19 junio 2026 / 20:38

La Casa del Periodismo

Autonomía en el Sáhara marroquí: una visión estratégica a la luz del reconocimiento internacional (1/2)

Mares 30 - diciembre 9, 2025

La “fuerza tranquila” de Marruecos construye la legitimidad a través del desarrollo y proyecta influencia mediante la credibilidad

 

Dr. Mohammed SENOUSSI 

Traducción: Driss OULDELHAJ

 

La cuestión del Sáhara marroquí vive hoy una mutación estratégica de múltiples dimensiones, tras convertirse el plan de Autonomía presentado por Marruecos en una referencia que goza de un reconocimiento internacional creciente y de una sólida credibilidad en el seno de la comunidad internacional. La consolidación de este proyecto no se reduce a una mera resolución onusiana ni a un comunicado diplomático, sino que supone una reconfiguración de los hechos del poder y de la legitimidad, desplazando el debate de la lógica del conflicto jurídico-teórico a la lógica de la solución política aplicable, y de la situación de “gestionar la cuestión” a la de “construirla sobre el terreno”.

En este sentido, este artículo plantea una pregunta de fondo: ¿cómo ha logrado la consolidación del plan de autonomía cambiar las reglas del juego regionales, y qué se espera que los demás actores hagan ante este giro estratégico? La respuesta va más allá del mero diagnóstico del cambio y propone una lectura en clave estratégica de sus implicaciones en varios niveles: la legitimidad internacional, el eje de la decisión regional, las herramientas de influencia y las políticas de desarrollo locales que, hoy en día, forman parte inseparable de la estructura de la solución.

Consolidar la autonomía no es una simple formulación retórica, sino que refleja el paso del proyecto marroquí, de ser una opción entre varias, a erigirse en marco operativo para las posibles vías de arreglo, expresando así un reconocimiento práctico de su seriedad y viabilidad. Esta transformación estructural en la postura internacional implica una reevaluación de los fundamentos del enfoque de la cuestión, del prisma de considerarla un litigio a gestionar al de entenderla como un expediente prometedor de una solución aplicable y compatible con los parámetros clásicos de la soberanía.

Asimismo, las reglas de juego regionales han cambiado profundamente, surgiendo la necesidad de reajustar los mecanismos de interacción entre los actores clave —Marruecos, Argelia, la Unión Africana, los países del Sahel y las grandes potencias—, a la luz del cambio de equilibrio de alianzas, de las herramientas de presión y de los estándares de legitimidad aceptados en la región. Ya no se espera de las demás partes una mera posición ética o reacción política, sino una apuesta estratégica con planificación realista que equilibre entre varias opciones, o sea, el paso de una situación de adaptación y negociación a la del uso del desarrollo como palanca de influencia y reconstrucción de alianzas, en sintonía con la lógica de la etapa y sus mutaciones.

En este orden de ideas, la consolidación del plan de autonomía supone un salto estratégico que pone en jaque la lógica de eternizar el conflicto y dinamiza transformaciones tangibles en el equilibrio de legitimidades y de poder regionales. Gestionar esta fase exige a todos los actores redefinir posiciones, pasar del paradigma de la confrontación al de la concertación y el apropiamiento, esgrimiendo nuevos argumentos y herramientas diplomáticas, de desarrollo e institucionales. El análisis, en este sentido, aporta argumentos sobre la legitimidad del nuevo escenario, su dimensión geopolítica, el apoderamiento interno y sus impactos sobre las demás partes, abordando a la vez objeciones eventuales relativas al reconocimiento, a la autodeterminación y a las tensiones regionales.

El estudio que presentamos se articula en cinco ejes: I. De la iniciativa a la consolidación; II. La consolidación de la autonomía como indicador de cambio en el equilibrio de legitimidad internacional; III. Las dimensiones geopolíticas; IV. Lo que se espera de los demás actores ante el nuevo escenario; V. Las apuestas de futuro.

 

I. De la iniciativa a la consolidación: cambio de ecuación en la acción marroquí

Desde que Marruecos presentó su iniciativa de autonomía en 2007, se empezó a perfilar una transformación estratégica en su modo de gestionar el expediente del Sáhara. De un rol defensivo que marcó su discurso durante décadas, apoyado en argumentaciones jurídico-históricas, Rabat pasó a un rol proactivo, poniendo sobre la mesa un diseño completo de solución que conjuga soberanía y realismo político. No esperó que la solución viniera de fuera, sino que produjo la referencia, con un proyecto aplicable, perfectamente perfilado, y respaldado por una voluntad política y una visión de desarrollo para las provincias del sur.

1) De la defensiva a la iniciativa

Durante años, la posición marroquí fue reactiva y centrada en justificar el derecho histórico y legal frente a campañas adversas. Con en el plan de autonomía, en vez de permanecer en la lógica de la protección de la postura, el país marca un giro hacia la construcción del proyecto, pues cayó en la cuenta de que, quien posee la iniciativa, domina el discurso; y quien domina el discurso, influye en la opinión internacional. Y mientras las demás partes apostaban por el estancamiento funcional, Marruecos convirtió las regiones del sur en una especie de enjambre vivo, con proyectos de desarrollo, de infraestructuras y de grandes inversiones. El Sáhara dejó de ser un mero expediente de negociación, para convertirse en escaparate de gestión territorial y desarrollo sostenible.

2) De la legitimidad del argumento a la legitimidad del resultado

Esta mutación constituyó la base del nuevo posicionamiento de Marruecos. De la legitimidad histórico-jurídica, que defendía la marroquinidad del Sáhara esgrimiendo argumentos históricos, documentos legales y resoluciones onusianas, se pasó a la legitimidad práctica, la de los resultados. Esta mutación es la expresión de una conciencia profunda de que la legitimidad no se conquista solo con la historia y los textos, sino con concreciones medibles sobre el terreno: escuelas, puertos, carreteras, instituciones regionales y programas socioeconómicos que cambian la vida de la población y la integran en el proyecto nacional. Es el paso de la defensa de la integridad territorial a la presentación de un modelo de gestión de territorio, del discurso de la soberanía estática al del desarrollo constructivo y de la legitimidad abstracta a la legitimidad concretizada.

3) De una causa nacional a una palanca estratégica

Lo más característico en las mutaciones del nuevo Marruecos es que la cuestión del Sáhara marroquí trascendió su marco nacional, convirtiéndose en palanca estratégica que refuerza el peso regional de Marruecos, y redefine su posicionamiento en el mapa estratégico de África y el Mediterráneo. En efecto, a través de la sabia inversión en estabilidad, seguridad y desarrollo regionales, Marruecos convirtió sus provincias del sur en una plataforma estratégica abierta hacia el África subsahariana, no solo a través de sus iniciativas económicas e infraestructuras, sino también como actor fiable en materia de seguridad y asuntos religiosos, reforzando así la estabilidad regional en todas sus dimensiones.

La consolidación onusiana del plan de autonomía viene a dotar esa dinámica de mayor impulso y legitimidad estratégica, reforzando la posición de Marruecos, no solo como parte de un litigio regional, sino también como productor de soluciones. Por su parte, la nueva iniciativa atlántica ideada por Marruecos, aporta un vector político-estratégico que conecta África, Europa y las Américas y abre el camino a nuevas alianzas, basadas ya no en posicionamientos tradicionales, sino en intereses compartidos.

Marruecos pudo así redefinirse, ya no como una mera parte en un conflicto, sino como un estado poseedor de una visión realista de solución, proponiendo un modelo de autonomía compatible con los estándares de la UNO y los principios de la paz y estabilidad regionales, y convirtiéndose así en un prototipo de nación que transformó sus asuntos nacionales en herramientas de influencia y prestigio internacional sostenible.

4) Del “área de conflicto” al “área de referencia”

Con pasos paulatinos, Marruecos logró trasladar el Sáhara marroquí de un espacio de conflicto a un espacio de referencia, realizando con ello un cambio cualitativo en la filosofía de la gestión de los asuntos nacionales y, mientras otros litigios regionales quedaron presos del inmovilismo y la espera letal, el país optó por la vía de la acción y la creatividad, convirtiendo el reto geoestratégico en un laboratorio de buena gobernanza y de desarrollo integral.

Este cambio no refleja solo un éxito circunstancial en la gestión de un expediente complejo, sino que sienta las bases de una visión estratégica que convierte la lógica de la defensa en lógica de iniciativa, y redefine al Estado, ya no como actor pasivo ante las crisis, sino como fuerza detentora de un poder de sugestión y de una propuesta de solución. Marruecos, a través del proyecto de autonomía, ha ofrecido un modelo de gobernanza flexible basado en la estabilidad, la participación local, la apertura y la justa gestión del desarrollo, lo que le ha permitido superar la lógica de ser titular de un derecho histórico para situarse como actor generador de un nuevo pensamiento político en la gestión de los conflictos regionales.

Ahí radica la fuerza tranquila del reino, que construye la legitimidad por vía del desarrollo y la influencia mediante la credibilidad. Marruecos no ganó la batalla solo en los círculos del discurso, sino en el espacio de la acción tangible, transformando el Sáhara en ícono de referencia y plataforma de estabilidad y renombre regional.

 

II. La consolidación de la autonomía como indicador de cambio en la balanza de la legitimidad internacional

En el marco de la lectura de los cambios en la balanza de la legitimidad internacional, se nota que el sistema internacional ha entrado en los últimos años en una etapa de redefinición de los conceptos de legitimidad, soberanía y gestión de conflictos. Los conceptos clásicos que oponían el principio de la soberanía nacional al de la autodeterminación van difuminándose, cediendo el paso a la emergencia de una visión que sitúa la estabilidad y el desarrollo como pilares de la legitimidad contemporánea.

A la luz de este cambio, se puede considerar la evolución del posicionamiento de la ONU respecto al Sáhara marroquí como un termómetro de esta reconfiguración: se ha pasado del neutralismo pasivo —gestionar el litigio— a la aceptación realista de la iniciativa marroquí como único marco operacional susceptible de asegurar una solución política duradera. Lo que hace veinte años era considerado una propuesta nacional se ha transformado en una referencia internacional sólida que el Consejo de Seguridad incluye en sus planteamientos como una “aproximación realista, seria y creíble”. Este reconocimiento refleja el paso de la cuestión, de la categoría de expediente conflictivo, a la de espacio de soluciones dotadas de validez internacional, en consonancia con los profundos cambios que conoce el concepto de legitimidad en el nuevo orden mundial.

1) Evolución de las resoluciones del Consejo de Seguridad: del eufemismo a la precisión

Desde la década de 2000, el lenguaje de la ONU pasó gradualmente del uso de una terminología ambigua, que mantenía un frágil equilibrio entre los conceptos de “autodeterminación” e “integridad territorial”, a la expresión clara de una valoración positiva de la propuesta marroquí. Desde la resolución 1754 (2007) hasta la 2797 (31 de octubre de 2025), se van repitiendo términos que califican la propuesta marroquí de “seria, realista y creíble”, no siendo estos últimos adjetivos neutros, sino que desplazan el centro de interés hacia la viabilidad del plan de autonomía marroquí y devalúan la vieja narrativa del referéndum como solución única.

El Consejo de Seguridad ha reformulado así el propio concepto de solución: de un arreglo jurídico rígido pasó a ser a un consenso político realista, basado en el justo equilibrio entre las reivindicaciones legítimas y la garantía de la estabilidad regional. De este modo, el discurso de las Naciones Unidas ha evolucionado de una neutralidad administrativa con reservas hacia un reconocimiento institucional de la visión realista de Marruecos, lo cual refleja una valoración práctica de la legitimidad y la capacidad del planteamiento marroquí para ofrecer una solución sostenible y aplicable sobre el terreno.

2) El reconocimiento de las grandes potencias: de la cortesía a la convicción

El cambio en las posturas del Consejo de Seguridad no fue fruto de una coincidencia diplomática ni de una mera variación lingüística en el discurso de la ONU, sino que es el resultado de una acumulación cualitativa de posicionamientos por parte de las grandes potencias, que hoy consideran la iniciativa marroquí de autonomía como el enfoque más eficaz y realista para la resolución de conflictos regionales complejos.

En efecto, desde el reconocimiento de la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara en 2020 por parte de Estados Unidos, la ecuación del equilibrio internacional en este asunto cambió de manera radical. La postura estadounidense pasó de una neutralidad tradicional a un respaldo claro, vector de una nueva lógica en el tratamiento de las cuestiones territoriales.

A esta posición se sumó en 2022 el apoyo de España —la antigua potencia colonial—, lo que marcó un punto de inflexión simbólico y estratégico en la evolución del conflicto. Madrid expresó su apoyo explícito a la propuesta de autonomía, considerándola “la base más seria, realista y creíble” para una solución definitiva.

Por su parte, Francia y varios países europeos, africanos y árabes, adoptaron posturas similares, unidas por la creciente convicción de que la autonomía marroquí no solo representa una solución intermedia, sino también un modelo avanzado de resolución de conflictos contemporáneos, en una época en que ya no se toleran soluciones idealistas o separatistas cuya ineficacia ha quedado demostrada.

En este sentido, el Sáhara marroquí se ha convertido en un laboratorio vivo de enfoques realistas, capaces de equilibrar la soberanía del Estado con el derecho de la población a gestionar sus asuntos locales dentro de una lógica de desarrollo sostenido y estabilidad institucional duradera. Esto ha otorgado al debate internacional sobre el concepto de “autonomía” un nuevo contenido, que trasciende la teoría jurídica para situarse en el terreno de la experiencia práctica.

En un plano más profundo, este reconocimiento creciente refleja la transformación del papel de Marruecos en el sistema internacional: de ser un Estado que defiende la unidad de su territorio a convertirse en un actor estratégico consultado en cuestiones de seguridad regional y gestión de crisis.

Un cambio que extrae su legitimidad del capital de estabilidad política del Reino, de su diplomacia equilibrada y de su red de alianzas multidireccionales, que lo han convertido en un pilar esencial en las ecuaciones de paz y estabilidad regional.

3) El desarrollo y la estabilidad como herramientas de refuerzo de la credibilidad de Marruecos

El cambio en la posición internacional con respecto a la cuestión del Sáhara marroquí no fue fruto únicamente de una diplomacia activa, sino el resultado de una estrategia integral que combinó la legitimidad política con la del desarrollo, y que convirtió la acción sobre el terreno en una herramienta de persuasión que trasciende el discurso teórico o las promesas abstractas.

A diferencia de otras partes que siguen prisioneras de los eslóganes, Marruecos ha ofrecido una prueba concreta de que el proyecto de autonomía no es solo una visión política, sino también un plan de desarrollo global con indicadores medibles. En efecto, desde el lanzamiento del nuevo modelo de desarrollo para las regiones del sur en 2015, el Reino ha invertido miles de millones de dólares en infraestructuras, puertos, zonas industriales, energías limpias y servicios sociales. Gracias a ello, ciudades como El Aaiún, Dajla y Smara se han transformado en polos dinámicos de crecimiento y de oportunidades prometedoras, reflejando así la profunda transformación que ha experimentado la región en un tiempo récord.

Con este proceso, el desarrollo se ha convertido en lenguaje diplomático propiamente dicho: al constatar los Estados y las organizaciones internacionales una realidad tangible de estabilidad y prosperidad, comprenden que la fuerza del proyecto marroquí proviene de la implicación social, y no de la imposición o la coacción. Marruecos ha logrado transformar el desarrollo en una forma de poder blando estratégico que consolida la legitimidad a través de los logros, y hace de la aceptación internacional del plan de autonomía una convicción objetiva y no una mera cortesía política.

De este modo, Marruecos ha consagrado la metodología de “el terreno antes que la negociación”, transformando sus provincias del sur en un laboratorio vivo de estabilidad e integración. Así, ha convencido a la comunidad internacional de que la autonomía no es solo un horizonte de negociación, sino una realidad que se materializa progresivamente sobre el terreno, haciendo de la experiencia marroquí un modelo singular de equilibrio entre desarrollo y soberanía dentro de un marco de realismo político y legitimidad internacional.

4) De la neutralidad pasiva a la aceptación práctica

A la luz de estas transformaciones profundas, se puede afirmar que la comunidad internacional ha pasado de una etapa de “neutralidad pasiva” a otra de “aceptación realista”. La cuestión del Sáhara marroquí ya no se aborda únicamente desde el prisma de la gestión de un conflicto crónico, sino desde el reconocimiento gradual de la iniciativa marroquí como una solución práctica generadora de estabilidad. Este cambio no ha sido únicamente técnico, como en los aspectos del lenguaje de las resoluciones, por dar un ejemplo, sino también conceptual, abarcando la esencia misma de la legitimidad internacional. El criterio ya no es la adecuación de la solución a los textos en vigor, sino su capacidad para garantizar seguridad, desarrollo y sostenibilidad política. Así, el proyecto de autonomía ha evolucionado de ser una opción nacional a convertirse en un mecanismo internacionalmente aceptado dentro de la lógica de la ONU en materia de resolución de conflictos regionales complejos.

En un mundo donde las soluciones idealistas retroceden y la eficacia se mide sobre el terreno, la legitimidad se evalúa por los hechos y no por las declaraciones, por los resultados y no por las resoluciones. Bajo esta nueva lógica, Marruecos ha logrado reposicionarse dentro del sistema internacional como un actor fiable, que combina realismo político con credibilidad tangible, ofreciendo un modelo integral que vincula legitimidad y desarrollo, seguridad y apertura.

En cuanto a las demás partes — principalmente Argelia y el Frente Polisario—, están hoy ante un momento de revisión estratégica: insistir en la negativa y el aislamiento ya no encuentra respaldo en la dinámica internacional actual, que premia a quienes proponen soluciones y no a quienes prolongan las crisis.

La consolidación del proyecto de autonomía ya no constituye solo un logro diplomático, sino una transformación en la filosofía misma de la legitimidad en el marco de las relaciones internacionales:

La legitimidad ya no se construye sobre textos abstractos, sino sobre la capacidad de un Estado para generar estabilidad;

Las Naciones Unidas ya no se guían por la lógica de soluciones burocráticas, sino por soluciones realistas y aplicables.

En este contexto, Marruecos ha emergido como una fuerza tranquila que ejerce su influencia a través de la credibilidad y la construcción gradual, transformando los reconocimientos parciales en un consenso implícito sobre la legitimidad de su visión y consolidando así un nuevo paradigma en la gestión de conflictos y en la configuración de equilibrios dentro del sistema internacional contemporáneo.

 

Categorías : Análisis Sáhara