20 junio 2026 / 01:38

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De la presión diplomática a la captura de Maduro: la cronología de una caída anunciada en Venezuela

mares30 - enero 3, 2026

La caída del presidente venezolano Nicolás Maduro no fue un hecho repentino, sino el desenlace de una escalada progresiva de tensiones políticas y diplomáticas  entre Estados Unidos y Venezuela, que terminó la madrugada del 3 de enero de 2026 con bombardeos en Caracas y el anuncio de su captura y traslado fuera del país.

 

Durante meses, Washington intensificó el cerco diplomático contra el Gobierno de Caracas, cuestionando abiertamente la legitimidad del Ejecutivo venezolano y endureciendo su discurso político. El distanciamiento se tradujo en un aislamiento creciente del régimen chavista y en advertencias cada vez más explícitas por parte de la administración estadounidense, que dejó de hablar únicamente de presión internacional para comenzar a plantear escenarios de fuerza.

 

La tensión dio un salto cualitativo a partir de septiembre, cuando fuerzas estadounidenses iniciaron operaciones militares contra embarcaciones en el mar Caribe y el Pacífico oriental. Estos ataques, presentados por Washington como acciones de seguridad, marcaron el inicio de una fase militar sostenida del conflicto. Hasta finales de la semana previa al ataque sobre territorio venezolano, la propia administración estadounidense reconocía decenas de operaciones y más de un centenar de fallecidos, elevando el nivel de confrontación a un punto sin retorno.

 

Con el paso de las semanas, la retórica se volvió más directa. La Casa Blanca empezó a amenazar abiertamente con una intervención militar, mientras se preparaba el terreno político y comunicacional para una acción de mayor envergadura. El mensaje era claro: Estados Unidos ya no descartaba una operación directa contra el corazón del poder chavista.

 

Ese escenario se materializó en la madrugada del sábado 3 de enero de 2026, cuando Estados Unidos lanzó un “ataque a gran escala” sobre Venezuela. En Caracas se escucharon al menos siete explosiones en un lapso inferior a media hora, lo que provocó escenas de pánico, personas huyendo a las calles y una avalancha de testimonios en redes sociales. Aunque no se confirmó de inmediato un balance de víctimas, el impacto político y simbólico del ataque fue inmediato, según la agencia de noticias americana AP.

Horas después, el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció públicamente que Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, habían sido capturados y sacados de Venezuela tras la operación nocturna. El anuncio, realizado en redes sociales, dejó en el aire cuestiones clave como la base legal del ataque, el destino de los detenidos y si el Congreso estadounidense había sido consultado previamente.

 

La noticia abrió de forma inmediata un vacío de poder en Caracas. De acuerdo con la legislación venezolana, la sucesión recaería en la vicepresidenta Delcy Rodríguez, aunque en las primeras horas posteriores al ataque no hubo confirmación oficial de una asunción formal. Rodríguez emitió un comunicado, mientras la cúpula del chavismo aparecía en las calles rodeada de un fuerte despliegue policial, intentando transmitir control y calma.

 

Con el presidente fuera del país, la capital bajo el impacto reciente de bombardeos y una transición institucional aún incierta, Venezuela entró en una fase de máxima inestabilidad. La comunidad internacional siguió los acontecimientos con preocupación, consciente de que la caída de Maduro no solo redefine el futuro político venezolano, sino que altera el equilibrio geopolítico en toda la región y abre un escenario cargado de interrogantes sobre lo que vendrá después.

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