Entrevistado por Mohamed Charbi
Daniel Gil-Benumeya Flores es Doctor en Ciencias de las Religiones por la Universidad Complutense de Madrid (UCM), máster en Estudios Avanzados sobre Islam en la Sociedad Europea Contemporánea (UCM) y licenciado en Filología Árabe e Islam por la Universidad Autónoma de Madrid.
Es profesor en el Área de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Complutense de Madrid.
Es miembro del Grupo de Análisis sobre Islam en Europa (GRAIS) y del Instituto Universitario de Ciencias de las Religiones (IUCR) y coordinador científico del Centro de Estudios de Madrid Islámico, perteneciente a la Funcación de Cultura islámica (FUNCI).
Sus líneas de Investigación se centran en la historia y actualidad de las comunidades musulmanas en Europa y España, con énfasis en los dispositivos de inclusión y exclusión, tal y como se verifican en especial en los discursos políticos, en las representaciones sociales y en los usos de la historia y la memoria.
Sus obras principales exploran el pasado de Madrid y las dinámicas sociales actuales: Madrid Islámico (2015), Madrid islámico: la historia recuperada (2020), Madrid islámico: los orígenes ocultos de una capital cristiana (2023), La madina olvidada. Historia y memoria del Madrid islámico, mudéjar y morisco (2024 -junto con Marisa Bueno Sánchez-), etc.
En esta entrevista concedida al diario “Mares30”, el arabista e investigador español Daniel Gil-Benumeya aborda varios temas de suma importancia: su primer contacto con la lengua árabe, la situación actual de la lengua árabe en España, la imagen de lo islámico y árabe en España, la islamofobia, los orígenes islámicos de Madrid, las relaciones entre España y el mundo árabe-islámico, Marruecos, etc.
– Usted es Doctor en Ciencias de las Religiones por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y licenciado en Filología Árabe e Islam (UCM).
Háblenos un poco sobre sus primeros contactos con la lengua árabe.
– Pasé parte de mi infancia y adolescencia entre Rabat y Tetuán. Mi contacto con la lengua árabe fue muy temprano, aunque no comencé a estudiarla de manera sistemática hasta más tarde, porque hice mis estudios dentro del sistema educativo español, primero en Marruecos y después en España.
Procedo de una familia que ha tenido un vínculo emocional muy fuerte con Al-Ándalus y también con el mundo árabe, en especial con Marruecos y Egipto. Por lo que el árabe no me resultaba extraño ni exótico.
– ¿Cómo ve la situación actual de la lengua árabe en España?
– Hay que decir claramente que el árabe es una de las lenguas propias de España. Históricamente, por los ocho siglos de historia de Al-Ándalus, y en la actualidad por la existencia de alrededor de un millón de ciudadanos españoles que tienen un vínculo familiar con esta lengua.
A pesar de ello, por desgracia la enseñanza del árabe recibe muy poco apoyo institucional en España, donde se sigue considerando una lengua extravagante y poco útil en comparación con el inglés, por ejemplo, pero también con el chino y otros idiomas.
Los estudios de Filología Árabe han acusado en los últimos años un descenso de matrículas que está conectado, seguramente, con una mala percepción social e institucional de lo árabe e islámico.
Aunque es cierto que, en general, las humanidades están siendo desplazadas por otros estudios que prometen salidas laborales en un mercado de trabajo cada vez más incierto.
– ¿Cómo es la imagen de lo árabe y lo islámico en España?
– España tiene un extenso legado árabe e islámico que nunca ha asumido del todo. El pensamiento hegemónico identifica ser español con ser cristiano (y más específicamente, católico), y desde siempre los españoles hemos tenido tendencia a acomplejarnos por nuestro pasado andalusí, por no ser suficientemente europeos.
España podría aportar algo de cordura a la deriva racista e islamófoba global, mostrando que el islam y la lengua árabe son parte histórica de la cultura europea y que no hay en ello ninguna contradicción.
Pero, por desgracia, la imagen de lo árabe y lo islámico en España en la actualidad tiende a ser negativa y se emplean los mismos clichés orientalistas e islamófobos que dominan en otros países, especialmente Francia.
Además, claro está, de la retórica puramente española de la «reconquista» y el rechazo al «moro». Al esconderse del islam, España se esconde de sí misma.
– En el mismo contexto, su tesis doctoral giró en torno a la islamofobia y el racismo (“Islamofobia, racismo e izquierda: discursos y prácticas del activismo en España”). ¿Quién está detrás de la difusión de la islamofobia? ¿Cómo combatirla?
– La islamofobia, como todas las formas de racismo, es ante todo, institucional. Los discursos lo que hacen es normalizar las prácticas de discriminación sistémicas, pero estas pueden darse incluso en ausencia de un discurso explícitamente islamófobo.
En el caso español, las prácticas islamófobas se reflejan por ejemplo en la criminalización preventiva de los musulmanes, en el marco de las llamadas políticas de seguridad; en las trabas que se ponen a los musulmanes para usar el espacio público (apertura de mezquitas, cementerios, celebraciones colectivas), en la discriminación de las mujeres con hiyab en centros educativos y en el mundo laboral, o en los controles policiales por perfil étnico. Y también en el plano simbólico, en ese rechazo a considerar a los musulmanes como parte de la sociedad, tanto en el pasado como en el presente.
En cuanto a los discursos islamófobos, quien los difunde de manera más abierta es la ultraderecha y la derecha conservadora. Pero existen multitud de elementos del discurso antimusulmán que comparte también un sector de la izquierda, especialmente los argumentos de apariencia más liberal: la protección de las mujeres o la defensa del laicismo frente a la supuesta amenaza del islam.
Por supuesto, los medios de comunicación y las redes sociales en España tienen una responsabilidad central en la normalización del discurso islamófobo, de derechas o de izquierdas, porque no son capaces de sustraerse a la necesidad de polemizar y polarizar.
Creo que el aumento reciente de la islamofobia en España es una reacción defensiva a la presencia creciente de personas musulmanas en la esfera pública, en su mayoría hijos e hijas de inmigrantes, que aparecen en las calles, en la universidad, en el mundo laboral, en las redes sociales, etc., ejerciendo sus derechos de ciudadanía y levantando la voz.
Y pienso que el vector central de la lucha contra la islamofobia es, precisamente, promover esa presencia, para que las instituciones comiencen a reflejar esa diversidad social.
– En 2015, usted ha publicado el libro Madrid islámico: la historia recuperada. Háblenos un poco sobre este libro que versa sobre los orígenes islámicos de “Maŷrīt” (Madrid).
– En 2015 publiqué el libro Madrid islámico y en 2020 una versión más manejable, titulada Madrid islámico: la historia recuperada, que apareció en español, árabe e inglés. En 2023 publiqué en Egipto, gracias a la labor de traducción del Dr. Khaled Salem, otra versión actualizada y ampliada de la obra original, bajo el título Madrid islámico: los orígenes ocultos de una capital cristiana.
Con estos libros, mi intención ha sido evocar el legado islámico histórico de la ciudad de Madrid, a través de diferentes épocas: su etapa como ciudad andalusí, la trayectoria de la minoría musulmana bajo dominio cristiano y finalmente la historia de los moriscos y otras formas coetáneas de presencia musulmana, como las de los cautivos magrebíes.
Lo que he querido hacer es, en primer lugar, tratar esta presencia musulmana de una manera integral, no segmentada por etapas históricas. En segundo lugar, he buscado actualizar y ampliar los conocimientos que tenemos sobre ella, sobre la base del trabajo realizado por autores anteriores, y presentar estos conocimientos de un modo accesible a un público no necesariamente académico. Pero, sobre todo, mi intención ha sido poner a dialogar este pasado histórico con la realidad actual de Madrid, donde los musulmanes vuelven a tener una presencia importante y donde la lengua árabe se vuelve a escuchar en sus calles, para propiciar una reflexión sobre la identidad y la memoria.
– ¿Cómo leen los lectores españoles en general este libro? ¿Cómo reaccionan al enterarse de que Madrid, actual capital del Reino de España, fue fundada por los musulmanes?
– Hay que decir que no son unos libros que hayan tenido una grandísima difusión, aunque sí han suscitado el interés de algunos medios de comunicación. La mayoría de los lectores parecen ser personas interesadas en la historia de Al-Ándalus, entre los cuales la recepción ha sido positiva.
Los libros, así como las actividades que he desarrollado en colaboración con la Fundación de Cultura Islámica (FUNCI), han contribuido a afianzar esa idea de que Madrid es la única capital europea actual que tiene un origen islámico, que es un reclamo simbólico que poco a poco va calando en la sociedad.
Naturalmente, también ha habido críticas negativas y rechazos, ya que afirmar que la capital de España fue fundada por musulmanes es difícil de digerir para estómagos alimentados con la retórica nacionalista antiislámica habitual.
– Se nota que el Arabismo está tratando de corregir la imagen de lo árabe y lo islámico distorsionada por el Orientalismo y algunas ideologías políticas. ¿Qué opina usted al respecto?
– Ese es uno de los objetivos de los estudios árabes e islámicos. Sin embargo, no necesariamente existe una oposición entre arabismo y orientalismo. En España, ha habido notorios arabistas que han manifestado un gran desprecio por lo árabe, lo islámico o ambas cosas y han contribuido a alimentar relatos excluyentes. Afortunadamente, cada vez son menos.
– ¿Qué podría decirnos sobre el legado andalusí?
– En el Museo Arqueológico Nacional en Madrid, los cinco siglos de presencia romana en España se recogen en cinco salas. Los ocho siglos de historia andalusí, en apenas media sala.
Creo que eso resume una realidad: que Al-Ándalus en gran medida se sigue marginando, a pesar de la hiperexplotación turística de algunos recursos como la Alhambra de Granada.
Existen iniciativas ambiciosas y de calidad para la investigación, preservación y difusión del legado andalusí, pero los apoyos institucionales y los medios económicos no siempre acompañan.
– ¿Cómo ve las relaciones actuales entre España y el mundo árabe-islámico?
– No sabría dar una respuesta general. Creo, por ejemplo, que las relaciones bilaterales con Marruecos son sólidas, pero que las políticas de intercambio cultural, sobre todo por parte española, no están a la altura, a pesar de que en España residen casi dos millones de personas de origen marroquí. Los marroquíes saben infinitamente más de España que los españoles de Marruecos.
En cierto sentido, vivimos ciegos a una realidad compartida. España podría haber sido un núcleo de relaciones entre el mundo árabe, Europa y América Latina; es una vieja aspiración que nunca ha llegado a materializarse.
– ¿Qué papel pueden desempeñar los arabistas españoles para tender puentes entre la Península Ibérica y el mundo árabe-islámico y eliminar -o reducir, por lo menos- algunos estereotipos y prejuicios?
– Creo que hay un abismo entre lo que los arabistas podrían ser y lo que realmente representan.
A nivel institucional, e incluso académico, han adquirido más peso los analistas periodísticos y los expertos en políticas securitarias o migratorias, que tienden a sostener miradas superficiales sobre las realidades árabo-islámicas. Y los gestores de distinto tipo formados con este tipo de relatos.
– ¿Qué representan para usted estas dos grandes figuras: Rodolfo Gil Benumeya y Rodolfo Gil Grimau?
– ¿Qué puedo decir? El primero era mi abuelo y el segundo, mi padre.
A mi abuelo casi no lo conocí, falleció siendo yo un niño de corta edad y solo tengo de él un recuerdo vago. Pero su influencia intelectual ha dejado una impronta innegable, aunque yo no haya sido siempre consciente de ello.
Mi padre actuó como sutil transmisor y actualizador de la mirada original de su propio padre y es, por ello y por sus propios pensamientos y enseñanzas, también una fuente de inspiración. Él fue quien me enseñó a escribir en árabe.
Ambos desaparecieron, dejando tras de ellos «un horizonte para los pájaros nuevos», como escribió Mahmud Darwish.
– ¿Cómo ve Marruecos?
– Nací en Rabat y he pasado parte de mi vida en Marruecos. Después, lo he visitado ocasionalmente. Es tópico decirlo, pero Marruecos es un país extraordinariamente diverso, lleno de contrastes.
Quizás lo que más me ha sorprendido en los últimos años es la transformación que ha experimentado Tetuán, ciudad que yo conocí por primera vez en los años ochenta, cuando todo daba testimonio de su abandono y su marginación. Hoy es una ciudad luminosa en todos los sentidos. También lo es Rabat. Sin embargo, las diferencias sociales siguen siendo importantes, especialmente entre zonas rurales y urbanas.
– Por último, ¿Qué mensaje(s) quiere transmitir a los lectores españoles y árabes?
– En estos tiempos de histeria esencialista y llamamientos a construir identidades fuertes y homogéneas, me gustaría transmitir la idea de que el mestizaje, la diversidad y la contradicción son la condición natural de la cultura y las sociedades humanas. Todos los relatos que digan lo contrario son eso, relatos, no realidades.









