Nunca olvidaré que el 27 de enero de 2014, hace 12 años, algunos peruanos -sin duda, mediocres-, se molestaron conmigo porque dije públicamente, como hasta ahora, sin hipotecas, que el Perú obtuvo una victoria jurídica contra Chile en la Corte Internacional de Justicia, por la controversia de delimitación marítima que tuvimos ambos países. Confirmé que a la mayoría de nuestros políticos no les interesa el país. Allan Wagner y José Antonio García Belaunde, agente y coagente, a los que critiqué internamente -nunca públicamente durante el juicio internacional-, cumplieron su cometido.
Wagner, sin ser abogado, lideró al equipo peruano, y García Belaunde, en la misma condición, lo secundó. Ambos no fueron los idóneos jurídicamente -nunca les gustó que lo dijera con la franqueza con la que siempre he actuado en mi vida, sin mala fe y solo diciendo la verdad-, aunque sus pergaminos diplomáticos eran incuestionables, los dos habían sido ministro de Relaciones Exteriores. Aprendieron mucho y seguramente en ese esfuerzo, contribuyó el embajador, Jorge Chávez Soto, también coagente como García Belaunde y legalista meticuloso.
Creí que sus designaciones eran un riesgo porque el Perú necesitaba un agente y un coagente, que tuvieran la condición de eminencias del derecho, que pensaran jurídicamente mañana, tarde y noche, pues en La Haya no se iba a negociar nada. Estuvieron secundados por excancilleres de nota como el jurista Eduardo Ferrero Costa, y el embajador Manuel Rodríguez Cuadros, éste último fue el mejor como profesional. Pero el que se lleva los laureles, pues sin ser abogado, aprendió muchísimo, fue el embajador Gustavo Meza-Cuadra, de profesión economista.
Gustavo, que luego también fue canciller, fue un estratega jurídico-político de nota. Mi maestro, el historiador, Juan Vicente Ugarte del Pino, mi profesor en San Marcos, el internacionalista, Roberto Mac Lean Ugarteche, y el excanciller, Luis Marchand Stens -los dos integramos la Comisión de Transferencia para el tema del juicio en La Haya, en 2011-(Conociéndolos desde mis tiempos mozos en la cancillería, con los años, me hicieron su amigo), a mi juicio, no fueron aprovechados como se esperaba al ser eminencias del derecho, siendo, en cambio, incorporados para disuadir jurídicamente a Chile en La Haya.
Los demás miembros del equipo, entre diplomáticos, marinos, militares, técnicos, etc., fueron profesionales muy valiosos y comprometidos.
Wagner tuvo mucho equilibrio y sobriedad para conducir con gran talante una tremenda responsabilidad de Estado ante una litigación internacional y lo reconocí públicamente, y en su presencia, en el Congreso de la República, el viernes 7 de julio de 2017, cuando ambos fuimos convocados para presentar el libro de la delimitación marítima de la congresista Natalie Condori, que había presidido el Grupo de Trabajo del Poder Legislativo ante la Corte de La Haya. Faltaron en el equipo los embajadores Luis Solari Tudela (exvicecanciller), Jorge Colunge Villacorta y Alfredo Chuquihuara Chil, (los 3 Q.E.P.D), virtuosos por partida doble: diplomáticos y juristas. No se hizo el milagro de San Martín de Porres, que logró juntar al perro, al gato y al ratón como en otros países.
Hoy debería ser feriado nacional no laborable en el Perú porque logramos una victoria jurídica ante Chile, compensando la derrota militar en la guerra de 1879.
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