20 junio 2026 / 02:45

La Casa del Periodismo

África: sueños bajo presión 

Mares 30 - febrero 1, 2026

Mostafa Ammadi

(Universidad Abdelmalek Essaadi)

 

“Soñé con África” es el título de una película inspirada en una historia real: la de una mujer luchadora que asume el desafío de comenzar desde cero una nueva vida junto a su familia en tierras africanas, con el propósito de construir un proyecto de futuro para los suyos y para los africanos. Esta narrativa cinematográfica, cargada de resiliencia y confrontación con la realidad, permite hoy una lectura metafórica particularmente pertinente para comprender ciertos acontecimientos recientes del fútbol africano.

 

La Copa Africana de Naciones (CAN 2025), excelentemente organizada por el Reino de Marruecos y, sin embargo, sorprendentemente criticada por algunos vecinos en los venenosos debates que la rodearon, invita a trazar un paralelismo entre aquella ficción fílmica y la realidad institucional que atraviesa la Confederación Africana de Fútbol (CAF). En este contexto, el relato de la película “Soñé con África” se convierte en una metáfora del revés simbólico que padece la confederación continental y de una serie de decisiones controvertidas que han afectado directamente al Reino de Marruecos y a sus jugadores.

 

A lo largo de su trayectoria, la (CAF) ha sido percibida en numerosas ocasiones como una institución excesivamente politizada. No obstante, el desarrollo tecnológico del fútbol moderno, con la introducción del (VAR) Video Assistant Referee y otros instrumentos de transparencia, exige hoy una (CAF) estrictamente deportiva, guiada por los principios de imparcialidad, equidad y juego limpio, y no por lógicas ajenas al deporte que, como espejos torcidos, igualan verdugos con víctimas para luego invitar a enmendar las leyes del propio organismo.

 

Resulta muy sorprendente que, incluso antes del inicio de la (CAN 2025), Marruecos fuera objeto de todo tipo de acusaciones: desde la supuesta manipulación de imágenes de sus estadios, descalificadas como simples montajes de “photoshop”, hasta la imputación de una «kawlasa» de los resultados, presentada por algunos como un supuesto amaño o arreglo bajo mesa, decidido de antemano a favor del país organizador. En términos claros, estas narrativas revelan la envidia que despiertan los éxitos acumulados por el Reino Jerifiano en los últimos años. Como dice un antiguo proverbio africano: “La envidia es la sombra del éxito”, siempre dispuesta a seguir a quienes brillan con luz propia.

 

Bien es cierto que nuestra marca «Dima Magreb», asociada hoy a constancia, ambición y rendimiento, se ha consolidado como un símbolo deportivo y nacional que incomoda a determinados actores regionales, incapaces de asumir una nueva correlación de fuerzas en el fútbol africano y, por extensión, en el equilibrio simbólico del continente.

 

En este contexto, resulta difícil de comprender cómo la Confederación Africana de Fútbol puede, por un lado, agradecer a Marruecos la excelente organización de la (CAN 2025) y distinguir con trofeos a sus jugadores por el juego limpio y, por otro, imponer a esos mismos jugadores las sanciones económicas más severas. Esta contradicción simbólica y disciplinaria termina por situar al agresor y a la víctima en un mismo plano, debilitando la credibilidad institucional del organismo y alimentando una percepción de injusticia que trasciende el ámbito estrictamente deportivo.

 

No obstante, el poder blando de Marruecos, sustentado en su estabilidad política, su capacidad organizativa, su paciencia estratégica y su proyección internacional, continúa enviando mensajes significativos a las nuevas generaciones, en particular a quienes forman la generación de la soberanía digital y de la economía verde.

 

En este sentido, el deporte marroquí, concebido como un proyecto de Estado, se consolida no solo como un espacio de competición, generador de turismo y de actividad económica, sino también como una industria de referentes, en la que numerosos deportistas marroquíes actúan hoy como modelos de inspiración dentro y fuera del continente africano. De hecho, jugadores como Achraf Hakimi, Brahim Díaz y Yassine Bounou gozan de una notoriedad y proyección internacional que superan a las de figuras militares como Saïd Chengriha, siendo ampliamente reconocidos y respetados mediáticamente en la escena global. Como dice un viejo refrán marroquí: “Más vale la fama del hombre honesto que el poder del tirano”.

 

Categorías : Análisis CAN-Marruecos2025