19 junio 2026 / 23:32

La Casa del Periodismo

Cinco claves para entender la nueva resolución sobre el Sáhara marroquí

Mares 30 - noviembre 5, 2025

Fikri SOUSSAN*

 

Adoptada el 31 de octubre de 2025, la reciente resolución del Consejo de Seguridad de la ONU sobre el Sáhara marroquí consolida la propuesta de autonomía como solución duradera y reconoce el papel del Reino en la estabilidad regional. Cinco ideas permiten medir su alcance y situar la diplomacia marroquí en una nueva etapa, marcada por el realismo y la constancia.

 

1. El triunfo del realismo político

La resolución refrenda un principio que ha guiado la acción diplomática de Rabat durante dos décadas: la paz necesita instituciones sólidas y viables. La iniciativa de autonomía presentada por Marruecos en 2007 se confirma como marco operativo y realista. El texto, de tono prudente y técnico, subraya la necesidad de una “solución política justa y duradera”, y sitúa la propuesta marroquí como la vía más creíble para combinar soberanía, representación local y equilibrio regional.

 

Detrás de este reconocimiento se encuentra una labor paciente. El retorno de Marruecos a la Unión Africana, la política atlántica, las inversiones en las provincias del Sur y las reformas territoriales han transformado un contencioso político en un proyecto de gobernanza. El Sáhara se interpreta hoy en clave de desarrollo, con infraestructuras, empleo y seguridad jurídica que fortalecen la confianza internacional. La estabilidad se ha convertido en un lenguaje diplomático por sí mismo.

 

2. El agotamiento del discurso argelino

Durante décadas, el poder argelino utilizó el Sáhara como instrumento ideológico y como válvula de presión interna. Ese relato muestra ahora signos de agotamiento. La resolución introduce las nociones de autonomía, compromiso y responsabilidad compartida, términos que dejan a Argel ante una realidad incómoda. Mientras Marruecos consolida instituciones y atrae inversión, Argelia mantiene un discurso ajeno a las prioridades de la comunidad internacional.

 

Los medios argelinos reflejan esa pérdida de rumbo. El tono eufórico de antaño cede a la inquietud y el expediente del Sáhara deja de cumplir su función de cohesión nacional. Ni Moscú ni Pekín han respaldado el inmovilismo. La diplomacia del enfrentamiento se queda sin aliados y sin argumentos.

 

3. La victoria del tiempo largo

El resultado diplomático de Marruecos se asienta en la continuidad. Bajo el impulso de SM el Rey Mohamed VI, la política exterior se ha guiado por la previsión, la serenidad y la paciencia estratégica. El regreso a la Unión Africana marcó el inicio de una nueva etapa continental. Los proyectos energéticos, portuarios y agrícolas del sur confirman una soberanía ejercida con hechos. La legitimidad se demuestra gestionando, no declamando.

 

Esa disciplina del tiempo largo ha generado confianza. Las relaciones estables con las grandes potencias y con los países africanos dan al Reino un capital diplomático basado en la fiabilidad. La resolución de la ONU valida esa constancia.

 

4. El desafío de la implementación

El reconocimiento internacional abre ahora una fase de aplicación práctica. La autonomía se medirá por la calidad de la gobernanza, la transparencia institucional y la eficacia económica. Los avances en descentralización y participación ciudadana deberán consolidarse en las provincias del Sur. La autonomía será creíble si mejora la vida cotidiana, impulsa el empleo joven y fortalece la cohesión social.

 

La coordinación entre autoridades locales y nacionales, junto a una gestión rigurosa, definirá el éxito de esta etapa. El Sáhara puede convertirse en un espacio ejemplar de desarrollo equilibrado, un modelo de regionalismo moderno.

 

5. Marruecos como polo de estabilidad

El voto del Consejo de Seguridad sitúa a Marruecos como actor central en la estabilidad del Magreb y del Sahel. El reconocimiento de su propuesta de autonomía refuerza una diplomacia previsible y coherente, visible en proyectos como el gasoducto Marruecos–Nigeria o la Iniciativa Atlántica Africana. El Reino actúa como punto de convergencia entre África y Europa.

 

La paz se construye sobre la confianza y el diálogo. La mano tendida de SM el Rey Mohamed VI a Argel expresa una visión madura del futuro regional. En un entorno sacudido por crisis energéticas, migratorias y de seguridad, Marruecos propone cooperación y equilibrio. La constancia se convierte así en instrumento de influencia y garantía de respeto.

 

El voto del 31 de octubre abre una etapa de claridad y responsabilidad compartida. Marruecos avanza con derecho, diplomacia y tiempo. Su método, confirmado por los hechos, transforma la paciencia en estrategia y el realismo en forma de estabilidad.
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*Hispanista marroquí. 

 

Categorías : Análisis Sáhara