El Consejo de Seguridad, el órgano de las Naciones Unidas que tiene el monopolio del uso de la fuerza, y del que pueden emanar resoluciones vinculantes u obligatorias, siempre y cuando todos los miembros permanentes -hay otros 10 que son los no permanentes-, es decir, China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia, estén totalmente de acuerdo (unanimidad), está abordando el caso de Venezuela, desencadenado el último sábado 3 de enero, por la extracción de Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, luego de una exitosa operación militar, casi quirúrgica, cuya consecuencia viene produciendo hermetismo al por mayor o si prefiere, muriéndose de miedo, en el triunvirato títere que sigue aun al frente de Venezuela, esto es, Delcy Rodríguez, vicepresidenta de facto, encargada de la presidencia por rauda designación del Tribunal Supremo de Justicia de ese país, Diosdado Cabello, ministro del Interior y que reviste de mayor peligro en la mirada de Washington, y Vladimir Padrino, ministro del Poder Popular para la Defensa y jefe militar contaminado hasta los huesos, junto a los anteriores, en todas las malicias, que incluye violaciones de derechos humanos, por las que ha sido imputado Maduro ante la Corte Penal Internacional, las que fueron ejecutadas sin compasión durante el tiempo que el dictador estuvo en el poder.
Al cierre de esta columna, en el Consejo de Seguridad, lo digo desde el realismo político que me gusta reflexionar en mis clases, no emanará ninguna decisión sobre Venezuela, porque el derecho de veto existe para conservar el equilibrio y la paz en el mundo y eso debo explicarlo, sobre todo para aquellos que han venido pregonando a los cuatro vientos una reforma del Consejo de Seguridad, relativa precisamente al derecho de veto. ¿Acaso estarán creyendo que Francia o el Reino Unido voten en favor de una resolución promovida por China o Rusia contra la incursión militar estadounidense en Venezuela?.
Creerlo así será una completa candidez que solo desnudará el desconocimiento de la administración del poder mundial. Es como creer que Rusia votará a favor de una resolución alentada por EE.UU., Francia o el Reino Unido para condenar una eventual invasión de China sobre Taiwán.
No todo en el mundo es derecho internacional y no estoy diciendo con ello que no sirva o haya fenecido. Nada de eso. El derecho de veto como derecho unilateral que tienen única y exclusivamente los referidos 5 miembros permanentes del Consejo de Seguridad, está consagrado de manera implícita en el artículo 27 de la Carta de la ONU, en cuyo numeral 3 se lo relieva al establecer que se deberá contar “…incluso los votos afirmativos de todos los miembros permanentes…”.
Por tanto, el poder es una completa garantía para conservar el referido equilibrio de poderes, que, en buena cuenta, lo tienen los victoriosos de la Segunda Guerra Mundial o si prefiere, entre los que se dividieron al final de la guerra de 1939, la torta del poder mundial.
Finalmente, como ha quedado confirmado, China o Rusia, no han ido más allá de sus esperadas teatrales verbalizaciones en el caso del tirano de Venezuela. Eso es realismo político internacional.
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*Exministro de Exteriores del Perú 🇵🇪









