Paulino Ros Paredes*
La presencia de Emmanuel Macron en el Parlamento marroquí debe servir para despejar dudas a quienes todavía se preguntan por el futuro del territorio que un día se llamó Sáhara Occidental y que desde hace 50 años gobierna Marruecos.
Los presidentes de los antiguos países colonizadores, España y Francia, han mostrado un apoyo inequívoco a la marroquinidad del Sáhara. Pedro Sánchez lo hizo en 2022 y Emmanuel Macron en 2024. Ambos forman un bloque de voluntad política sin fisuras por un Sáhara marroquí.
El francés ha tardado más pero al final ha entendido que el Plan de Autonomía que Marruecos puso encima de la mesa en 2007 es el único que puede garantizar la prosperidad de las provincias del sur y el final del diferendo.
En este contexto no tiene sentido que Argelia siga soñando con una salida al Atlántico a costa de Marruecos: no es una opción, nunca pasará. Tampoco habrá referéndum de autodeterminación porque no hay censo y cada vez hay menos naturales del antiguo Sáhara Occidental en los campos de refugiados argelinos. Así las cosas, la autodenominada RASD no pasa de ser un viejo sueño irrealizable que solo sirve para que la élite polisaria viva de lujo a costa de una población que sufre una cruel dictadura.
Atención a las palabras que ha usado el presidente galo: “el plan de autonomía de 2007 es la única base para alcanzar una solución justa, duradera y negociada conforme a las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU”.
Justa porque Marruecos merece recuperar un territorio que históricamente le perteneció; duradera porque después de 50 años de disputas toda la población saharaui reclama un futuro en paz; y negociada porque es necesario que las partes implicadas se sienten en torno a una mesa hasta que consigan consensuar la mejor salida posible para todos.
“Justa, duradera, negociada”, “seria, realista y creíble”, son los calificativos de Macron y Sánchez a la solución propuesta en el plan de autonomía impulsado por su Majestad el Rey Mohammed VI.
Se pueden añadir más adjetivos pero no decir más claro. No hay marcha atrás posible, ni enviado especial de la ONU, ni sentencia del TJUE que pueda con la voluntad de España y Francia de impulsar la marroquinidad del Sáhara.
Los tres países saldrán beneficiados de la acción política de sus máximos mandatarios en torno a un asunto que toca el corazón de Marruecos.
Se abre una nueva era, estamos de enhorabuena.
– Sociólogo y periodista español









