20 junio 2026 / 02:38

La Casa del Periodismo

El doble discurso de Sánchez: no a la guerra sí a la fragata

mares30 - marzo 11, 2026

Miguel Ángel Rodríguez Mackay*

En una reciente columna intitulada “Pedro Sánchez aísla a España del poder europeo y mundial”, me referí a las mayoritarias desventajas que significará para España que su presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, una vez iniciados los ataques de Estados Unidos e Israel contra el régimen teocrático de Irán, saliera raudo a anunciar que su país no se sumará a la guerra contra el régimen teocrático de Irán, soltando a los cuatro vientos que hacerlo “es un extraordinario error que vamos a pagar”.

 

A pesar de sus declaraciones, ciertamente, sin reflejos y completamente sin perspectiva ni tacto de la  política internacional de seguridad y defensa europea, ligada a la OTAN y a Estados Unidos, que la integra como la propia España, asumí, sin más remedio, que debemos respetarlas, porque se trata de una decisión soberana; sin embargo, muchos nos quedamos boquiabiertos, cuando a poco de esas declaraciones, ahora confirmadas por histriónicas, hasta queriendo abanderarse como otro candidato más al Premio Nobel de la Paz -seguramente por la presión de la avalancha de críticas que recibió, dentro y fuera de España, en las horas siguientes-, anunció la decisión de enviar la poderosa fragata “Cristóbal Colón”, la de mayor sofisticación de la Armada Española –de clase F100–, hacia las cercanías de Chipre, isla ubicada en las aguas orientales del Mediterráneo, que fuera atacada por Irán, con el objetivo de escoltar al portaaviones francés “Charles de Gaulle”.

 

Con solamente referir los prestigiosos e históricos nombres que llevan las dos naves, la española y la francesa, se debería advertir el nivel del poderío naval de ambos países, sin mayores comentarios, cuya performance marítima no está hecha para lanzar luces de bengala, sino, en cambio, para responder militarmente ante un eventual nuevo ataque de Teherán, tal como dijo E. Macron, presidente de Francia, en la víspera y desde Chipre, que su portaaviones al que acompaña la fragata española “formará parte de una operación sin precedentes para proteger el estrecho de Ormuz”.

 

Sánchez, sin saber cómo evadir a su ciclópea contradicción, ha dicho que el objeto del envío de la fragata “Cristóbal Colón” no tiene propósitos de guerra, olvidándose de que, si Irán vuelve a atacar Chipre, lo hace al portaaviones francés o a la propia fragata española, habrá una respuesta bélica por parte de la Armada Española, que será lo mismo que haber entrado en la guerra desde el mismísimo instante en que Sánchez autorizó enviar el buque español.

 

Para hallarse inmerso en una guerra ya no se requiere del requisito de una declaración expresa y al régimen persa solo le interesará confirmar la actuación militar de España para que también declaré al país blanco de sus ataques.

 

El paso dado por Sánchez solo ha confirmado que España asume las consecuencias de ingresar en la guerra negada por el presidente del Gobierno, por más que diga, casi cantinflescamente, “no a la guerra”.

 

El doble discurso de Sánchez, le quita piso y peso en la política de la Unión Europea, mirando el conflicto desatado, y en cuanto a Estados Unidos, pues le ha perdido el respeto y quitado la confianza, viéndolo por su gesto contradictorio con profundo desdén.

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(*) Exministro de Exteriores del Perú e internacionalista 

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