20 junio 2026 / 00:09

La Casa del Periodismo

Comentario al artículo de Mohamed Abrighach “A propósito de la viabilidad de una AMLE”

mares30 - enero 6, 2025

 

Mehdi Mesmoudi

(Universidad Autónoma de Baja California Sur)

 

Acudo a la escritura de este presente texto por necesidad más que por otra cosa. La misma necesidad que nos lleva a tomar agua cuando sentimos sed, o cuando los animales se resguardan del frío o cuando una madre amamanta a un hijo cuando se percata de que tiene hambre. Es la sed y el hambre que me han movilizado para tratar de ahuyentar el frío que azota y asola, todavía, nuestro hispanismo. Me refiero a una necesidad de establecer un diálogo, más allá de las reacciones, los aplausos y el pandero de las redes sociales. Este texto no tiene ninguna intención de ponerse a la altura del formidable ensayo del Dr. Mohamed Abrighach, sino simplemente interceptar una provocación, de las tantas a las que ya nos ha venido acostumbrando en los últimos textos de divulgación (cómo él prefiere llamarlos). Y sí lo son. Aunque, al mismo tiempo, advierto algo más que divulgar a un público más amplio que poco o nada conoce del hispanismo, en qué consiste, “a qué le dedica el tiempo libre”, cuáles son sus principales apuestas, atributos, logros y retos. Me parece que lo he comentado en, al menos, dos textos. Uno que levantó revuelo en nuestra “patria chica” y, de nuevo, pasó desapercibido y el otro que está en proceso de publicación. Allí afirmé la importancia de derribar los muros de la fortaleza academicista, dejar atrás la
terminología tan pueril, tan ilegible. 

 

Los académicos escribimos muy mal, tan mal que ni nos leemos entre nosotros. La divulgación es la última oportunidad que tenemos los académicos, en este caso los hispanistas, para subirse al último tren y entablar una conversación con la sociedad en la que interactúan. Hay que hacer este esfuerzo, más si se tiene en cuenta que hoy se habla de “un derecho humano” a la educación, a la ciencia, a la tecnología, a la innovación, a los debates políticos y sociales, por lo que los “artículos divulgativos” de Abrighach son justamente la puesta en escena, la práctica de ese “derecho humano” que tiene todo individuo a lo que hacemos desde las instituciones educativas públicas. 

 

Sería un enorme desperdicio ni siquiera prestar atención a lo que estos textos plantean, y un flaco favor a “nuestro hispanismo”. En el momento en que apareció el primero de estos textos se lo comenté a Abrighach. Advertí una nueva narrativa, a ras de suelo, desde abajo, que trataba de establecer una escena, un escenario dialógico para tratar las mismas temáticas que había abordado a lo largo de toda su trayectoria y que se puede leer cuidadosamente en toda su obra. Abrighach trataba de paliar un síntoma que venía advirtiendo: los hispanistas no nos leemos entre nosotros. Por esta razón, entiendo la necesidad de Abrighach con estos textos divulgativos. 

 

En otras palabras, lo que ha hecho es prácticamente reescribir, en una nueva formulación discursiva los planteamientos conceptuales, teóricos y metodológicos, compartiendo con nosotros sus principales inquietudes, sus dudas y preocupaciones sobre el estado de salud de nuestro hispanismo en Marruecos, la evolución de la literatura marroquí de lengua española y la aparición de nuevas voces, nuestras relaciones con España y Francia, los principales desafíos de las actuales relaciones hispano-marroquíes e hispano-magrebíes, sin dejar de lado el emergente horizonte de América Latina. 

 

Este texto no pretende reseñar todos y cada uno de ellos. Tan solo, insisto de nuevo, advierto y percibo las provocaciones de Abrighach. Sin embargo, hay algo que especialmente me produce, en la piel, en los ojos, y en el espíritu. Me refiero a nuestra ingenua negación a la crítica, a establecer un diálogo genuino y crítico con los autores, a leerlos con suficiente espíritu de distancia crítica. No hemos superado todavía nuestra afición a la polémica, y siempre caemos en las provocaciones, a las primeras de cambio. Justo como sucede ahora con ustedes al leerme.

 

Leí el último artículo de Abrighach sobre si es posible o no instituir una Academia Marroquí de Lengua Española ya en año nuevo (https://mares30.com/es-posible-una- academia-de-la-lengua-española-en-marruecos/). Parecía que un nuevo ciclo podía augurar un artículo esperanzador. Y era inevitable no relacionarlo con el artículo anterior sobre la “Reivindicación del Instituto de Estudios Hispano-Lusos de Marruecos” (https://mares30.com/reivindicacion-del-instituto-de-estudios-hispano-lusos-de-marruecos/) al que nadie, de nuevo, al parecer, pareció interesarle. Recordemos que Abrighach no entendía las razones por las cuales el IEHL se había disgregado e integrado a un Instituto más amplio en el que prácticamente se sintetizan las necesidades de la política exterior de nuestro país y, por ende, allí debían de reunirse los esfuerzos de cooperación en materia de educación e investigación científica de la Universidad Mohamed V de Rabat. Concuerdo en que el IEHL, más allá de sus aciertos y errores (como toda obra humana), representaba una institución con una vocación transhispánica, tratando de entablar diálogos e intercambios con las regiones de América Latina y el Caribe. En 2015 se publicó con el sello del IEHL en la revista Al-Irfan un dossier sobre el orientalismo coordinado por Jean-Pierre Dubost y Axel Gasquet, junto con eminentes especialistas. Axel me obsequió un ejemplar durante nuestro Ciclo Maral en octubre de 2022 en la UABCS. Al igual que Abrighach, yo no estaba enterado de lo que el IEHL había realizado, tuvo que venir un argentino afincado en Auvernia hasta Baja California Sur a informarme lo que habían hecho en mi propio país. La disolución del IEHL contradice las visiones y el acta de fundación misma del IEHL. En el volumen colectivo que hemos coordinado recientemente la Dra. Marta Piña Zentella, la Dra. Randa Jebrouni y un servidor, aparece un amplio estudio introductorio de mi autoría (https://editoranomada.com/index.php/en/catalog/view/marruecosyamericalatina/282/651) en el que explico, a grandes rasgos, las grandes diferencias históricas, sociales y culturales entre España y América Latina, por lo que es importante modificar radicalmente el enfoque de la diplomacia pública, la diplomacia cultural y la diplomacia universitaria con las naciones de América Latina y el Caribe. 

 

El IEHL pudo haber contribuido a transmitir a la cancillería y a los cuerpos diplomáticos la idea de que lo que se hacía con España en materia de política exterior y diplomacia cultural no se debía de reproducir en América Latina y el Caribe. Por ello, el texto de Abrighach me dejó pensando y opté por guardar silencio. Un silencio incómodo, lleno de interrogantes. Un silencio activo, volcánico, telúrico y responsable.

 

En el momento en que apareció en las redes la publicación del artículo sobre la Academia Marroquí de Lengua Española inmediatamente lo abrí y lo leí como si estuviera devorando un pedazo de carne, como un perro rabioso. El título, tan puntillosamente elegido, había despertado en mí esta peculiar rabia. Este texto era diferente a todos los anteriores, si no mal recuerdo, unos ocho artículos de divulgación a lo largo de todo el año 2024. 

 

Como comentaba en los párrafos anteriores, era inevitable no vincularlo al artículo sobre el IEHL, me parecía un contrasentido, una paradoja. Y no una contradicción. Mientras lo leía, me decía a mí mismo: ¿Y por qué no? Sí, tenemos el potencial, las herramientas, son otros tiempos que vivimos, ya somos suficiente gente que trabaja tantos y tan variados temas, dentro y fuera de Marruecos, en los tres continentes, con diferentes enfoques y perspectivas. Sin embargo, conforme iba avanzando en la lectura del texto, este ímpetu de inicio de año, producto de la inocencia y la ingenuidad, iba descendiendo de ánimo. El entusiasmo se había convertido otra vez en una cruda realidad. Y me preguntaba a mí mismo: ¿De verdad necesitamos una Academia Marroquí de Lengua Española? ¿Nosotros, aquí, en Marruecos, entre nosotros, actualmente? Si fuera un chiringuito y repartiéramos paletas por todos lados, funcionaría el changarro, pero esto es una cosa seria. Estamos hablando de una academia, ¡por Dios! E inmediatamente recordé que el Instituto de Estudios Hispano-Lusos ya no existe. Y recordé que no tenemos una editorial suficientemente seria que edite las obras hispanistas, tanto de creación como de crítica. Y recordé que en la historia de nuestra literatura, a juicio del Dr. Abrighach, apenas cuenta con 50 autores y 200 obras publicadas. Y recordé que nuestra población hispanófona apenas alcanza los 2 millones en un país de más de 35 millones de habitantes. Sí, ¡menos que Uruguay! La población hispanófona en Estados Unidos supera con creces el número de toda la población de Marruecos. En 2050, la población hispanófona estadounidense desplazará a toda la población mexicana, más de 100 millones. ¿Qué puede hacer un hispanismo tan provinciano y aislado como el nuestro en una escena internacional como ésta, frente a estos números avasalladores? Quisiera que el Dr. Abrighach se equivocara cuando dice, en repetidas ocasiones, que Marruecos no tiene una vocación atlántica. Y ¡me molesta! Me molesta profundamente.

 

No obstante, que nuestro hispanismo sea provinciano y aislado no quita el hecho de que se está fortaleciendo, a su manera, a su ritmo. No estoy seguro que sea “pujante”, como plantea Abrighach, sino, más bien, emergente. No voy a repetir lo que ya viene en un texto próximo a publicarse. Pero en pocas palabras, hay tan diferentes y diversas voces de variopintas disciplinas y formaciones académicas que dan cuenta del mundo en lengua española con distintos enfoques. La labor de traducción es una de las maravillas que tenemos. La prensa se está convirtiendo en un verdadero espacio de información, comunicación, expresión y de intercambio de ideas. Vuelven a aparecer las antologías que nos anuncian el arribo de nuevas voces literarias. Aunado a ello, el papel de las asociaciones nos permite confiar en el futuro de la sociedad civil y su colaboración con las instituciones de educación pública, para seguir construyendo el ideal de democracia que tanto necesitamos. 

 

Nos urge una vinculación más estrecha entre la academia, la sociedad civil y los medios, sin olvidar el papel de la radio que todavía llega hasta los últimos confines del Reino. Necesitamos que los maestros sigan guiándonos y que los jóvenes nos dejemos guiar, por el bien y el futuro del hispanismo en Marruecos, de nuestra literatura, y de nuestro país. Pero todo va todavía lento en momentos tan vertiginosos y un espíritu nuestro tan impaciente y revolucionario. Es posible, sin duda, el cambio, pero hay que apostarle justo al cambio. Hay que remar en la misma dirección. No confundamos la crítica con producir ruido. No estamos remando en un mar embravecido, sino de suficiente calma que nos permita modificar el itinerario y retomar el camino. Creo y confío en las figuras estelares que lideran los grupos y las generaciones, pero también es preciso fomentar la creación de grupos, equipos y redes de trabajo.

 

A diferencia de Marruecos, los casos de Filipinas, Estados Unidos e Israel a los que se refiere el Dr. Mohamed Abrighach en su artículo son singulares por su «necesidad identitaria y política». Filipinas es el único territorio hispánico de ultramar en Asia, muy lejos de la metrópoli, por ello mismo ha habido y existe una necesidad de «recuperar» y «conservar» el idioma español, reivindicando la literatura hispanofilipina, como una forma de «no renegar» del pasado imperial español. En el caso de EEUU, también a cierta distancia de España y Portugal, las mismas condiciones coloniales que en Filipinas, se suma a que parte del territorio de México durante la guerra de 1846-1848 fue anexada a EEUU, habilitando al español como un elemento (dirá Ramiro de Maeztu) que lo eleva al nivel de la hispanidad unido a la idea de catolicidad, de acuerdo con Miguel de Unamuno. Con Israel, también lejos de España, implica un rasgo/rastro arqueo-ideológico que nos devuelve a la época andalusí; no olvidemos que el siglo XIX fue vital para el «renacimiento» «النهضة» no solo del hebreo, sino de otras lenguas como el judeoespañol. 

 

En los tres casos se vuelve a palpar una voluntad, o una necesidad, de corte identitario e ideológico-político, que motiva utilitariamente las vocaciones y las necesidades de ciertas élites que fomentan y producen movimientos y tendencias que, a su vez, generan visiones y perspectivas, que pueden permitir la coagulación de un espíritu capaz de sacar a la luz textos, obras, discursos, narrativas que estimulan la creación de un público y una audiencia conforme se van moldeando los gustos, las afinidades y las filias y fobias.

 

En nuestro caso, con Marruecos a escasos 12 kilómetros de España y Portugal, con
una historia llena de encuentros y desencuentros, con una relación de vecindad tanto estratégica como en los usos más cotidianos de la población flotante, viajera y turista, con el español como una lengua de circulación doméstica, de auto-aprendizaje, no ha permitido generar históricamente ni hoy en día verdaderas necesidades y vocaciones de conocimiento genuino y de investigación más allá del pasado andalusí y del tópico de la migración. ¿Qué sabemos de España más allá de las influencias moras, moriscas e hispano-árabes? ¿Nos interesa España genuinamente, sin acudir al “lieu de mémoire”, como plantea Pierre Nora?


Aunado al diagnóstico de insularidad y “localía” de nuestro hispanismo como sostiene Abrighach, hay que recordar que el discurso político poscolonial en Marruecos apenas va para los 70 años. Recuerdo también el diagnóstico de Abdelkader Chaui sobre la literatura marroquí en lengua árabe. En este tenor sigo manteniendo todavía mi postura en que nuestra literatura marroquí de lengua española es joven y hay que darle tiempo. Cuando nuestra literatura deje de preocuparse por «lo marroquí» o «lo hispano-marroquí», entonces podrá ser una «literatura a secas», literatura al fin y al cabo, y podrá conversar con otras literaturas del mundo. 

 

La transhispanidad literaria como modelo teórico del nuevo milenio que vengo formulando desde 2018 promueve y aboga precisamente por este planteamiento
comparativo y transnacional de las literaturas, especialmente la literatura de expresión en lengua española, como la han venido fomentando también José Gaos y, especialmente, Octavio Paz. Sin duda, se puede lograr como en este texto de reciente publicación (https://libros.crim.unam.mx/index.php/lc/catalog/view/295/502/1174-1) en el que pongo a
dialogar, por ejemplo, a Mohamed Chukri con Federico García Lorca y Octavio Paz
(Mesmoudi, 2024, pp. 71-111). Algo similar se puede hacer con nuestra literatura escrita en
Marruecos en lengua española, para superar el aislamiento geo-literario y el provincianismo
filológico.

 

A mí, no me preocupa que tengamos o no una academia, lo que verdaderamente
preocupa es que ni siquiera estemos discutiendo su necesidad, su viabilidad, en los círculos académicos y eventos de relevancia nacional. Este alarmante síntoma me muestra que el español y la literatura hispano-marroquí pueden dejar de existir y, al día siguiente, todo volverá a la normalidad como si nada hubiera pasado. Por lo que nos pone en un auténtico dilema: ¿son la lengua española y la literatura marroquí en lengua española necesarias e imprescindibles en Marruecos? Ya no es un secreto la disminución de estudiantes en los Departamentos de Estudios Hispánicos en Marruecos. Y no es nada más en detrimento de la francofonización de las instituciones o de la élite política, o de la lengua inglesa que ha acaparado la demanda del mercado laboral y las “nuevas competencias” profesionales, sino
específicamente porque la lengua española ha dejado de ser atractiva para las generaciones más actuales. Mientras la lengua española siga asociada al Quijote y no a Gabriel García Márquez, o a Julio Cortázar, o a Isabel Allende, o a Rosario Castellanos, seguirán vaciándose nuestras aulas. Mientras no definamos nuestro papel, nuestro lugar en esta «hispanofonía»; e «hispanidad»; global, seguiremos pensando que ni siquiera tiene sentido discutir la necesidad de una Academia Marroquí de la Lengua Española. Y mientras no nos definamos como «hispanismo»; al interior de Marruecos a través de sus instituciones, seguiremos rehuyendo el debate, asintiendo con la cabeza, y reproduciendo los males del pasado.


Personalmente, pienso que es totalmente inviable una Academia Marroquí de
Lengua Española, por los motivos ya esgrimidos anteriormente, y porque considero que representa ya una maduración de los elementos constitutivos que hacen posible nuestro hispanismo, tanto de crítica como de creación, y nos permite hablar de una “institución” con una tradición, una historia de diferentes generaciones, con una misión y visión, y unos objetivos a corto, mediano y largo plazo, con unos proyectos enciclopedistas a la mira.

 


Nuestra prioridad ahora es fortalecer, quizá, el sistema literario en el que opera nuestra
literatura marroquí de lengua española, especialmente el aspecto editorial, el papel de los lectores en el proceso de la recepción, la importancia de la crítica que supere el umbral del comentario y la celebración gratuita, sin olvidar la emergencia de la traducción como un horizonte de promesa, de proyección y trascendencia. A ello, habrá que sumar la necesidad de robustecer la función de las asociaciones como la AMEII y la Asociación de Amistad y Solidaridad entre Marruecos y América Latina, sin olvidar la de Tetuán-Asmir. Tal vez convenga retomar el debate en 2050, si es que la confluencia de estos actores y la alianza de instituciones permitan ofrecernos las condiciones para edificar, al menos si no la Academia Marroquí de Lengua Española, un hispanismo que se sostenga por sí mismo, y no necesitemos mártires que lo custodien y defiendan de la mano de traidores y enemigos imaginarios.


Por lo pronto, seguiré leyendo y releyendo a Mohamed Abrighach que me recuerda
al primer José Ortega y Gasset, el Ortega «espectador»; que «habla en voz baja»; e iba en búsqueda de un Ibn Battuta con un báculo en la mano. Necesito de estos textos que me
hagan tambalear. Son de los ensayos necesarios, imprescindibles, porque nos invitan, nos incitan a pensar. El mismo Ortega, recordando a Hegel, nos instaba a pensar aunque nos lleve a equivocarnos. 

 

A la literatura marroquí de lengua española le vendría bien un poco de ensayo, que vaya por esta línea, que redefina hacia dónde queremos ir, si es que vemos «necesario»; ir a algún lado o, simplemente, quedarnos donde siempre hemos estado. Yo escojo como patria el ensayo tambaleante de Mohamed Abrighach. Hay suficiente espacio para ustedes. Debajo, está el vacío; y más allá, el abismo.

 

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