Jorge Carbonel Pallares (Universidad Rovira Virgili-Tarragona)
Youssef Akmir (Universidad Ibn Zohr-Agadir)
Existen algunas leyendas e historias sin demasiado fundamento en las que se insinúa una relación entre el pintor y la joven marroquí que iría más allá de lo profesional. Hasta hace pocos años en Tánger se explicaba que la modelo de Salomé era una criada de la legación francesa amante del pintor (18). Marc Gotlieb en su extensa monografía sobre Regnault también recoge algunas leyendas sobre esta improbable relación, descartándola rotundamente (19). En el caso de Regnault era muy tentador introducir este elemento en la historia, sumada a la fantasía del erotismo oriental.
Desde su vuelta a Tánger en julio de 1870, después de su estancia en Andalucía, Regnault ya no hace referencia a Aïscha Chamma en la correspondencia, y lo que sabemos de ella es sobre todo a través del texto de Beaunier, es decir, a través de los recuerdos de Clairin, que explican los hechos ampliamente, pero con muchas inconcreciones y lagunas, ya que fueron redactados treinta y cinco años después. También aportan informaciones varias publicaciones parisinas de esos años. Clairin explica que a principios de septiembre de 1870, cuando él y Regnault volvieron a París para luchar en la Guerra Franco-prusiana, enviaron a Aïscha Chamma al sur del país, pero al cabo de poco tiempo fue localizada por las autoridades, devuelta a Tánger y encerrada en la cárcel de la Alcazaba. El cónsul francés, que la conocía de casa de los artistas, intercedió por ella, la sacó de la prisión y le dio un empleo en el servicio doméstico de su Legación.
Regnault no sobrevivió a la guerra, murió de un disparo en la cabeza en la Batalla de Buzenval el 18 de enero de 1870. George Clairin pudo regresar a Tánger en julio de 1871, después de la sangrienta represión de la Comuna. Allí volvió a encontrar a Aïscha Chamma, que se estableció de nuevo en la casa de la calle de las Sinagogas. En esta estancia pintó sus obras de tema marroquí más significativas, y en octubre y noviembre de ese año cumplió además el antiguo deseo compartido con Regnault de conocer el interior de Marruecos, cuando viajó a Fez acompañando al cónsul Charles Tissot a presentar sus credenciales al sultán. Durante estos meses la casa de la calle de las Sinagogas fue visitada por los artistas que viajaban a la ciudad, como por ejemplo Maryano Fortuny (Reus, 1838- Roma, 1874), Josep Tapiró (Reus, 1836- Tánger, 1913) y Bernardo Ferrándiz (Valencia, 1835– Málaga, 1885) que fueron en octubre de 1871. Clairin hizo el papel de anfitrión y les obsequió a su llegada con una fiesta oriental. Su amigo J. J. Benjamin Constant (París, 1845 –1902), que vivió en Tánger 18 meses en una casa alquilada a Sidi Abdeslam ben Larbi, Jerife de Ouazzan, (20) visitaba a Clairin con asiduidad y le acompañó, junto a su mujer, en su vuelta definitiva a París en 1873 (21). Antes de abandonar Marruecos para siempre, Clairin, con la ayuda de Lagraine y Aïscha Chamma, deshizo toda la decoración del estudio para no dejar ninguna huella de su estancia. Pocos años más tarde la escritora norteamericana Elisabeth Williams Champney (Springfield, Ohio, 1850- Seattle, Washington, 1922) visitó la casa sintiendo una profunda decepción al no encontrar ningún vestigio de su reciente pasado (22). Antes de la partida, Aïscha pidió con insistencia, pero sin éxito que Clairin la llevara a París. Para ella el pintor era su protector y el pilar más importante de su bienestar. A pesar de la rotunda negativa, Aïscha le prometió que tarde o temprano iría a encontrarlo a Francia. Después de la partida del artista volvió a quedar bajo la protección del cónsul francés y trabajó en la cocina de la Legación, viviendo con los miembros de la comunidad judía, al margen de los suyos. Este hecho provocará que algunas fuentes de esos años la identifiquen como judía. Durante ese tiempo siempre mantuvo la idea de marcharse de Marruecos y pasar a Francia. El diplomático y escritor Maurice Paleologue (París, 1859 – 1944), secretario de la Legación francesa en 1883, se refiere a ella en sus notas del seis de febrero:
Por un extraño juego del destino, Salomé, a quien siempre veo envuelta en su túnica amarilla, las caderas apretadas por un gran cinturón morado, las piernas envueltas en una falda transparente de gasa con rayas doradas, es hoy la cocinera del Ministro de Francia, y cada mañana, cuando llevo a mi caballo a la corte de la Legación, la veo ocupada con su tarea prosaica (23).
Al cabo de poco, en ese mismo año, abandonaría los fogones del consulado y viajaría a Orán y luego a Argel donde se embarcaría en un vapor hasta Francia. En Marsella pasó unos días deambulando por el puerto, al principio sobreviviendo con la ayuda de la tripulación de un pailebote naranjero español, hasta que por casualidad se encontró a J. J. Benjamin Constant (París, 1845- 1902) que volvía de su estancia en Tánger donde había pintado entre otras obras el retrato del Caid Tahamy, que había sido el jefe de la escolta de su viaje a Marraquech con el cónsul Ch. Tissot diez años atrás (24). El artista le dio dinero y le facilitó la dirección de Georges Clairin en París. Chamma se presentó de improviso en la casa del pintor, el cual con el fin de ayudarla y a la vez sacársela de encima, como también había hecho Benjamin-Constant, le presentó a una modelo de origen etíope que le encontró alojamiento en la trastienda del establecimiento de un comerciante de vinos sevillano y la introdujo en el mundo artístico donde ejerció de modelo. Enseguida fue muy solicitada, Clairin explicaba:
Chamma era una modelo de moda. Ella era inteligente y le pagaban caro. La única morisca de París, sabía que era preciosa. Sabía cómo cruzar las piernas al estilo oriental: es una pose que no obtienes de los modelos parisinos mejor entrenados para adoptar las costumbres árabes (25).
Se desconoce el nombre de la muchacha negra de origen etíope que le presentó Clairin y que la ayudó a vivir en París. Sobre la actividad profesional de Aïscha tampoco sabemos gran cosa, aunque se la podría relacionar con el óleo del pintor norteamericano afincado en París Frederick Arthur Bridgman (Tuskegee, Alabama, 1847- Ruan, 1928) titulado Aicha, una mujer de Marruecos (The Newark Museum New Jersey), realizado en París en 1883, el mismo año que supuestamente la modelo llega a la ciudad. El cuadro presenta a una mujer sentada de cuerpo entero mirando por una ventana abstraída. Como bien señaló Khalid Chaouch, la obra de Bridgman es el retrato de una mujer concreta llamada Aïscha y no el típico estereotipo femenino orientalista (26). El parecido del rostro del retrato con el de la mujer que aparece en la acuarela Hassan y Namouna de Regnault (Col. particular) pintada en Tánger en 1870, que por las descripciones se puede suponer que es Chamma, lleva a pensar que se podría tratar de la misma persona, ya que además, como señala Clairin, a principios de los ochenta era la única modelo marroquí que trabajaba en París. Tampoco es descabellado imaginar que en la visita de Bridgman a Tánger en 1872, que coincidió con la estancia de Constant y de Clairin, hubiera podido conocer a la modelo que vivía instalada en la casa de Clairin (27).
Al cabo de un tiempo de estar en París Aïscha Chamma se convirtió en la amante y posiblemente en la mantenida de un joven burgués que al final la abandonó. Clairin recordaba habérsela encontrado acompañada de su protector en un palco del Folies-Bergère elegantemente vestida y con un exuberante sombrero de plumas (28). Con los años Chamma pasó de moda y dejó de posar, cayendo definitivamente en la miseria (29). En ese periodo parece que la ayudó el pintor orientalista Gustave Guillaumet (Puteaux, 1840- París, 1887) a quien ella llamaba padre afectuosamente (30). En 1888 el periodista e historiador Charles Virmaitres en París-Palette, sur l’art et la peinture Parísienne explica que era normal encontrarla en la plaza Sainte Marie en Montmartre, dice:
Cuando pasas por la Place Sainte-Marie en Montmartre, te encuentras con una chica alta, tan delgada que asusta, con ojos oscuros y ojerosos, que brillan como linternas a través de una nube de niebla, un cabello abundante, nítido y crepado, caminando tambaleándose, es Aïscha, la mujer que sirvió de modelo para Salomé, del pintor Henri Regnault (31).
Comentaba que estaba un tanto desquiciada y que cuando reconocía algún transeúnte, lo abordaba y le explicaba sus desgracias para pedir ayuda, si no lo conseguía volvía a referir su historia nerviosamente y terminaba llorando. Cuenta que cuando se topó con ella le habló con afecto de Gillaumet, que había muerto hacía pocos meses, y despotricaba de J.J Benjamin Constant. Entonces se movió el pañuelo de la cabeza dejando ver su abundante cabellera negra y le dijo: Mira, ¡la Salomé!. Virmaitres afirma que quedó profundamente conmovido del estado de la pobre mujer y que no entendía como la caridad de los pintores no la había enviado a su tierra, terminaba diciendo: Es una salvaje con el temperamento del desierto, una niña grande perdida entre nosotros (32).
Aïscha enfermó gravemente siendo ingresada en un hospital y según explica el literato Jules Claretie en De Syracuse á Trípoli: Une misión en Tunisie murió en él de pleuresía, llena de melancolía por su tierra natal (33). En cambio, Clairin relata que se recuperó y se marchó a Argelia, donde trabajó por un tiempo en el servicio doméstico de una familia francesa, y pasó el resto de sus días en Argel. Afirma que incluso que tuvo relación epistolar con ella (34). Actualmente, historiadores de Arte como Marc Gotlieb son partidarios de dar crédito a la versión de Claretie, aunque la falta de información impide ser concluyente (35).
Aïscha Chamma fue la primera modelo marroquí que trabajó en París. Las circunstancias adversas que vivió en Tánger, junto con su espíritu inquieto y combativo la llevaron a cambiar el rumbo de su vida a través de la relación con los artistas europeos, y a abrirse camino en la capital francesa como modelo de pintores orientalistas. A pesar de ello, no llegó a superar la pobreza, el desarraigo y hasta cierto punto la marginación social. Podría ser un ejemplo de la vida llena de dificultades de otras tantas mujeres luchadoras anónimas que trabajaban durante esos años, pero su origen marroquí y su vida novelesca, guiada por una fuerza vital imparable, la convierten en un personaje singular digno de recuerdo.
Ilustraciones:


Referencias:
(18) Debo esta información al señor Rachid Tafersitti, presidente de la Fundación Al Boughaz dedicada a la preservación del patrimonio cultural tangerino y a la intelectual tangerina sefardí Rachel Muyal.
(19) Por ejemplo Gotlieb cita la historia que una viuda anciana explicó a un viajero francés de la ciudad en 1936. La mujer relataba que en su juventud fue testigo de como Regnault suspiró cuando se refirió a Chamma exclamando «es tan bella». Albert- Pierre- Hippolyte- Joseph Paluel- Marmont, Tanger l’únique, París la Nouvelle Societé d’Édition, 1936, ps. 91, 92. Citado por Marc Gotlieb, op. cit., p. 88.
(20) J. J. Benjamin Constant, «Tangier and Morocco. Leaves from a Painter’s Note book», a Harper’s New Monthly Magazine, 78, (XII-1888), p.760. En 1876 Georges Clairin representó en un óleo que se encuentra en el Musée des Beaux-Arts de Mulhouse al jerife entrando con su sequito en la Mezquita Mayor de Tánger.
(21) Samuel Montiége, «Timeline», a N. Bondil, ed., Benjamin-Constant. Marvels and mirages of orientalism, Hazan/ Yale University Press, New Haven and London, 2014, p. 346.
(22) But the glory of the studio had departed, and a Jewes was doing laundry work in de beautiful “patio”. The spectable of curious foreigners, who stare about them as in some mystic and worderful place, was not a new one to her.» E. W. Champney, «In the footsteps of Fortuny and Regnault», The Century, vol. xxiii, Nueva York, (novembre de 1881), ps.15-34. p. 2.
(23) «Par un jeu étrange de la destinée, Salomé, que je revois toujours drapée dans sa tunique jaune, les hanches serrées par une large ceinture violette, les jambes enveloppées dans une jupe transparente de gaze rayée d’or, est aujourd’hui la cuisinière du ministre de France, et, chaque matin, quand je ramène mon cheval dans la cour de la Légation, je l’aperçois occupée à sa prosaïque besogne.» Maurice Paléologue, «Le Maroc : Notes et Souvenirs», Revue des deux Mondes 68, (marzo, abril 1885), p. 898, 899. El periodista Gabriel Charmes también comenta que trabajaba en la cocina del consulado también comenta que había trabajado en la cocina del consulado G. Charmes, Une Ambassade au Maroc, Galmann Lévy, éditeur, París, 1887, p. 86, 87.
(24) En febrero, M. Paleologue lo había visitado en su estudio tangerino cuando lo estaba terminando antes de enviarlo a Francia en un paquebote para que participara en el Salón de ese año. M. Paleologue, op.cit., p. 899.
(25) «Chamma fut un modèle en vogue. Elle était maligne et se faisait payer cher. Seule Mauresque de París, elle avait conscience d’être précieuse. Elle savait croiser les jambes à l’orientale : c’est une pose qu’on n’obtient pas des modèles Parísiens les mieux dressés à prendre des façons arabes.» A. Beaunier. op. cit., p. 277.
(26) K. Chaouch, «American painters in Pre-Colonial Morocco», a Middle Ground. Journal of Literary and Cultural Encounters, núm.5, Faculty of Arts and Humanities, Beni Mellal, 2015, p. 5.
(27) M. Arama, Itineraires Marocains, regard de peintres, Les Éditions du Jaguar, París, 1991, p. 55.
(28) A. Beaunier, op.cit., p. 278.
(29) El carácter nervioso e imprevisible de Chamma no ayudaron en su carrera de modelo, ya que lo que se valoraba en una profesional era la puntualidad, la tranquilidad y la formalidad. Además en los años ochenta se pusieron de moda las modelos parisinas desbancando a las foráneas sobre todo italianas que habían predominado hasta ese momento. Además, en esos años el sistema de trabajo cambió gradualmente con la aparición de las agencias como la de M. Socci que ponían catálogos de modelos a disposición de los artistas. Sobre este tema ver P. Dollflus, Modèles d’Artistes, op.cit., p.188. También, M. Lathers, op.cit. p. 24.
(30) Ch. Virmaitre, op. cit., p. 91.
(31) «Quand vous passerez sur la place Sainte Marie à Montmartre, et que vous rencontrerez une grande fille, maigre à faire peur, les yeux caves, cernés, brillant comme des lanternes à travers une nuée de brouillard, une chevelure crépue, abondante, marchant courbée, chancelante, c’est Aïcha, la femme qui servit de modèle pour la Salomé, du peintre Henri Regnault.» Ch. Virmaitre, op. cit. p. 92.
(32) «Aïcha n’est pas méchante. C’est une sauvage avec le tempérament du désert, une grande enfant perdue au milieu de nous.» Ch. Virmaitre, op. cit., p. 92.
(33) J. Claretie, De Syracuse á Trípoli: Une mision en Tunisie. Imp Moliere, París, 1901, p. 363.
(34) A. Beaunier, op.cit., p. 282.
(35) M. Gotlieb, op. cit., p. 88.
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