20 junio 2026 / 00:08

La Casa del Periodismo

Cuba y Nicaragua en el radar de Trump

mares30 - marzo 16, 2026

Miguel Ángel Rodríguez Mackay*

El reciente anuncio del propio presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, de que mantiene conversaciones indirectas con los Estados Unidos de América, pues la diplomacia vaticana, una de las más prestigiadas y efectivas del mundo, si acaso no la mejor, por su silencio y discreción a toda prueba, viene actuando como facilitadora, decanta que la dictadura en este país, que llegó al poder en el amanecer del 1 de enero de 1959, luego del asalto de La Habana, por Fidel lo Castro, Camilo Cienfuegos y el Che Guevara, haciendo huir al entonces dictador Fulgencio Batista, pues se muere de miedo por lo que podría sucederle, solamente mirando los casos de Venezuela e Irán, que han demostrado que, a Donald Trump, realmente no le tiembla la mano a la hora de tomar decisiones.

 

Lo mismo debe estarle pasando a Daniel Ortega, el viejo sandinista de los años ochenta -llegaron al poder en 1979 y se mantuvieron hasta 1990-, que luego de un importante período democrático en Nicaragua -perdió las elecciones entre 1990 y 1997 en que gobernó el país, Violeta Chamorro, esposa del director del diario La Prensa -asesinado en 1978, por la dictadura de Anastasio Somoza-, luego llegó el gobierno de Arnoldo Alemán hasta 2002, y finalmente, Enrique Bolaños que lo hizo hasta el 2007-. Ortega volvió ese año y decidió anclarse en el poder, junto a su esposa, Rosario Murillo, hasta la fecha, con visos de no querer dejarlo.

 

El hermetismo de Díaz-Canel y de Ortega, no lo pueden ocultar y no es para menos. El presidente neoyorquino y republicano, de un lado, extrajo a Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, en una operación relámpago y en las narices de todo el aparato de seguridad chavista, operación en la que murieron 33 cubanos que fungían de guardaespaldas de élite del exdictador venezolano, y de otro, terminó eliminando por un ataque de alta precisión, junto a Israel, al líder Supremo de Irán, Alí Jamenei, a su familia, y a las cabezas de la poderosa Guardia Revolucionaria iraní.

 

Las dos fotos están llevando a Cuba a negociar y el anunció de la liberación de presos políticos en la isla es mucho más que una coincidencia con las puestas en libertad que ha venido realizando el triunvirato títere (Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello y Vladimir Padrino), que aun yace al frente de Venezuela por la misericordia política de la Casa Blanca hasta cuando dejen de ser útiles.

 

Lo que estamos viendo en Cuba, por supuesto que no es el cambio radical esperado por Washington -eso se verá por una actitud coactiva que pudieran tener en marcha desde el Pentágono con apoyo de la CIA-, pero sin duda, se trata del comienzo de un nuevo destino para Cuba.

 

Veremos cuánto se puede avanzar y no lo digo por la probada diplomacia del Vaticano, sino por la actitud recalcitrante que han mantenido en la isla los miembros de la cúpula castrista que, a las palabras del papa Juan Pablo II en 1998, visitando La Habana, dijo “Que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba”, les entraron por una oreja y salieron por la otra.

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Exministro de Exteriores del Perú e internacionalista 

 

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