El juego no se acabará hasta que se termine. El juego de algunos saharauis que quieren instalarse en España usando a Marruecos para obtener asilo se acabó. El gobierno español se percató del nuevo-viejo «modus operandi“ de algunas saharauis.
El aeropuerto de Madrid, Adolfo Suárez Barajas, lleva viviendo estos últimos días la agitación de varias personas que se proclaman “ciudadanos saharauis en situación muy preocupante”. La razón es que los supuestos activistas, con pasaporte marroquí, solicitan acogida y asilo a España.
La situación, una escena repetitiva últimamente, no ha pasado inadvertida y ha acaparado la atención de los dirigentes políticos españoles. Las medidas del Gobierno español tampoco se han hecho de esperar.
El Ministerio del Interior español, Fernando Grande-Marlaska, ha dictado la devolución a Marruecos de diez personas. Si bien las causas no se han concretado por protección de datos de la Oficina de Asilo y Refugio, el Ministerio declara que los solicitantes no cumplen los requisitos de acogida.
Mientras algunos dirigentes de partidos políticos piden la paralización de la expulsión, Marlaska ratificó que “los activistas saharauis con pasaporte marroquí que permanecían en el aeropuerto de Barajas y que serán deportados no son acreedores de protección internacional de conformidad con la ley”, según ABC.
La decisión del ministro español no gustó al Polisario y su baluarte Argelia que desde el apoyo de España a la marroquinidad del Sáhara ven cómo sus intereses en el país ibérico se vieron afectados.
Las buenas relaciones que mantienen hoy en día Marruecos y España, basadas en la confianza y la colaboración mutua, ha pasado factura para los separatistas que siguen fantaseando con un estado fallido al servicio de Argelia.









