literatura, la vertiente más desarrollada de la ficción. La reflexión manifiesta el compromiso indiscutible de mi amigo con la vida, una sensibilidad muy fina desde luego se deja desprender de ella. Efectivamente la ficción salva y nos devuelve al gran escenario de la vida, más vivos todavía. Menos mal, porque de lo contrario la vida sería un infierno eterno. Sería insoportable.

La vida mata. Es la metáfora de una vida identificada con una cárcel abierta ancha y sin muros. Uno puede sentirse aburrido porque los días se parecen, o mejor dicho, se repiten; porque limita quizás nuestras iniciativas o intentos de deshacernos de tal situación; porque quita ansias de cualquier progreso, evolución o cambio. Pero lo que la vida no puede quitarnos es la imaginación, nuestra capacidad de escapar y de evadir, siquiera momentáneamente, para tomar cierta distancia con la vida que tanto mata. La imaginación es por naturaleza de carácter dilatado; es elástica, o sea flexible, donde todo cabe, donde todo es posible, realizable y hasta tangible. La imaginación abre puertas anchas para una escapatoria sin fin o fronteras y favorece una disyunción momentánea e imaginada con la vida, pero sin romper con ella. La ficción crea así mundos paralelos alternativos al mundo de la vida. La ficción abre horizontes y aviva  los espíritus. La ficción nos lleva a universos sublimes donde nos realizamos; la ficción nos salva de las trivialidades de la vida diaria. Nos saca de los huecos, rellena los vacíos, palia las deficiencias y nos lleva a terrenos diferentes donde la palabra obedece a la imaginación, donde la creatividad halla su plenitud y cobra verdadera vida. La ficción posibilita confeccionar mundos que, aunque parecen lejos de la realidad, mantienen vínculos con el mundo real, porque este es su punto de partida. La ficción es nuestro último refugio cuando nos invade esa sensación terrible y violenta de que la vida nos aplasta o nos mata. Es nuestro gran aliado para salvarnos de esa misma vida, de las injusticias de la vida.

La vida nos mata. Sí con los compromisos interminables que nos impone, con las obligaciones que tenemos que cumplir, con las expectativas que tenemos que satisfacer, con las esperanzas que tenemos que generar  y las ilusiones que tenemos que forjar, con los desafíos que tenemos que encarar  y levantar. La vida nos mata con las ataduras que nos paralizan como una red de la que no se puede deshacerse fácilmente, con sus caprichos violentos y tentaciones irresistibles. Pero la vida a pesar de todo nos da, con cada compromiso, una oportunidad de imponernos, de triunfar y ganar las apuestas. Cada compromiso es una prueba más que nos confiere fuerzas y confianza para seguir en la lucha. Cada compromiso nos pone en el camino de la resistencia y nos hace evitar resignarse. Con cada compromiso, nuestra imaginación se rejuvenece porque debe funcionar para encontrar salidas y disponer soluciones. Nuestra imaginación supera los desbordes de la propia realidad, trasciende las limitaciones que impone nuestro entorno. Así se pone creativa, imaginativa e inspiradora. Cuanto más sentimos que la vida nos estrecha o nos aplasta o mata, más nuestra imaginación nos ofrece un margen muy ancho que se dilata cada vez, como compitiendo la una con otra. Las ataduras se convierten en fuente inagotable de inspiración. No se trata de huir o escapar a los desafíos que pone la vida en nuestro camino, sino que se trata más bien de utilizar la imaginación para corresponder con ellos. Los compromisos son en sí signos de vida, hasta los necesita para abrir horizontes y salir del estancamiento. La vida necesita sacudidas para anunciar e imponer su presencia. Necesita producir ruidos, requiere provocar ecos, dejar rastros y generar efectos. Necesita llamar nuestra atención sobre la importancia de vivirla a pesar de todo. La vida abre miles de oportunidades antes nosotros.

Hay que saber hacer de los compromisos un punto fuerte, una energía inigualable de superación, de superar nuestras deficiencias, sobrepasar nuestras limitaciones. Tiene que ser un motivo para un nuevo arranque. Un arranque que despierta la creación y la creatividad de nuestro ser. Un desafío personal, consigo mismo. La vida no nos puede dar todo, o mejor dicho no nos puede hacer regalos. Hay que actuar, hay que trabajar y obrar, hay queluchar y combatir, hay que sacrificar y militar, hay que hacer concesiones, hay que abandonar las obsesiones inútiles, hay que deshacerse del narcicismo. Ya estamos en vida. Es todo. Es el mejor regalo. Lo otro nos pertenece a nosotros. ¿Cómo queremos vivirla? ¿Qué actitud adoptamos frente a ella? ¿Cómo la percibimos?

Mi amigo Ahmed no deja de recordarme, cada vez que me llama, esa  concepción que tiene, mantiene y sostiene de la vida. No niego que es una visión acertada. A la vida le tenemos que añadir un toque de ficcón, de creatividad, de imaginación. Hay que reinventarse. Buscar en todos los sentidos, barajar todas las posibilidades, considerar todas las opciones, no desperdiciar ninguna oportunidad que se brinda, provocar condiciones que puedan ayudar en la realización de las aspiraciones y el cumplimiento de las expectativas. Es una de las vías que hay para darle valor e imprimirle sabor. Constituyen las especias que abren el apetito para abrazarla, paraafrontarla con aliento y ánimo, y mantener sobre todo ganas de seguir viviendo a pesar de todo.

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