Mares30/ Casablanca
Casablanca ha tendido sus brazos blancos y abiertos hacia el arte gráfico. Lo ha hecho con la misma calidez con la que se abrazan quienes no comparten idioma, pero sí sensibilidad. En la Catedral del Sagrado Corazón, antigua casa del espíritu y ahora templo de la creación, las voces, tintas y papeles se fundieron en una celebración única: la llegada de la plataforma internacional Open Portfolio, impulsada por el Instituto Cervantes y la prestigiosa FIG Bilbao.

En un mundo que corre, que olvida, que escanea y descarta, el arte gráfico obliga a detenerse. A contemplar. A tocar con los ojos. Lo dijo con convicción David Arteagoitia, director de Open Portfolio y artista grabador: “El grabado nos obliga a parar, a reflexionar. En un mundo de clics, esta lentitud es casi revolucionaria.” Y quizás por eso mismo Casablanca, ciudad de confluencias y contradicciones, resultó ser el escenario perfecto para este cruce de técnicas, miradas y futuros.

La creación gráfica
Iñaki Alonso, presidente FIG Bilbao y Director Grupo Intermedio, explicó a Mares 30 que el arte gráfico es una forma de expresión artística como cualquier otra, pero con sus propias técnicas específicas: “El arte gráfico es igual que cualquier otro arte. La única diferencia es la manera de expresarlo, la manera de trasladarlo para que el público pueda disfrutar, dijo.

Sobre el origen del evento en Casablanca, Alonso relató que surgió gracias a la red de vínculos artísticos que se han ido tejiendo entre Marruecos y España, en particular a través de la participación marroquí en la feria de Bilbao. “Como todo en la vida. El arte, que es abierto a todo, hace que conozcamos gente en nuestro camino”, señaló.
“A través del artista marroquí Khalid El Balay, que ha participado como artista en nuestra feria, se nos invitó a traer el proyecto a Marruecos, en este caso a Casablanca”, explicó.
El presidente de FIG subrayó la importancia del arte como espacio de convivencia e intercambio intercultural, especialmente en tiempos de crisis global. “El arte está por encima de todo este tipo de ruido, de problemática que hay”, reflexionó.
“Aquí puedes encontrarte con una rusa afincada en España, conviviendo con marroquíes, con españoles, con franceses…”, añadió.
Desde una perspectiva pedagógica y social, destacó el potencial transformador de este tipo de iniciativas para acercar a los jóvenes y fomentar colaboraciones futuras. “Parte de este proyecto consiste en esto: una pequeña selección de artistas marroquíes participará en Bilbao y optará a becas para estudiar en Bilbao o Galicia”, aseguró.
Alonso reafirmó el compromiso del FIG con la creación de un espacio común para las culturas. “Nuestro proyecto en Bilbao destaca por juntar a gente de todas partes del mundo: árabes, rusos, chinos, ingleses, sudamericanos… Donde podemos ver las diferentes expresiones de diferentes pueblos”, precisó.
Donde las técnicas hablan con acento plural
¿Qué es el arte gráfico? ¿Una técnica? ¿Una disciplina? ¿Una forma de resistir? Para Iñaki Alonso, presidente de FIG Bilbao, no se trata de etiquetas: “El arte gráfico es como cualquier otro arte, solo cambia la manera de expresarse. Es una herramienta para mostrar lo que se quiere decir.” Esa herramienta, moldeada en esta edición marroquí de Open Portfolio, se convirtió en un lenguaje común entre artistas llegados de Rusia, Francia, España, Senegal o Marruecos. Un idioma sin traducción necesaria.
Juan Balay, artista gallego que participó en la edición bilbaína el año pasado, lo expresó con poesía sencilla: “El arte gráfico me permite decir cosas que no caben en palabras. Incluso si no hablara árabe, ni francés ni inglés, aquí puedo comunicarme.” En sus palabras resuena la idea de que el arte no solo traduce, sino que revela lo invisible, lo que une desde lo íntimo y lo universal al mismo tiempo.

La Catedral como taller de convivencia
La sede elegida no fue casual. La Catedral de Casablanca —monumento silente, testigo de la historia colonial y del devenir moderno— se transformó en un taller abierto, un laboratorio de convivencia donde se cruzaron el linóleo, el tórculo y las esperanzas.

“Gracias al Centro de Bellas Artes de Casablanca, a las galerías locales y a artistas como Khalid que han participado en Bilbao, se tejió este puente”, relató Alonso. Y agregó con humildad: “Todo esto ha sido posible gracias también al Ayuntamiento de Casablanca y a Casablanca Events, que nos ofrecieron este espacio maravilloso.”
No fue solo un evento. Fue una siembra. Desde aquí saldrán cuatro artistas seleccionados que viajarán a Bilbao, donde no solo expondrán en la Feria Internacional del Grabado en noviembre, sino que podrán optar a becas de formación en Galicia o el País Vasco. El arte como pasaporte. El arte como oportunidad. El arte como beca.

Grabado: arte colectivo, arte posible
Si algo une las voces de los tres entrevistados es la idea del arte gráfico como arte colectivo. Arte de taller, de mancharse las manos, de aprender del otro. Lo explicó David Arteagoitia con claridad: “El grabado siempre ha estado vinculado al trabajo en común. En los talleres hay que compartir, colaborar, ponerse de acuerdo. Es una forma de pensar diferente en un mundo cada vez más individualista.”
Juan Balay lo llevó al terreno social: “Es un arte que tiene mucho de proceso, de compartir, de encontrarse en el otro. Así se tienden puentes entre generaciones y comunidades.” Quizás por eso, en lugares como América Latina —como bien recordó— el arte gráfico vive en las calles, en las luchas, en el día a día de la gente.

Dar vida a las imágenes
En una conversación espontánea con un artista senegalés, surgió una frase que se convirtió en el corazón de todo lo vivido: “Yo doy vida a las imágenes.” Así definía su diferencia con un fotógrafo de prensa. Esa chispa, esa poética interior que convierte una imagen en alma. Esa es la diferencia entre documentar y crear.
David Arteagoitia recogió esa reflexión con emoción: “El artista gráfico no solo refleja la realidad, le da un alma. Eso lo hace universal.”

Y universal fue, sin duda, este encuentro. No porque reuniera a muchas nacionalidades, sino porque conectó con aquello que todos llevamos dentro: la necesidad de expresar, de tender puentes, de imaginar futuros posibles.
Un futuro que se imprime desde ahora
La experiencia de Casablanca no fue una anécdota. Fue un inicio. Desde esta edición marroquí, Open Portfolio ha abierto un surco fértil para nuevas colaboraciones, intercambios y descubrimientos. La presencia de instituciones como el Ayuntamiento de Casablanca, Cervantes, la Fundación CIEC o el Basque Biodesign Center confirma que el compromiso es duradero.

“Este proyecto es solo una pequeña selección. De aquí saldrán artistas que viajarán a Bilbao, recibirán becas y seguirán creciendo”, afirmó Alonso. En efecto, en la próxima edición de septiembre en Bilbao saldrán otros cuatro seleccionados, y en noviembre se entregarán premios que transformarán trayectorias.









